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ECONOMIA Y VARIOS-RECOPILACIÓN

LUIS PORTILLO PONE MAS LADRILLOS EN LA BANCA

LUIS PORTILLO PONE MAS LADRILLOS EN LA BANCA
Este empresario sevillano ha saltado al estrellato tras hacerse con Inmocaral y desvelarse sus participaciones en los dos primeros bancos españoles. No obstante, Portillo sigue siendo un gran desconocido dueño de una auténtica maraña empresarial. ¿Dónde y cómo ha surgido? ¿Qué pretende al invertir en BBVA y Santander?
Por Javier Rubio y Mª Luisa Atarés (Sevilla/ Madrid)

Ultimamente, empresarios inmobiliarios y de la construcción han dado que hablar por sus intereses en el sector financiero. Hace ahora un año, el murciano Luis del Rivero, presidente de la constructora Sacyr Vallehermoso, estaba en boca de muchos por su intento (frustrado) de convertirse en el primer accionista del BBVA. Hoy es el empresario sevillano Luis Manuel Portillo, impulsor y dueño de una auténtica maraña de sociedades inmobiliarias y de inversión -además de accionista cualificado de BBVA y Santander- el que ha saltado a la palestra.

Su nombre empezó a sonar ligado a su entrada en Metrovacesa -Portillo controla un 5,6% de esa compañía y ocupa un puesto en su consejo-, pero su salto a la fama llegó a finales de este verano con su OPA sobre el 100% de la cotizada Inmocaral. El éxito de la operación, que lo hace socio de Koplowitz y Del Pino, ha dinamitado su confirmada discreción y su gusto por mantenerse en la sombra. El anonimato de Luis Manuel Portillo corre peligro.

Se siguen sus movimientos y, más aún, sus inversiones. «Ahora está vendiendo parte de sus acciones del Santander y aumentando su paquete del BBVA», comentan en el sector. Porque este empresario sevillano no acaba de aterrizar en el capital de los dos grandes bancos. De hecho, lleva años con esas inversiones, comprando un poco del uno o del otro, según vayan los mercados.

No es fácil conocer los objetivos empresariales y financieros de Luis Portillo. Así, se sabe, porque lo ha dicho, que lo que pretende en Inmocaral es «mejorar su posición en el sector y su estructura corporativa» para convertirla en uno de los primeros grupos inmobiliarios cotizados. Lo que haya detrás de sus movimientos en BBVA y Santander es un misterio quizá tan sencillo de resolver como lo es buscar la mayor rentabilidad de una cartera de inversiones.En cuanto a su posición en Metrovacesa, parece que Portillo podría desvincularse en breve de la mayor inmobiliaria española una vez investido vicepresidente y consejero delegado de Inmocaral.«Nosotros no vemos incompatibilidad», ha dicho el presidente de Metrovacesa, Joaquín Rivero. Pero Portillo debe ver alguna ya que abordará este tema en el Consejo de Administración de Metrovacesa del 13 de diciembre próximo.

Lo único que ha arruinado en su fulgurante trayectoria este empresario sevillano, el nuevo rey Midas de la construcción en España, es la imagen del señorito andaluz hasta hacerla trizas. De hecho, el dueño de Inmocaral tras llegar a buen puerto la OPA lanzada desde Expo-An, huye del foco mediático hasta el punto de que ni su propia empresa dispone de una biografía oficial de su presidente.

Luis Manuel Portillo Muñoz cultiva afanosamente el misterio en torno a su persona acabando así con la proyección pública y el relumbrón social que ha acompañado a toda una generación de empresarios andaluces, gustosos de fotografiarse en El Rocío, enganchando en la Feria de Sevilla o al frente de las más variadas iniciativas sociales.

Quienes lo conocen de cerca no dudan en afirmar que su salto al estrellato tras la toma de control de Inmocaral y la revelación de sus cuantiosas participaciones accionariales en los dos primeros bancos del país no le debe de agradar lo más mínimo. Tal es su obsesión por preservar su figura y sus empresas de las miradas indiscretas hasta el punto de que hubiera pasado por un perfecto desconocido hasta hace menos de 15 días. Ni siquiera las exigencias de transparencia de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, con la entrada primero en Metrovacesa, le han hecho variar su actitud de recelo absoluto. De hecho, su participación antes del verano en una jornada sobre construcción en un lujoso hotel de la capital andaluza se tiene como su primera aparición pública a pesar de que él mismo le atribuye a Expo-An -su empresa de cabecera hasta el aterrizaje en Inmocaral- una larga trayectoria de 30 años en el sector.

Sus orígenes, como los de su empresa, se pierden en la misma nebulosa de partida: una modesta compañía familiar de construcción que su padre, maestro albañil, había levantado en su pueblo natal de Dos Hermanas, la principal ciudad dormitorio de Sevilla. Fue, sin embargo, ya bajo su dirección cuando comenzó el despegue datado a primeros de los años 80 del pasado siglo que le ha llevado hasta encumbrarlo a las alturas.

Al principio, de forma muy modesta construyendo pequeñas promociones de varias casas unifamiliares en Dos Hermanas, convertida durante todo este tiempo en la principal fuente de la que se ha nutrido el grupo.

Pese a la fortuna que se le puede calcular sólo en acciones, Portillo sigue viviendo en la misma casa familiar de La Motilla, una barriada nazarena, convenientemente remozada aunque sin descollar en exceso del resto de chalés de la zona. Justamente otra de las claves de su personalidad que puede explicar su éxito en los negocios: una austeridad «hasta el extremo de llamar la atención» que sólo se permite romper con el mismo modelo de Austin Martin que James Bond conducía en la película Muere otro día.

Fuentes del sector inmobiliario le reconocen una gran capacidad para negociar al máximo las condiciones de una promoción inmobiliaria, optimizando márgenes comerciales hasta el doble de lo que es usual en el mundo de la promoción. Esa ha sido una de las claves de su imparable ascenso económico y, en paralelo, de la reserva cuando no abierta aversión que le profesan muchos competidores y no pocas de las constructoras con las que ha trabajado.

En el camino, por supuesto, se han quedado varios socios con los que rompió para volar en solitario, acaso el rasgo más definitorio de su perfil biográfico.

Luis Portillo está prácticamente solo en el puente de mando de sus empresas. No tiene un segundo de a bordo aunque se ha rodeado de gente «muy buena y muy oscura» a decir de alguien que lo conoce, que advierte en su carácter grandes dosis de ambición.

En Inmocaral, nada más aterrizar, ha nombrado consejera a su mujer, María Jesús Valero Pérez, en representación de Desarrollo Empresarial Quetro, una sociedad limitada unipersonal. La misma figura societaria de Inversiones Empresariales Tersina en cuyo nombre se sienta él mismo como vicepresidente del consejo de administración.

No es casualidad. Los apellidos de ambos están sincopados en Portival (Portillo-Valero), otra de las cabeceras del grupo.En otras, en cambio, no hay rastro visible, como Rocaria. Expo-An, con la que ha venido actuando en los últimos años, es sólo la más activa públicamente en la maraña de instrumentales que constituyen un entramado empresarial muy bien pensado que culmina, por el momento, con la aportación de 565,7 millones de euros en activos a la cartera de Inmocaral.

«No es un especulador, ni mucho menos. Sigue las reglas del mercado y lleva un control fiscal muy estricto, todo legal y a la vista», comentan desde la competencia con un punto de envidia. Entonces, ¿dónde está la clave de su éxito? Todas las fuentes consultadas apuntan en la misma dirección: a finales de los 80 confluyeron los intereses bien reconocibles del Ayuntamiento de Dos Hermanas, con su alcalde socialista, Francisco Toscano, al frente, y de la caja de ahorros El Monte, presidida entonces por el socialista Isidoro Beneroso y con Juan Pedro Alvarez como director general.

El municipio, hoy el más saneado de entre la quincena con más de 100.000 habitantes de Andalucía, vio en el desarrollo urbanístico una oportunidad única para superar el estancamiento de la producción de aceituna de mesa que había sido la base de su economía agroindustrial.Por su parte, la caja de ahorros precisaba abordar nuevos negocios ante la evidente caída de los márgenes.

En medio de ese cruce de caminos estaba Luis Portillo, constructor asentado en la plaza y bien conectado con unos y con otros a través de socios comunes que le llevaron hasta donde estaba el dinero. Fue el hombre idóneo que estaba en el momento oportuno en el sitio justo y ahí comenzó su imparable ascenso y también los rumores y las maledicencias.

En los meses previos a la Exposición Universal de 1992, Portillo ha confesado alguna vez de sí mismo que era un hombre que no podía enfermar: prácticamente todas las grandes constructoras nacionales que habían obtenido los concursos acudían a su empresa para subcontratarla. El entonces delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Garrido Avila, llegaba a bromear con él puesto que en su mano estaba cumplir con los plazos. Se cumplieron, claro está, y Portillo subió otro peldaño más en la consideración de empresario solvente y de garantías en quien se podía confiar.

Además, su imagen cotizó al alza cuando trasladó las oficinas centrales de Expo-An al palacete regionalista de Aníbal González (el arquitecto de la Plaza de España) en la avenida de la Palmera que el BBV acababa de desalojar tras su fusión con Argentaria.

En Sevilla, la mayor proyección pública de Luis Portillo le viene de la condición de propietario del colegio privado Alminar, enclavado también en La Motilla donde se sitúa su centro vital y empresarial.El colegio es también un buen ejemplo de su manera de proceder en el mundo de los negocios. A finales de los 80, compró las participaciones de sus socios hasta quedarse como único dueño; quienes le discutieron dentro del claustro de profesores acabaron saliendo del centro; e impulsó una concentración vertical (líneas de autobús, comedor, colonias de verano, escuela de música, museo interactivo de la energía en el antiguo pabellón de Hungría de la Expo) sin dejar margen alguno a la contratación externa muy similar a la que ha conseguido en el sector de la construcción.Y no es sólo un capricho, sino que es acaso el exponente más aquilatado de una diversificación estratégica que le ha llevado a entrar en el sector de la energía solar y del medio ambiente, por ejemplo, donde opera a través de la filial Atymsa Nuevas Tecnologías.

Su entrada como accionista cualificado de los dos grandes bancos españoles, BBVA y Santander, la explican las mismas fuentes como la consecuencia lógica de las operaciones financieras que le han reportado el capital necesario para acometer las grandes empresas en que se ha visto inmerso en los últimos años. Portillo controla grandes paquetes, pero no se va a mostrar hostil en ningún momento al consejo de administración. Cualquiera en su posición también lo habría hecho. Más, si de lo que se trata es de demostrarle a todo el mundo lo alto que se puede llegar desde la humilde cuna de un pueblo a la vera de Sevilla.

 




EL TIRON INVERSOR DE LAS CONSTRUCTORAS

La historia empresarial de Luis Portillo y sus intereses inversores se suma a la cadena de operaciones protagonizadas por los mayores constructores de este país. Desde el asalto de Luis del Rivero al BBVA de hace un año, hasta la entrada de ACS, de la mano de Florentino Pérez, en la eléctrica Unión Fenosa.

El frustrado intento de Rivero en el mundo bancario no ha impedido que Sacyr Vallehermoso sea una de las empresas con mayor revalorización en los mercados (un 77% a 2 de diciembre) de este año. De hecho, parece que los accionistas hayan premiado el fracaso de Rivero o el que el grupo siga centrado en sus negocios habituales y se deje de aventuras en sectores ajenos.

Otro cantar es la apuesta por entrar en Unión Fenosa, que no ha hecho más que empezar. Al pactar con Botín y hacerse con el paquete del Santander (22%), Florentino le ganó la partida a Amancio Ortega y a quienes intentaban que la eléctrica se quedara en manos gallegas. Pero tendrá que vérselas con rivales de la talla del grupo Acciona, que ha lanzado una oferta formal por Fenosa, y con el presidente de la inmobiliaria Fadesa, Manuel Jove, que se ha hecho un hueco entre los principales socios de la compañía al adquirir un 3,8% del capital de la eléctrica, lo que le convierte en su quinto accionista y el primero a título individual.

Está claro que, cada vez más a menudo, los intereses de constructores e inmobiliarios se salen fuera de sus negocios típicos.

 

http://www.elmundo.es/suplementos/nuevaeconomia/2005/303/1133650811.html

¿Cuál será el techo para los tipos de interés?

Cuál será el techo para los tipos de interés?

¡No salimos de las sorpresas! aunque quizá, no lo son tanto. El viernes pasado el presidente del BCE "adelantaba" la primera subida de los tipos de interés oficiales en la zona euro en los últimos cinco años a la próxima reunión de diciembre

 

http://www.finanzas.com/id.8806039/noticias/noticia.htm

 


 


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José Luis Martínez, Estratega en España de Citigroup
23/11/2005 (11:20h.)

Y digo adelantaba, puesto que el mercado esperaba que esa subida se produjera durante el primer cuatrimestre. Sí es cierto, sin embargo, que ahora parece más probable que las subidas de tipos sean algo mayores a lo esperado durante el 2006.

Nosotros mismos hemos elevado este margen hasta el 2,75% a finales del próximo año. Bueno, pues ayer descubrimos en las Actas del último FOMC como algunos de los consejeros empiezan a meditar sobre las consecuencias de una subida de tipos tan drástica como de 3 puntos en apenas un año y medio.

No se trata de que anticipen ya un freno en la normalización de los tipos (el objetivo en todos los casos no es aplicar una política monetaria restrictiva como una neutral), como calmar al mercado sobre la posibilidad de que se sacrifique el crecimiento económico ante la inflación.

PREVISIÓN PARA LA POLÍTICA MONETARIA DE EEUU

En definitiva, los próximos pasos de política monetaria EEUU serán cuidadosos, considerando los datos económicos. El mejor indicador de esta cautela lo tenemos en la respuesta por escrito de Bernanke a una cuestión de un senador: "los principales riesgos en estos momentos para la economía norteamericana son los derivados de la escalada de los precios del crudo y la probable desaceleración en la vivienda".

¿Se comienza a compensar el mayor riesgo de inflación sobre el de crecimiento? nosotros mantenemos la previsión de un techo en los tipos de interés oficiales en enero, en niveles del 4,5%. El mercado espera que suban hasta un 4,75%, moderándose en los últimos días desde niveles algo superiores.

Sí, la reacción ayer del mercado de deuda fue positiva ante los comentarios de algunos miembros de la Fed dentro del FOMC. ¿Un anticipo de un cambio de lenguaje? es más que probable.

Quizá tan pronto como en la reunión de diciembre. Ya no sería tanto que el outlook es positivo, que la política monetaria es acomodaticia como que habrá que vigilar con más detalle la evolución económica y que la política monetaria ha drenado buena parte del carácter expansivo existente.

UN TECHO PARA LOS TIPOS DE INTERÉS

En definitiva, poniendo un techo para los tipos de interés, ¿niveles del 4,5 %? ¿quizá algo más altos? pero sólo quizá. Me comentaba hace unos días un cliente de que algunos bancos están advirtiendo del riesgo económico que supone en USA una subida de tipos demasiado intensa.

No es un argumento nuevo. De hecho, lo he escuchado en los últimos meses desde PIMCO. ¿Y si la Fed debe bajar los tipos en la segunda mitad del año próximo ante los indicios de desaceleración económica? yo no lo creo.

LAS ACTAS DEL FOMC

Pero es evidente que es un temor compartido por algunos miembros de la Fed. Y ayer lo pudimos valorar en las actas de la última reunión. Pero en el FOMC también se aclaró que los riesgos sobre la inflación siguen siendo evidentes, que los tipos a muy corto plazo seguirán al alza y que se comienza a valorar el escenario de moderación en los precios/actividad en la vivienda.

Si esto continua en el futuro, es claro que el ahorro de las familias EEUU aumentaría, comenzando de esta forma el ajuste en el déficit exterior.

Es algo que debemos recordar: el ajuste de los desequilibrios en EEUU debe pasar por una variación de los tipos de interés, precios y tipo de cambio. Esto lo dijo el presidente de la Fed hace unos meses. ¿Un ajuste de tipo de cambio? ¿un dólar a la baja? ayer era un día perfecto para que la moneda norteamericana hubiera roto claramente a la baja el nivel de 1.169 dólares hasta aproximarse en los próximos días a un nuevo bajo de 1.159.

Sin embargo, la publicación de las Actas la impulsaron a la baja, con el euro recuperando niveles de 1.183 dólares. Sinceramente, cada vez es más complicado anticipar la evolución a corto plazo de la moneda norteamericana. Nosotros mantenemos a corto plazo la posición del euro, pero con la atención puesta en que no recupere niveles por encima de 1.183 dólares de forma sólida. Veremos.

Y las bolsas EEUU recibieron con agrado la publicación ayer de la Actas del FOMC. Un nuevo máximo en el año, con la excepción de Dow Jones (.DJI), que abre la posibilidad a que tengamos un final de año positivo. Leo esta mañana en un periódico que "las subidas de tipos congelan a las bolsas europeas".

Bueno, veremos si esto se mantiene. A favor de que esto no ocurra tenemos el descenso de las rentabilidades a medio y largo plazo de la deuda (el Treasury a 10 años estaría ya en el suelo de nuestro rango de 4,42 %) y la mejora de los datos económicos.

LA SITUACIÓN EN EUROPA

Sí, la economía europea sigue confirmando el escenario de progresiva recuperación. Además, el BCE se esfuerza en mostrar que el ajuste de los tipos oficiales al alza será muy gradual y con pocas sorpresas. Ayer mismo Wellink del Banco Central de Holanda lo dejó muy claro: los cambios deben ser comunicados al mercado con anterioridad.

Cuando Liebscher consideró que el BCE no tiene sesgo, de forma que se valorará la situación mes a mes. Claro que la autoridad monetaria no tiene mucho margen para actuar a corto plazo en el proceso de subida de los tipos oficiales. Aunque si mucho margen verbal. Por ejemplo, las criticas sobre la falta de ajuste en las cuentas públicas de muchos países de la zona euro seguirá siendo frecuente.

 Incluso ayer la Comisión añadió presión al tema, al considerar que el esfuerzo de Alemania será insuficiente. Esto el día que Angela Merkel tomó posición como Canciller en un gran gobierno de coalición nacional. Los analistas políticos valoran su sostenibilidad en el cargo en que en las elecciones de los lander del próximo año (en primavera y otoño) no supongan un alejamiento de la población de los dos grandes partidos políticos.

Mientras los economistas valoran como pobre el programa económico, aplazando la mayor parte del ajuste fiscal y de reformas (sobre el mercado de trabajo y fiscalidad de las compañías) al 2007.

LAS MATERIAS PRIMAS

No nos olvidemos de las materias primas. Hoy un fuerte descenso de los precios del cobre, cuando las autoridades chinas tratan de compensar los rumores de una elevada posición corta en el mercado a golpe de venta en el contado. en las dos últimas semanas han vendido más de 50 toneladas. cuando parecen dispuestas a vender más de 20 TN. entre lo que queda de semana y la próxima.

Pero los precios del oro suben con fuerza, beneficiándose de un mercado estrecho y elevada liquidez internacional. Y los precios del crudo recuperan los 58.8 dólares/barril, en un contexto de bajas temperaturas en EEUU y a la espera de la publicación de los inventarios semanales hoy (se espera un aumento de 800 m.barriles en los productos destilados).

¿Referencias hoy?

Escasas, cuando se aproxima el Día de Acción de Gracias en EEUU mañana. En la zona euro tendremos los pedidos industriales del área, en España el desglose de la tasa de crecimiento del tercer cuatrimestre y encuesta de confianza de consumo en Italia. En EEUU tendremos la revisión de la Encuesta de confianza de consumo de Michigan de noviembre y peticiones semanales de subsidios de desempleo.

 

http://www.finanzas.com/id.8806039/noticias/noticia.htm

 

La recuperación de Japón asoma por fin en el horizonte

La recuperación de Japón asoma por fin en el horizonte

Y la bolsa japonesa alcanza hoy el nivel más alto de los últimos cinco años (subida del 30 % en el año). Pero esto no es nada: otros mercados del área (con la excepción del chino) han alcanzado un récord histórico en sus cotizaciones


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José Luis Martínez, Estratega en España de Citigroup
02/12/2005 (11:46h.)

Aunque esto parece ser una norma común, bien es cierto que a una escala menor, en los mercados emergentes. “Inundados de liquidez”, decía ayer un trader.

Pero con un impacto bien diferente en el resto de los mercados fuera de las bolsas: en Latinoamérica por ejemplo las monedas siguen apreciándose frente al dólar, cuando en Asia las caídas de sus monedas son una razón detrás de las subidas de las bolsas; los spread de tipos se reducen con fuerza en Latinoamérica, cuando en Asia el temor a la inflación  los mantiene elevados. Sin duda, es la liquidez. Ya saben, un nuevo “paradigma” con el que tenemos que contar en el futuro. ¿Hasta cuándo?.

Pero centrémonos en Japón. Hoy ha sido la tecnología, ante la especulación sobre un aumento de la demanda mundial (veremos a Intel). Pero antes fue el sector financiero, ante la especulación sobre el final de la política monetaria expansiva del Banco Central de Japón.  

Y entre medias, los sectores exportadores han soportado el movimiento cuando el yen no ha hecho más que caer en los mercados de divisas internacionales. “Responde a sus fundamentos”, nos ha repetido en varias ocasiones el Ministro de finanzas japonés.

Habrá que ver lo que opinan las autoridades norteamericanas en el G7 que comienza hoy. “Hablaremos de la necesidad de una mayor flexibilidad en los mercados de divisas”, comentaba ayer el Secretario del Tesoro norteamericano, tras advertir ante una pregunta sobre el impacto de la subida de los tipos de interés desde el BCE“que la economía europea tiene que acelerar el crecimiento de su demanda interna”.

OBJETIVO DE JAPÓN: ACABAR CON LA DEFLACIÓN 

Pero volvamos a Asia. Y especialmente a Japón. Hoy hemos visto como, en paralelo al nuevo máximo en el año del Nikkei, los tipos de interés de la deuda han subido. Y es que en los últimos días ha aumentado la discusión  sobre si la economía japonesa está en condiciones de soportar una política monetaria menos expansiva a la actual (¿les suena el debate?). Pero la actitud en este caso desde el Banco Central de Japón (BOJ) ha sido ciertamente conciliadora.

Hoy por ejemplo uno de sus consejeros ha considerado que el final de la deflación es una condición necesaria para reducir el montante de liquidez en el mercado, pero que el IPC no será el único indicador que se tome en cuenta. Además, el BOJ sí ha querido dejar claro que la reducción de la liquidez (mantiene una inyección de entre 30-35 billones de yenes mensualmente)  no significaría abandonar la política de tipos de interés nulos.

Sí, todo esto ha beneficiado a la bolsa japonesa (también se pueden extender sus beneficios al resto del área con la excepción de China). Y han sido los no residentes el principal motor de las subidas: en octubre las compras de renta variable japonesa por extranjeros alcanzó 1,1 billlones de yenes (1,5 billones en septiembre). Cuando en las primeras tres semanas de noviembre las entradas han alcanzado ya los 600 miles de millones de yenes.

Curiosamente, las estadísticas también muestran como los inversores domésticos han sido neto vendedores de su bolsa. Pero esto es ya casi habitual, considerando que los no residentes siempre han sido los motores de subida del Nikkei (.N225). Hasta que dejan de serlo. Pero, ¿cuál sería el detonante para que paren de comprarla? Valoración, vuelta a la realidad de los problemas que aún tiene la economía japonesa o quizá una recuperación del yen. Yo particularmente me inclino por el último factor.

Un representante chino, al igual que otro de Brasil y Sudáfrica, estarán en la reunión del G7 que comienza hoy. Tipos de interés, tipo de cambio y crudo, volverán a ser los factores de discusión. Pero, ¿habrá realmente discusión? Seguro que alguien cuestionará el momento de la primera subida de tipos en la zona euro.

EL CASO DE CHINA

Como también la posición de China, cuando el Secretario del Tesoro EEUU “ha aplazado” su mención de que manipula el mercado de divisas hasta el mes de marzo del próximo año. Hoy precisamente una fuente del gobierno chino ha considerado que las metas en los próximos años (comenzando en 2006) serán un aumento del consumo doméstico, mayor equilibrio en la balanza exterior y mantener un crecimiento sostenido (a medio plazo del 7,0%).

¿Cómo lograrlo? En el 11 Plan quinquenal que probablemente se aprobará en abril se fijan dos grandes metas, entre otras,  a medio plazo: mejorar la eficiencia en el consumo de energía y elevar la renta per cápita. Claro: crecimiento económico fuerte, pero también eliminar riesgos como el derivado de los altos precios del crudo.

En este momento la administración china “controla” los precios de sectores tan diversos como: energía, agua, capital, suelo, educación, sanidad, comunicación, correos y otros. Este “control” ha sido definitivo para que la inflación sea ahora tan moderada del 1,2% (4,0% precios producción) cuando en otros países ha crecido con fuerza por la subida de los precios del crudo.

¿Cómo aumentar la eficiencia en el consumo en estas circunstancias? Probablemente una solución rápida sería permitir que las empresas recuperen márgenes (se estiman una pérdidas hasta el momento cercanas a los 50 mil millones de Yuanes). Pero también permitir que el Yuan amortigue el proceso, permitiendo una ligera apreciación.

¿HASTA CUÁNDO LA TENDENCIA ALCISTA DEL DÓLAR?

De esta forma se adecuarían buena parte de los objetivos a corto y medio plazo de las autoridades. Y se reduciría la creciente presión internacional hacia un mayor proteccionismo, cuando el superávit de su balanza exterior es más que improbable que pueda moderarse rápidamente en estas circunstancias. La cuestión ahora es evidente: ¿cuándo se iniciará el cambio de tendencia en el dólar? Quizá sea más temprano de lo que muchos esperan.

Ayer la Casa Blanca lanzó las proyecciones de crecimiento e inflación para el 2006: un crecimiento del 3,4%, cuando se moderaría la inflación hasta un 2,4%. Antes de nada, se ha asegurado que en estas proyecciones ha tenido poco que ver el principal asesor económico y futuro presidente de la Reserva federal (Fed), Bernanke.

Pero es que los datos conocidos parecen avalar este escenario de fuerte crecimiento: ayer el ISM de noviembre, especialmente empleo, y los gastos de construcción de octubre, mostraron un fuerte repunte sobre lo previsto. Cuando el día anterior fue el aumento de la confianza de consumidor.

Nosotros esperamos que la economía norteamericana crezca un 3,0% en el cuarto trimestre, aunque la moderación será importante en el caso del consumo privado. ¿Y durante el 2006? Habrá que ver como se ajusta el consumo y la inversión, aunque todo apunta a que el sector exterior mantendrá una aportación negativa al crecimiento. Y posiblemente al alza.

Y el BCE subió los tipos oficiales en 0.25 puntos. La reacción de los mercados fue tranquilizadora, cuando aún muchos advierten del riesgo de que una elevación de tipos de al traste con la recuperación. ¿Cómo es posible? Uno de los comentarios más interesantes procedió de un economista español, del que no quiero decir su nombre.

Tan contundente como: 1. otra opción desde el  BCE hubiera sido muy costosa en términos de credibilidad, considerando las presiones desde el exterior; 2. el bajo crecimiento y debilidad de la economía europea no se debe a que los tipos de interés estén en el 2,0 o 2,25% (o incluso más arriba); 3. los objetivos de la autoridad monetaria son claros de estabilizar la inflación a medio plazo.

Ayer Noyer del Banco Central de Francia intentó tranquilizar al mercado sobre la posibilidad del inicio de un ciclo alcista de tipos, al mismo tiempo que reconoció que había una sola opción posible en la reunión de ayer.

Las principales referencias hoy son:

• Las bolsas EEUU ayer al alza, aunque por debajo de los máximos del día. El Dow (.DJI) subió un 0.99%, cuando la subida del Nasdaq (.IXIC) fue del 1,5%. Por lo que respecta a los títulos en custodia por la Reserva Federal, un nuevo aumento durante la semana de 3,37 miles de millones (339 millones de dólares en bono a diez años estadounidenses)

• Las bolsas europeas también ayer al alza, en promedio un 1,5%. Los datos económicos ambiguos, aunque reafirman que la economía sigue creciendo en el cuarto trimesteaunque a un ritmo del 0,3-0,4 % desde el 0,6 % anterior

• Las bolsas asiáticas hoy de nuevo al alza, con el Nikkei subiendo al cierre un 2,0%. En datos económicos, la encuesta Tankan de Reuter sube en noviembre hasta niveles de 27 desde 15 en el sector manufacturero (pero baja hasta 21 desde 25 en el no manufacturero)

• Los mercados latinoamericanos ayer al alza, en promedio un 1,5 % (bovespa un 2,2%). El MXN subió en su cruce frente al dólar de 10,48

• Los precios del crudo suben hasta los 58,2 barril ante el pronóstico de temperaturas más bajas. Los precios del oro suben hasta 503 dólar la onza

• ¿Factores a considerar hoy? En la Zona euro hemos conocido la producción industrial y el paro registrado en España, como también conoceremos los precios de producción del área. En EEUU conoceremos los datos de empleo de noviembre

http://www.finanzas.com/id.8830184/noticias/noticia.htm

 

Japón: esta vez es distinto

la opinión del experto
Japón: esta vez es distinto
28-11-2005
Hasta ahora, la recuperación de la economía japonesa ha estado basada, sobre todo, en el tirón del sector exterior. Poco a poco,sin embargo, la favorable evolución de la demanda interna ha ido reemplazando el motor del sector exterior.
Es previsible que esta evolución continúe a lo largo del 2006 en base a la fortaleza de mercado laboral. Por otra parte, el paso de deflación a inflación va a propiciar un cambio de actitud del consumidor pasando a primar el consumo frente al ahorro. La reactivación que vive en la actualidad Japón presenta algunas diferencias con respecto a las anteriores:
• Esta vez el crecimiento está guiado por el sector privado y no por el público. El sector privado viene a representar el 85 por ciento de Producto Interior Bruto (PIB) japonés.
•La renta personal está empezando a despegar, sobre todo vía crecimiento de puestos de trabajo a tiempo completo frente a la caída de trabajos a tiempo parcial. Por otra parte, se empieza a notar el despegue del crédito al consumo, que ha estado estancado en los últimos años.
•Los balances del sector empresarial están ya saneados tras varios años de financiación a tipo cero. Esto favorece el crecimiento del «cash flow» y que las empresas puedan volver invertir en bienes de equipo y crear empleo.
•Las presiones deflacionistas están empezando a desaparecer, y se prevé la vuelta a la inflación en la primera mitad del próximo ejercicio. Esto va a tener un impacto considerable en las pautas de comportamiento del consumidor japonés.
• La restructuración del sector empresarial que comenzó hace siete años prosigue, lo que permite la continua recuperación de los márgenes operativos.
•El mercado inmobiliario está tocando fondo. Esto a su vez va a suponer la recuperación del sector financiero ligado al crédito.
•Está emergiendo la cultura de creación de valor para el accionista. Durante los años 80 fue muy popular la diversificación de las actividades de las compañías. La tendencia actual es la concentración en actividades principales y desprenderse de actividades no afectas al objetivo principal de la empresa. Por otra parte, una buena parte de la recuperación de márgenes se está invirtiendo en recompras de acciones.
•Las valoraciones están en mínimos históricos, con los dividendos que pagan las acciones por encima de la rentabilidad de los bonos a diez años.
Con este escenario, nuestras principales apuestas se centran en el sector financiero, consumo y sector inmobiliario, frente a una infraponderación de compañías de electrónica y tecnología debido a la presión sobre márgenes en estos sectores. Por otra parte, seguimos apostando por pequeñas compañías frente a grandes compañías debido a que su evolución depende más de la evolución del consumo privado que de la evolución del sector exterior.

EL PRIMER CICLO ECONÓMICO GLOBAL EN EL SIGLO XXI (DT

http://www.realinstitutoelcano.org/documentos/220.asp

 

Introducción: los tres síntomas

Últimamente se habla y se escribe mucho de tres cosas: de burbujas (bubbles), de plétora de ahorros (savings glut) y de déficits gemelos (twin deficits). En el mundo económico-financiero todos hablan de burbujas, y eso se contagia a la vida ordinaria: uno empieza a no saber qué hacer cuando debe decidir, por ejemplo, si alquilar o comprar una casa; y mucho menos si en lugar de comprar casa ha de optar entre dejar sus ahorros en la cuenta corriente –completamente corriente, o de las que se publicitan como “de alta rentabilidad”–, comprar divisas, bonos o acciones, o invertir en fondos –de pensiones, o de inversión–. Y en este último caso, cómo deben estar ponderados los valores de su cartera, o si es mejor elegir un fondo construido, a su vez, con un índice de fondos, como garantía para incurrir estrictamente en el riesgo sistémico global, u orientados hacia algún ámbito específico –como los fondos BRIK, dirigidos hacia países que se consideran con alto potencial de crecimiento (Brasil, Rusia, India y Corea)–.

Pero casi nadie es capaz de definir con precisión qué quiere decir eso de las burbujas. Para Chet Currier, de Bloomberg,[1] las burbujas se deben a que el precio de mercado de un activo se separa del propósito básico a que se destina el activo en cuestión. El mejor test para detectarlas consiste en preguntarse si queremos comprar el correspondiente bien de consumo para usarlo –o el bien de capital, con el fin de disponer de su capacidad para generar ingresos–, o con vistas a venderlo, para obtener un precio mejor en el futuro. En el caso de las viviendas, esto sucede cuando dejan de ser consideradas como un espacio habitable y pasan a convertirse en el vehículo para la apreciación de su valor; en el de los títulos valores, cuando en lugar de sus dividendos futuros nos interesa conseguir con ellos un precio-objetivo a un plazo determinado.

Por mucho que se aquilate, sin embargo, la idea de burbuja proporciona una información muy limitada. Se refiere al espacio vacío que aparece entre el precio real y el soñado por el inversor especulativo. El problema es que tampoco parece haber una referencia clara sobre el precio real de las cosas, si es que existe tal precio como algo conceptualmente distinto de su precio de mercado. Así pues, nos encontramos ante un razonamiento circular: creemos que existen burbujas porque las cosas tiene un precio superior al real, pero no sabemos cuál puede ser ese precio real –aunque, dentro de ciertos márgenes, creemos orientarnos mejor cando intuimos que un precio resulta irreal–.

Otra cosa de la que se habla mucho es de la superabundacia de ahorros[2] y, alternativamente, de su escasez, porque en economía, siempre que hay un exceso, como contrapartida aparece un defecto.[3] Aquí, todo depende de si uno está en Japón, Alemania, Rusia, Arabia Saudí y China –entre otros países en los que abunda el ahorro–, o si se encuentra en EEUU, España, Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda[4] e Italia, donde lo que hay es desahorro y abundancia de gasto, en relación al ingreso, aunque la participación de los diferentes agentes –públicos y privados, empresas u hogares– al ahorro neto total sea muy diferente, así como sus repercusiones sobre la inversión y la productividad de cada país a largo plazo. Además, la definición del ahorro neto de los hogares y los países dista mucho de ser unívoca, por lo que la comparabilidad de las cifras no está garantizada.[5] Durante los noventa, las ratios de ahorro de los hogares –definidas como el ahorro neto dividido por el ingreso disponible– cayeron en todo el G3, pero las diferencias en 2002 eran enormes: 9.6% en el área Euro y 2.4% en EEUU, con Japón ocupando un lugar intermedio –próximo al área Euro, con la excepción de los años 2001 y 2002, en que se situó en el 5.2%–.

Finalmente, el tercero de los grandes asuntos recurrentes es el de los déficit fiscal y de la balanza por cuenta corriente. En unos casos, se trata de déficit gemelos, como los que se registran, por ejemplo, en EEUU, Gran Bretaña Italia o Francia. En contrapartida, como siempre, se producen los correspondientes superávits, ya sean gemelos –como sucede en China, Corea Noruega o Canadá, y, por añadidura, en la mayoría de los países de la OPEP, desde que se produjo la nueva escalada de los precios del petróleo–, o asimétricos. Estos últimos, a su vez, presentan en unos casos déficit fiscal y superávit exterior –como sucede en Alemania, Japón y Holanda–, y en otros superávit fiscal y déficit de balanza –como sucede en España y Australia–. La existencia de esta amplia gama de combinaciones sirve de apoyo a Ben Bernanke para negar cualquier relación entre los dos déficit en EEUU.[6]

Respecto a la mayor o menor gravedad de tales desequilibrios, así como sobre sus implicaciones para la volatilidad del ciclo económico y para el riesgo sistémico, las opiniones también difieren: Paul Vocker piensa que una situación tan desequilibrada no puede durar.[7] Grosso modo, su planteamiento coincide con el de Stephen Roach, quien sintetiza así la situación global, y especialmente los dos desequilibrios norteamericanos:

“Nuestros cálculos sugieren que durante los últimos cuatro años la disparidad entre los déficit y los superávit mundiales de cuenta corriente se ha ensanchado desde un 3% hasta un 4% del PIB global, lo que no tiene precedentes. Durante el mismo período, la base de sustentación para el consumidor norteamericano –que es, con mucho, el motor más fuerte para el crecimiento de la demanda en la economía global– se ha visto reforzada por el efecto-riqueza de un mercado inmobiliario sobrevalorado, complementado con un aumento sin precedentes del endeudamiento inmobiliario, catapultado, a su vez, por la explosión en el valor de la propiedad. Todo ello ha dado lugar a la aparición de la segunda mayor burbuja de activos experimentada por América durante un solo período quinquenal. Tal situación no permite abrigar esperanzas de sostenibilidad para la economía de EEUU –y, por ende, para una economía global que, hoy por hoy, es abiertamente américo-céntrica–.”[8]

1. Las cuatro preocupaciones de Ben Bernanke (y una exoneración)

Por su parte, en el trimestre anterior a tomar posesión como flamante presidente del Council of Economic Advisors del Presidente Bush, el gobernador de la FED, Ben S. Bernanke,[9] afirmaba que lo normal sería que los países ricos ahorrasen y los menos ricos recibiesen fondos para inversión, lo que implícitamente significa afirmar que la situación actual resulta anormal:

“La lógica económica básica... sugiere que, en el largo plazo, los países industrializados, como grupo, deberían disponer de excedente en su balanza por cuenta corriente y ser prestamistas netos hacia el mundo en desarrollo, no al contario. Si el capital financiero circulase en esa dirección ‘natural’ los ahorradores de los países industrializados tendrían potencialmente ingresos más elevados y gozarian de una mayor diversificación, mientras que los prestatarios del mundo en desarrollo recibirían fondos para hacer las inversiones de capital necesarias para promover el crecimiento y un nivel de vida superior. Por supuesto, para que los flujos de capital a los países en vías de desarrollo rindieran tales beneficios, estos países tendrían que hacer progresos adicionales en la mejora de las condiciones para la inversión.”

En realidad, según Stefan M.I. Karlsson, del Instituto Von Mises, tal anomalía podría considerarse como una bicoca para América, ya que, frente a lo que opinan los “mercantilistas” –para quienes todo déficit de balanza por cuenta corriente es intrínsecamente malo–, esta situación significa que los bancos centrales asiáticos están prestando dinero barato a los norteamericanos –dados los ínfimos niveles actuales de los tipos de interés y su preferencia por invertir en bonos del Tesoro–, dinero que los norteamericanos pueden canalizar hacia inversiones de alto rendimiento en la propia Asia –dada la eficiencia de su sistema financiero y de sus bancos de inversión–.[10] Pero, ¿es ésta la situación en que nos encontramos? No. Más bien, el flujo actual de ahorros desde la periferia hacia ciertas zonas del centro está produciendo burbujas inmobiliarias que sirven para retroalimentar el proceso, al facilitar la elevación del endeudamiento de los hogares –con base en el aumento “ficticio” de su riqueza inmobiliaria, que enmascara la gravedad del problema porque el ratio endeudameinto/riqueza se disparará tan pronto estalle la burbuja y se contraigan los precios– y el consumo de éstos, deteriorando su posición ahorradora.[11]

De ahí que Robert Altig trate de encontrar la respuesta a estas otras preguntas: “¿por qué no invierten las empresas?, o ¿cuál es la respuesta adecuada a la riada global de demanda de dólares?, en lugar de preguntarse ¿por qué no ahorran los hogares?”[12] Por el momento, la respuesta de Bernanke es evasiva y se limita a afirmar que lo importante es lo que se hace con esa riada de dólares y si se usan para algo productivo o para elevar el consumo y elevar los precios de las casas:

“Una segunda cuestión es la relativa al empleo que se da al crédito internacional en los Estados Unidos y en los países industrializados con déficit externo..., buena parte de la reciente aportación de capitales hacia el mundo desarrollado se ha reflejado en índices más elevados de crecimiento de la construcción de viviendas y de sus precios. A su vez, el aumento del precio de la vivienda ha estimulado el consumo de los hogares. Por supuesto, el aumento de la ratio de propiedad de la vivienda y del consumo de los hogares son, ambos, deseables. Sin embargo, en el largo plazo los aumentos de productividad se derivan más bien de la inversión no residencial; por ejemplo, la inversión en bienes de equipo por parte de las empresas. Cuanto mayor sea la contribución del flujo de capital exterior al aumento de la construcción residencial, y especialmente al gasto de consumo actual, mayor será la carga económica futura que supondrá devolver la deuda exterior...”

Porque lo problemático es que cuando llegue el momento de amortizar los préstamos actuales, las economías centrales deberán llevar a cabo costosas reestructuraciones sectoriales –con su efecto simétrico y recíproco en los países exportadores– para recuperar su capacidad exportadora, muy deteriorada durante la etapa de endeudamiento y déficit exterior:

“Una tercera preocupación que suscita la pauta de los flujos de capital se deriva de sus efectos indirectos sobre la composición sectorial de las economías que los reciben... Para cumplir sus compromisos con los acreedores extranjeros –algo que habrá que hacer algún día–, Estados Unidos necesitará un sector exportador grande y sano. El infradimensionaminto relativo de esas industrias en presencia de déficit por cuenta corriente –una contracción que, con toda seguiridad, habrá que desandar en el futuro– impone costes reales de ajuste para las empresas y los trabajadores de ese sector.”

El debate entre las blogs de dos Brads (Delong y Stetser) resulta muy jugoso a este respecto. Stetser piensa que la deuda y el déficit externo no importan mientras la riqueza de los EEUU siga creciendo (¿aunque sea a base de burbujas financieras e inmobiliarias?). Es difícil no ver en ello un parti pris a favor de la política económica republicana. Delong no oculta sus preferencias, pero argumenta con sentido común:

“Recuérdese que la deuda externa es, en última instancia, un crédito contra los ingresos futuros por exportación de Estados Unidos. Las nuevas viviendas –y los precios más elevados de las viviendas existentes– no ayudarán a pagar los intereses de nuestra deuda externa. Una nueva cadena de producción de Boeing sí que ayudaría... No está claro que la capacidad de Estados Unidos para generar ingresos futuros mediante la exportación para pagar la deuda externa vaya a aumentar tan rápido como su deuda externa parece estar haciéndolo. Llámenme “carroza”. Yo pienso que la ratio que representa la deuda externa respecto a las exportaciones todavía importa.”[13]

Por no hablar del riesgo que supone el aumento de dependencia de los países centrales –y especialmente EEUU– respecto de la financiación exterior, ya que un cambio en los animal spirits delos prestamistaspuede acarrear una crisis monetaria, de consecuencias difíciles de prever por afectar al dólar, que sigue siendo la principal divisa de reserva internacional:

“Finalmente, el elevado déficit por cuenta corriente de Estados Unidos requiere flujos substanciales de financiación exterior... [ y ] la vuelta a un cierto equilibrio puede requerir algún tiempo. Yo no veo ninguna razón fundamental por la que todo este proceso no pueda llevarse a cabo suavemente. Sin embargo, el riesgo de un ajuste desordenado en los mercados financieros siempre existe, y un enfoque conservador apropiado en política aconseja mantenerse en guardia contra tal eventualidad”.[14]

Naturalmente, al indagar por las causas de la situación actual, Bernanke descarta que la política monetaria de la Fed –y/o la política fiscal y presupuestaria norteamericana– se encuentren en el origen del problema o hayan tenido la más mínima responsabilidad. En este punto, Stefan Karlsson se coloca en las antípodas de Bernanke:

“La lección que puede extraerse del análisis de los fallos del mercantilismo y del enfoque del déficit comercial desde el lado de la oferta es que los déficit comerciales son algo bueno, siempre que no conduzcan hacia un exceso en el consumo y/o hacia el derroche en la inversión.

E, incluso en ese caso, el problema subyacente no es realmente el déficit comercial por sí mismo, que debe considerarse como simple síntoma de los efectos de una política fiscal y monetaria laxas, ya que, en ausencia de aquella aportación de capital extranjero, el banco central podría mantener igualmente bajos tipos de interés mediante un aumento aun más rápido de la oferta de dinero.

Y como el exceso de consumo y/o el derroche en la inversión son generalmente el resultado de políticas fiscales y/o monetarias relajadas, la única manera de luchar contra los déficit comerciales consiste en eliminar los impuestos sobre el ahorro y en restaurar el equilibrio presupuestario y la política monetaria saludable.”[15]

2. El milagro keynesiano de la política monetaria

De modo que para Karlsson la causa de la situación actual se encuentra en el empecinamiento de la política monetaria de la Fed y en la política fiscal del presidente Bush tratando de reproducir el “milagro keynesiano” de la conversión de piedras en panes. Todo ello traería su causa, según este analista del Instituto Von Mises, del olvido en que parecen haber caído las enseñanzas de su maestro.[16] De ahí que el juicio que le merecen las declaraciones que viene haciendo Alan Greenpan desde los tiempos de la “exhuberancia irracional” no sea excesivamente favorable. Y mucho menos las declaraciones del pasado mes de febrero en que el chairman de la Fed confesaba que los bajos rendimientos de los bonos y notas del Tesoro a largo plazo le resultaban enigmáticos (a mysterious conundrum). Después de lo que ha llovido desde 1996, ésto a Karlsson le parece poco menos que una desfachatez:

“Que la Fed diga estar desconcertada por estos fenómenos sólo significa que está tratando de absolverse a sí misma de cualquier culpabilidad derivada de los bajos tipos de interés y de los problemas que están creado. Pero la Fed es tan culpable de ésto como lo fue de proporcionar el combustible para ‘la exuberancia irracional’ de la burbuja de las acciones de las empresas tecnológicas.”

Porque, por mucho que Bernanke y Greenspan traten de enmascararlo apelando a la obsesión por el ahorro –derivada del envejecimiento demográfico de Japón y de otros países ricos– y a la idiosincrasia de los bancos centrales asiáticos –que, tras el trauma de las crisis monetarias de los noventa, están obsesionados por constituir una montaña de reservas para cubrirse contra acciones especulativas–, la solución del enigma de los bajos tipos de interés –tanto a corto como a largo plazo– es verdaderamente sencilla:

“En conclusión, la explicación del bajo rendimiento de los títulos emitidos por el Gobierno de EEUU no está ni en las expectativas sobre baja inflación ni en el descenso global en las preferencias temporales (o ‘superabundancia global de ahorro’), sino en la inyección de dinero por la Fed y los otros bancos centrales y en la especulación sobre unas perspectivas de elevados niveles de inyección monetaria en el futuro.”[17]

En realidad, la escalada del crédito al consumo en EEUU desde 1993 –representada en los dos gráficos adjuntos– apenas se ha visto corregida por la política practicada por la Fed a partir de la explosión de la burbuja tecnológica en la primavera de 2000. Tras el tratamiento de choque antiburbuja de 2001 –en que el crecimiento anual de enero a julio alcanzó el 11,1%, frente al 8,2% de 2000–, la desaceleración se detuvo a partir de 2003, ya que entre enero y julio de 2005 el crecimiento anual medio se situó en el 4,6% (frente al 4,7% de 2003). A la vista de estas cifras caben pocas dudas acerca de que ese es el motor que produjo la explosión del consumo y la formación de burbujas. Para interpretar las series históricas, ha de tenerse en cuenta, además, que se trata de magnitudes nominales, cuyo impacto sobre el consumo real se ha visto multiplicado por el rápido descenso de la inflación que se observa en el Gráfico A.1 del Anexo: grosso modo, desde una media del 5% anual durante los años noventa a un 2% en 2005 en las economías avanzadas –y de un 15% a un 5% en los países en desarrollo[18]–, en un contexto de convergencia de la inflación a escala global.

De modo que el único enigma es hasta cuándo puede durar una situación cuyo diagnóstico resulta evidente pero cuyos causantes se niegan a reconocer –y a actuar en consecuencia–, lo que no hace más que seguir agravando los problemas, introduciendo una perspectiva a medio plazo verdaderamente sombría, en la que aparece el fantasma del proteccionismo:

“Para el conjunto de la economía mundial esperamos que el auge actual se mantenga en el corto plazo, pero al precio de agravar los desequilibrios económicos globales. La deuda de América continuará aumentando, mientras el crecimiento del resto del mundo dependerá todavía más de sus exportaciones hacia América. A medio plazo, un fuerte aumento de los tipos de interés reales y/o un descenso de la confianza desencadenarán una recesión en América que se difundirá por todo el mundo a través de la caída de sus exportaciones hacia América. Lo uno y lo otro se deberá a la caída de la demanda derivada de la recesión y a los efectos indirectos de la depreciación del dólar y, posiblemente, al efecto de medidas proteccionistas severas. Esto vendrá a añadirse y agravará los problemas internos en el resto del mundo.”[19]

Eso no quiere decir que el boom del primer ciclo económico verdaderamente global haya sido provocado exclusivamente por la borrachera monetaria de la Fed. Para Karlsson, el otro factor impulsor ha sido la liberalización gradual del comercio mundial, y especialmente la de las dos mayores economías del tercer mundo, China e India, con niveles de protección efectiva que, en el caso de China, han pasado de unos aranceles medios del 41% en 1992 al 6% en 2004. Además, la adopción en estos países de economías de mercado abiertas garantiza una base mucho más sólida a largo plazo para la economía global.

El problema estriba en que el principal impulso y la dirección del ciclo económico mundial proviene del tirón del consumo americano, que se transmite al resto del mundo a través del déficit de la balanza por cuenta corriente. Y este tirón no puede durar, una vez que la deuda del sector privado ha crecido hasta un nivel superior al 150% de su riqueza –estando ésta considerablemente sobrevaluada, en títulos valores y, sobre todo, en el valor de la vivienda–:

“Pero hay también un lado más oscuro en el auge actual derivado de la política de dinero barato practicada por la Reserva Federal. Porque la economía americana no es la única que se apoya sobre unos cimientos tan inestables. La mayoría de las restantes economías del mundo dependen igualmente de las políticas de dinero barato de la Fed [cursivas del autor: AE]. Esto se debe, en parte, a que el crecimiento del resto del mundo ha visto aumentar su dependencia respecto de su superavit comercial con América –derivado del crecimiento excesivo de la demanda, provocado por la política de la Fed– y, en parte, porque la presión hacia la depreciación del dólar derivada de los bajos tipos de interés ha hecho que otros bancos centrales emulasen la política de dinero barato de la Fed para evitar que sus monedas se apreciasen demasiado rápidamente respecto al dólar. Por otra parte, el desarrollo económico del mundo también es se ve lastrado por los problemas estructurales de Europa y Japón.” [20]

Este crecimiento explosivo de la riqueza inmobiliaria de los hogares norteamericanos –como antes el de su riqueza mobiliaria, que, a fuerza de liquidez, ha recuperado buena parte de su vigor–[21] es perfectamente volátil. Sin embargo, el sistema político no remunera en el medio plazo a quien actúa con prudencia, sino al contrario. Las burbujas de uno y otro signo son utilizadas por los políticos del corto plazo –en este caso, por la administración republicana– para adoptar un tipo de medidas que no hacen sino cavar la fosa fiscal para el futuro, apoyándose en los incrementos de recaudación del impuesto sobre la renta –imputada por los contribuyentes, como consecuencia, en parte, de las burbujas– para justificar reducciones de impuestos abocadas a empeorar las perspectivas del déficit, sabiendo que aumentos de recaudación extraordinarios –como el que se registra en 2005– son pan para hoy y hambre para mañana, porque no se deben a la curva de Laffer –la denominada “economía Vudú”–,[22] sino al espejismo provocado por la política monetaria de la Fed.[23]

Por supuesto, si Europa y Japón hubiesen resuelto sus problemas estructurales y estuviesen creciendo podrían haber resistido la apreciación de sus divisas frente al dólar y practicado una política monetaria compatible con el equilibrio macroeconómico a largo plazo. De este modo hipotético, la alocada trayectoria monetaria de la Fed hace tiempo que habría encontrado una respuesta adecuada en los mercados. Pero éstos no actúan porque prácticamente nadie tiene adónde ir, y así la Fed puede campar por sus respetos, presentando su actuación como una política benemérita, destinada a suplir la escasez de demanda global –¡e incluso a combatir la amenaza de trampa de liquidez en las otras dos áreas del G3!–

3. La amenaza de trampa de liquidez y la curva de Phillips neokeynesiana

Así que en lugar de emplear eufemismos tales como el de la “plétora de ahorros”, más valdría comenzar a hacer frente al problema de la trampa de liquidez, definida, en sentido amplio, como toda situación en la que la política monetaria deja de surtir efectos –en este caso, en realidad, sí que está surtiendo efectos, aunque éstos sean negativos–. Eso es lo que hicieron los economistas de Morgan Stanley en su mesa redonda del 12 julio, discutiendo la situación de la zona Euro.[24] Ciertamente, la definición clásica de trampa de liquidez no encaja completamente con la situación de la Eurozona, porque aquí todavía el consumo está creciendo –aunque poco y a costa del ahorro– y los precios también crecen, aunque poco, e igual sucede con los pagos por empleado, si bien desde 2004 estos últimos ya lo hacen una o dos décimas por debajo del deflactor del consumo privado (cuyas tasas fueron del 1,7 y 1,8%, respectivamente, en 2005, aunque con una caída prevista para el salario real alemán del 1,3%).[25] En cambio, el Banco Central Europeo y muchos otros economistas piensan que la economía del continente no respondería positivamente a nuevas reducciones del tipo de interés –situación que corresponde a la de la definición más sucinta y pragmática de trampa de liquidez–.

En la zona Euro, la diferencia más sustancial respecto a los tiempos de Keynes consiste en que los descensos de los tipos de interés no provocan actualmente elevaciones de salarios, lo que se atribuye al descenso del poder de los sindicatos en la negociación colectiva. Tal descenso se debe en parte –y se superpone- al actual contexto de competencia global, cuyos efectos se ven reforzados por las políticas intervencionistas de tipo de cambio de los países periféricos, que utilizan el superávit de la balanza comercial como motor de crecimiento–. A todo ello han venido a unirse ahora los bajos salarios prevalecientes en los países europeos recién incorporados a la UE. Sin embargo, esta mayor concurrencia –y la actual fortaleza del Euro– no se ve complementada con reducciones de precios del mismo orden por causa de la escasa concurrencia en el sector minorista. Esta asimetría adopta en Francia la forma del “síndrome del fontanero polaco” –que amenaza por igual al asalariado y al empresario francés del sector servicios– y no sólo es la causa del frenazo en el avance hacia la Europa política, sino que puede tener también efectos económicos graves.

En efecto, la nueva curva de Phillips (NKPC) –reconstruida, con perspectiva neokeynesiana, desde el lado de la oferta– indica que los movimientos de la inflación resultan gobernados por los de los costes marginales, determinados, a su vez, en buena medida por los de los costes laborales unitarios (CLU) –sobre los que influye el margen monopolista de los mercados de trabajo (wage markup), cada vez más reducido–, y por los de capital, cuyas fluctuaciones cíclicas dependen del nivel de utilización de la capacidad –actualmente muy bajo en Europa–. Con carácter general, los análisis realizados a partir del modelo Galí-Gertler[26] indican que el proceso de determinación de los salarios ha completado la transición desde una orientación retrospectiva (backward-looking), a la hora de internalizar la inflación, hasta otra anticipativa (forward-looking), de modo que la principal fuente de rigidez nominal no proviene actualmente de los salarios, sino de los precios.[27]

En la Unión Europea la inflación parece haberse venido comportando también con arreglo al modelo de la NKPC, aunque hasta hace muy poco los estudios sobre sus determinantes[28] indicaban que la persistencia (histéresis) de los salarios europeos desempeñaba un papel de retroacción todavía más relevante que la de los precios –resultando ambas complementarias–. Paradójicamente, esta superior resistencia de los salarios europeos a la baja, por comparación con los mercados de trabajo de otras áreas, puede haber contribuido en el pasado a retrasar la aparición de la trampa de liquidez y a paliar los efectos de la recesión por la que han atravesado algunas de las grandes economías de la Eurozona. Por contraposición a lo que ocurre con la rigidez derivada de la escasa movilidad del factor trabajo, que sigue considerándose como la principal amenaza de estancamiento para la economía europea, esta otra forma de “rigidez” laboral ha tenido algunos efectos positivos.

Sin embargo, el “excepcionalismo europeo” en materia salarial parece estar cambiando. En las NKPC simplificadas representadas en el Anexo puede observarse que, dentro del G3, en 2005 la tasa de crecimiento de los CLU sólo será superior al del deflactor del PIB en EEUU, guardando una y otra aproximadamente estos últimos años una relación de dos a uno (en 2005, 2,2% los CLU frente a 1,8% el deflactor). En la Eurozona, en cambio, la relación se invierte (1,7% frente a 1,8%), mientras que en Japón uno y otro se encuentran en el cuadrante deflacionista, pero con un desequilibrio todavía superior a favor del deflactor, que cae menos que los CLU (-1,8% estos últimos, frente a -1,2% el deflactor en 2005). Esto significa que en las dos áreas amenazadas por la trampa de liquidez son los precios los que ofrecen ahora resistencia a la baja respecto a los CLU. Y, en un contexto de ciclo recesivo, ésto sólo puede deberse a un problema de competencia, especialmente en el sector minorista –además de los efectos del shock del petróleo–. De confirmarse, este cambio en las pautas de funcionamiento del mercado de trabajo europeo puede resultar especialmente significativo y elevar la amenaza de trampa de liquidez. La opinión de Eric Chaney, de Morgan Stanley, es contundente: Contra los temores a que la escalada de los precios del Brent trajese de nuevo la stagflación,

“De acuerdo con las declaraciones de varios funcionarios del ECB, incluyendo a su director, Otmar Issing, no hay la menor señal de inflación salarial en el área Euro. La razón principal para ello se encuentra en los altos indices de desempleo de la mayoría de las economías y en la desconexión entre los salarios nominales y la inflación. La buena y vieja curva de Phillips no está muerta.”

Con el problema adicional de que la eliminación de la amenaza de inflación de salarios apenas tiene efectos positivos sobre el empleo. Esto se debe en parte al exceso de regulación del mercado de trabajo:

“El segundo considerando es que la remuneración efectiva por empleado está decayendo en términos reales (1.8%-2.0%), una situación que recuerda... ‘la recuperación sin salarios’ de la que habla Stephen Roach. Sin embargo, el cuadro macroeconómico subyacente no es el mismo [que el norteamericano]:... la zona Euro todavía está luchando con una tasa de desempleo cercana al 9%. En estas condiciones, una caída de los salarios reales no resulta demasiado anormal, especialmente tras las consecuencias de un segundo choque del petróleo [los precios del petróleo crudo han aumentado en torno al 200% en términos reales desde 2001]. Lo que ya no resulta tan normal es que el empleo se encuentre también en situación de práctico estancamiento, a pesar de un crecimiento razonable del PIB, y que el empleo creado... provenga sobre todo... de las agencias de empleo temporal y de los servicios del Estado. Que la parte más dinámica del mercado de trabajo sea empleo temporal habla claramente de la urgencia en liberalizar los mercados de trabajo y en eliminar las barreras de entrada. Ésa sería la mejor contribución que podrían hacer los gobiernos al aumento del consumo, que es precisamente el género más escaso en esta pata del ciclo económico.”[29]

Pero ésa es solo una parte del problema puesto que los mercados de productos y servicios experimentan una sobrecarga regulatoria similar o superior, y eso es lo que provoca, como decíamos, que la mayor capacidad de ajuste de los salarios tope con una fuerte resistencia a la baja de los precios, que produce la compresión del consumo y es la verdadera causa de la escasez de demanda real. Por supuesto, la situación experimenta ligeras diferencias entre países. En el caso de España, además de la adopción de pautas de negociación salarial orientadas por la inflación prevista, la concentración temporal de las cuatro grandes políticas de competencia –las de liberalización, desregulación, privatización y competencia propiamente dicha– durante los últimos veinticinco años, partiendo de un punto de partida extremadamente cerrado, proporcionan la apariencia –e incluso un cierto impulso inercial– de un dinamismo competitivo que todavía dista mucho de resultar adecuado. En general, las principales reformas han ocurrido durante las fases de menor crecimiento, mientras que la experiencia acumulada enseña que para minimizar la duración de estas etapas es preciso mantener el pulso reformador durante las de fuerte crecimiento,[30] porque la competencia es el arma para hacer conciliable el crecimiento del empleo con el de la productividad, y esa compatibilidad es la clave para el crecimiento económico sostenible. Eso es, precisamente, lo que le falta a Europa.[31]

Sucede que éste es el tipo de medidas más difícil de diseñar y de aplicar, precisamente porque se trata de reformas sistémicas en las que importan tanto los cambios en cada pieza del sistema –en esta caso, las políticas de competencia y de mercado de trabajo– como la simultaneidad y la buena sincronización de las mismas, sin las cuales las reformas parciales pueden resultar, incluso, contraproducentes.[32] Las reformas conducentes a la flexibilidad del mercado de trabajo facilitan los ajustes de empleo, elevan la productividad de las empresas y reducen sus CLU. En ausencia de competencia, sin embargo, tal reducción de costes no se trasmite a los precios, lo que bloquea la elevación de la capacidad adquisitiva del consumidor e impide el subsiguiente aumento real de la demanda, de modo que las pérdidas de empleo derivadas del ajuste en el mercado de trabajo no se recuperan y el empleo global –y la demanda– desciende.

Probablemente el país más rezagado en la transición desde una curva de Phillips retrospectiva a otra anticipativa sea Italia, en donde, con independencia de la especificación del modelo de NKPC que se utilice, el resultado indica que los fijadores de precios bakward-looking resultan, al menos, tan numerosos como los forward-looking, e incluso predominan en muchas ramas del sector manufacturero.[33] En cambio, parece que los fijadores de salarios sí han llevado a cabo la transición, ya que las estimaciones para 2005 de crecimiento del deflactor y de los CLU resultan prácticamente coincidentes (2,1% y 2,2%) y la correlación entre el índice de precios al consumo y los CLU pasó del 0,58 en 1965-1979 al 0,18 entre 1991 y 2004, de acuerdo con las estimaciones del BIS, que resultan muy similares a las de Alemania (0,47 y 0,19) y algo menos avanzadas que las de Francia (0,75 y 0,11).[34]

Como la productividad del trabajo en la Eurozona sigue creciendo (a un ritmo previsto por la OCDE del 0,6% en 2005), así como las remuneraciones por empleado (que crecerán al 1,7%) el crecimiento de los costes laborales unitarios se mantiene por debajo del deflactor del PIB (con crecimientos del 1,1% y el 1,5%, respectivamente en 2005), con el consiguiente crecimiento de los beneficios. Todo ello deprime el poder adquisitivo de los salarios y comprime el crecimiento del consumo en términos reales, lo que desincentiva la inversión. En tales circunstancias, la política monetaria sólo influye sobre el ahorro, pero no sobre el consumo privado (con una previsión de crecimiento real del 1,3% en la Eurozona para 2005), ni sobre la inversión (con una previsión de crecimiento real de la formación bruta privada de capital fijo no residencial del 2,3% y residencial del 1%). Ésto sitúa la previsión de crecimiento real de la demanda interna para 2005 en 1,5%, todavía tres décimas por encima del crecimiento previsto para el PIB, lo que arroja un saldo de ahorro neto ligeramente negativo para el conjunto de la zona, pero con grandes diferencias entre países. Además, esas previsiones de crecimiento del PIB se están viendo revisadas tras el nuevo aumento de los precios del petróleo denominados en Euros durante el verano, que pueden significar una décima menos de lo estimado previamente para 2005 y cuatro décimas menos para 2006 (en que el crecimiento de la Eurozona podría situarse en el 1,7%, en lugar del 2,1%).[35]

Y si de la situación actual pasamos a las perspectivas a medio plazo, la persistencia de un peso del sector público en torno al 50% del PIB en las tres mayores economías de la zona y de un electorado fuertemente recalcitrante frente a las imprescindibles reformas del Estado de bienestar convierten en perfectamente verosímil la amenaza futura de la trampa de liquidez[36] –ahora sí, definida en el sentido clásico de la Teoría General–, en que la escasez de demanda llega a hacerse insensible a la política monetaria, porque la demanda de ahorro crece y la gente prefiere mantener saldos líquidos, o colocados en activos sin riesgo, en lugar de invertirlos, dados los niveles prácticamente irrelevantes de los tipos de interés real –que son negativos ya en algunos países de la zona–. En los albores del siglo XXI la urgencia de acometer las transformaciones estructurales se ha visto enmascarada por la aparición del Euro, que ha proporcionado una apariencia de moneda fuerte e invulnerable mientras se mantuvo la tensión reformista implícita en la voluntad de avanzar hacia una mayor armonización –que sólo podía ser liberalizadora–. Pero tras el fiasco de la Constitución Europea las cosas pueden cambiar. A medida que transitemos hacia un mundo con tipos de interés normales y con verdadera competencia en la asignación de fondos, probablemente los mercados serán menos complacientes con la financiación de los abultados déficits de las grandes economías europeas. Y, cuando eso ocurra, los gobiernos tendrán que acometer reformas, so pena de entrar en una espiral que podría poner en riesgo la existencia a largo plazo del propio Euro, como señala con acierto Grant Nülle.[37]

Por supuesto, la situación no es todavía tan grave ni inminente como la experimentada por Japón durante la década pasada, en que el pinchazo de la burbuja inmobiliaria destruyó los balances de los hogares y de las empresas, hundiendo la iniciativa empresarial.Takehiro Sato, de Morgan Stanley, se sorprende de que el BCE no utilice el margen de maniobra que todavía le queda,[38] sin darse cuenta de que el ejemplo y la interminable lista de estudios sobre lo ocurrido durante más de un decenio en Japón está ahí y en Europa –como sucedió previamente en Estados Unidos– todos los agentes lo tienen presente y se comportan anticipando una situación perfectamente previsible, como corresponde a la sociedad reflexiva –o, simplemente, al modelo de expectativas racionales–.

4. ¿Qué hay realmente detrás de los desequilibrios globales?

El discurso de Ben Bernanke de marzo-abril de 2005 imputando la responsabilidad sobre el déficit comercial norteamericano a la existencia de una plétora mundial de ahorros tuvo la virtud de desencadenar un debate que todavía no está cerrado. Los primeros en reaccionar desde Nueva York fueron los dos grandes bloggers Nouriel Roubini y David Altig –replicados enseguida por Brad Delong y Brad Sester–,[39] a quienes el Wall Street Journal invitó a cruzar sus argumentos el 29 de marzo.[40] Roubini constató que desde 2001 los flujos financieros hacia EEUU dejaron de afluir a la bolsa –como había venido sucediendo durante los años noventa– y se concentraron en los bonos del Tesoro: desde entonces, quienes han comprado los bonos emitidos son no residentes, y entre dos tercios y tres cuartos de estos inversores son bancos centrales –especialmente los asiáticos, aunque no sólo ellos–. El flujo ha sido tan importante que actualmente más de la mitad de los bonos del Tesoros están en manos de no residentes (y, oficialmente, el 30% en manos de bancos centrales; de facto, mucho más), lo que ha permitido también refinanciar a bajo coste la deuda anteriormente emitida (de modo que su cotización caerá al subir los tipos de interés). El déficit fiscal financiado con nuevas emisiones y reduciendo el servicio de las antiguas se ha canalizado hacia los hogares vía reducciones de impuestos, impulsando el crecimiento de la demanda –sobre todo de consumo–, que se dirige hacia la importación y aboca al desequilibrio de la balanza por cuenta corriente. De modo que Roubini da la razón parcialmente a Bernanke.

En lo que no le da la razón es en el margen de sostenibilidad de esta situación, ya que los bancos centrales decidirán –antes pronto que tarde– diversificar sus carteras de reservas en orden a evitar pérdidas futuras de capital –cuando dejen de intervenir sobre su propio tipo de cambio y el dólar se deprecie– y a reorientar una estrategia de crecimiento que hasta ahora se ha basado en la exportación y el superávit de la balanza comercial (el denominado régimen de Bretton Woods II: RBWII), pero que ya está provocando un exceso tal de base monetaria que conduce a la aparición de burbujas y al sobrecalentamiento de las economías asiáticas (como sucedió en Europa y Japón con el RBWI), por mucho que las autoridades chinas hayan controlado la entrada de capitales para limitar tal expansión y esterilizado parte de la ampliación de la base monetaria derivada de su política de reservas (aproximadamente la mitad, según Altig y Roubini), emitiendo bonos denominados en Yuans.[41]

Porque si las cosas llegasen tan lejos como para provocar un aterrizaje forzoso en ese extremo del mundo, el golpe para el otro extremo sería tremendo, lo que retroalimentaría la velocidad y la profundidad de la propia caída asiática. De modo que la política oficial de los bancos centrales de esa zona –diseñada inicialmente para protegerse de crisis regionales como las de 1997/98– puede, de no desandarse el camino con sumo cuidado, constituir el desencadenante de una crisis mucho más estruendosa, porque esta vez será de naturaleza global. Hay muchas y muy buenas razones para que esta política cambie. Pero la más poderosa de ellas es que resulta conveniente no sólo para el sistema económico global –que también–, sino para sus propias economías, y en primer lugar para las de China e India.[42] De modo que el final de esa etapa es fácilmente previsible,[43] y existen ciertas probabilidades de que –aún a falta de mecanismos de coordinación– todos se vean obligados a actuar de forma cooperativa. Y ello, no por buena voluntad altruista, sino por el miedo a que un comportamiento free-rider produzca reacciones y retroacciones en cadena que conduzcan al caos. Si esto es así, el sistema económico global estaría manteniéndose en pie bajo el mismo tipo de equilibrio que resultó de la estrategia de disuasión atómica durante la guerra fría. Además, la coyuntura para acometer el cambio parece oportuna, dado que Japón aparenta finalmente salir de su largo letargo, y la abultada victoria del LDP permite avanzar por el camino de las reformas.[44]

Lo que está descartado, sin embargo, es que pueda darse un parto sin dolor. El cambio será doloroso en cualquier caso –y más doloroso, cuanto más se dilate–, porque la diversificación de activos interrumpirá el flujo de financiación hacia América, lo que se traducirá en una caída del dólar que resultará tanto más brusca cuanto más irresponsablemente actúen los asiáticos, por mucho que los norteamericanos hayan venido mordiendo la mano que les da pan –en palabras de Roubini–, al exigir a voz en grito la revaluación inmediata del Yuan. Esto quizá se deba a que, considerando inevitable el ajuste, Greespan y el Tesoro estuvieran buscando un chivo expiatorio al que endosarle la responsabilidad del desencadenamiento de la crisis y tratando de evitar, al mismo tiempo, que prosperen las tendencias proteccionistas que se abren paso entre la clase política[45] –algo que afecta también negativamente a las autoridades chinas–. Los expertos consideran que la libre flotación en el mercado produciría una revaluación del Yuan entre el 20% y el 30%.[46] Una caída tan rápida del dólar –con el consiguiente hundimiento de la demanda de bonos– induciría una fuerte elevación de los tipos de interés a largo plazo y una profunda caída en los precios de todos los activos sobrevaluados (algo muy parecido a lo ocurrido en Japón a comienzos de los noventa). Por contraposición a lo que reza la canción de Serrat, en este caso la verdad es triste, aunque no tenga remedio. O más bien, no tiene remedio halagüeño para el público norteamericano –y con él, para todos los que dependemos de una economía global asociada a la suya–. El único antídoto es un ajuste fiscal al que la administración republicana se resiste porque significa la negación de todo su programa económico. La conclusión de Roubini –que viene a unirse a una larga serie de economistas–[47] es tan rotunda que le lleva a vindicar al ex secretario del Tesoro, Larry Summers, cuando habló de “un equilibrio del terror financiero”:

“Sin un serio ajuste presupuestario y fiscal en EEUU una caída adicional del dólar difícilmente puede resultar benigna. Con ella mejoraría la balanza por cuenta corriente de EEUU pero solo mediante una caída del consumo y la inversión arrastrados por tipos reales de interés mucho más elevados, una vez que los bancos centrales extranjeros dejen de financiar beatíficamente el déficit gemelo de Norteamérica. Como dijo el ex secretario del Tesoro de EEUU, nos enfrentamos a un ‘equilibrio del terror financiero’, en el que la disminución de la buena voluntad de los bancos centrales de China y de otros países para financiar la imprudente política fiscal de EEUU conducirá a un aterrizaje real y financiero extremadamente duro.”

La revaluación del Yuan el 21 de julio de 2005 y la adopción por China de una política de flotación “sucia” –o sea, controlada, dirigida a mantener una cierta estabilidad y a limitar las fluctuaciones diarias a un 0,3%, política impropia del ideal neoclásico de los mercados “limpios” y perfectos–, vienen a ser la consecuencia casi inevitable de todo este razonamiento, que, aunque algo tarde, ha terminado por imponerse, arrastrando tras de sí a Malaisia en la adopción del régimen de tipo de cambio basket, band and crawl(BBC: “cesta, banda y paso lento”), practicado hasta ahora por Singapur con notable éxito.[48] Por otra parte, más vale que las autoridades chinas –y algunas otras– practiquen ahora políticas “sucias,” porque la liberalización inmediata de los movimientos de capitales por su parte conduciría a una interrupción tan rápida del flujo de financiación dirigido hacia América que la revaluación prevista del Yuan del orden del 20% se vería multiplicada por el efecto especulativo y precipitaría un aterrizaje verdaderamente aparatoso de la economía global, al desequilibrar todos los balances que acumulan activos denominados en dólares. Que los vaticinios de Roubini no resultan ya marginales lo prueba la acogida que reciben sus debates en la Econoblog de WSJ.[49]

El comentario de Krugman acerca de la nueva política cambiaria china resulta precavido, porque puede tratarse de un efecto teatral y meramente escénico, para frenar las tensiones proteccionistas en EEUU y Europa, pero también puede ser fruto de la interiorización por parte de las autoridades chinas –seguidas de la de Malaisia y de otros gobiernos asiáticos– de un análisis ampliamente compartido, lo que conduciría al mundo a un cambio de escenario mucho más profundo, para el que hay que estar preparados:

“... podría ser el comienzo de un proceso que pondrá boca abajo a la economía mundial –o, más exactamente, boca arriba–. Es decir, la barra libre con que China ha venido convidando a América –mediante la cual la economía más rica del mundo ha estado consiguiendo préstamos baratos de un país que crece con dinamismo, pero que todavía es considerablemente pobre–, se puede terminar.”[50]

Y si esto ocurriera así, sería el comienzo del fin del último sueño de la América republicana. ¿Con qué resultado? Ciertamente, a medio plazo, los equilibrios se restablecerán; sin embargo...

“En el corto plazo, alguna gente ganaría, pero otros perderían. Y sospecho que los perdedores excederían considerablemente en número a los ganadores. [Éstas serían malas noticias para la vivienda –quizá muy malas noticias, si la subida del tipo de interés pincha la burbuja–]

¿Y qué decir sobre los efectos estratégicos? En este momento América es una superpotencia que vive a crédito –algo que, según creo, no había sucedido desde que Felipe II gobernaba en España–. ¿Qué le sucederá a nuestra potencia si –y cuando– China nos retire nuestra tarjeta de crédito? Esta historia no ha hecho más que empezar.”

“Nunca antes la mayor potencia del planeta había hecho tanto con tan poco”, afirma, por su parte, Stephen Roach. Además, la catástrofe de Nueva Orleáns ha puesto de manifiesto su vulnerabilidad interior y provocado el hundimiento de la popularidad del presidente, dando lugar a un nuevo compromiso de gasto de cuantía similar al de la guerra de Irak –o incluso mayor–.[51] Con independencia de los efectos a medio plazo que el debate actual pueda tener sobre el papel del Estado en las democracias avanzadas –y sobre el papel y la responsabilidad de las distintas instancias o niveles del gobierno–, el efecto Katrina eleva aun más las perspectivas de déficit y endeudamiento de EEUU. Para Stephen Roach, el déficit presupuestario del Gobierno acabará situándose este año en el -3,5% del PIB, empeorando una tasa de ahorro neto del sector público que ya se situaba en el -2,1% del PIB durante el segundo semestre; la tasa media de ahorro de los hogares, que fue del 7,5% entre 1960 y 2000, cayó desde 2002 hasta un 1,5% del PIB –lo que ya significó un mínimo histórico desde la depresión de los treinta– y se encuentra actualmente en tasa negativa; finalmente, es previsible que los beneficios de las empresas desciendan durante 2006, por lo que la posición del país como demandante neto de ahorro se agravará (con el déficit de la balanza por cuenta corriente en torno al 7%),[52] añadiendo presión a una situación global ya muy delicada.

Así que el recreo en que han vivido los “nuevos economistas” desde la aparición del “nuevo paradigma” parece haber llegado a su término. Ahora hay que ponerse a hacer los deberes. Uno –ya lo vimos– es el de la trampa de liquidez, cuyo remedio estrictamente monetario –para salir del paso, como hizo Greenspan– toca también a su fin, como reconocía él mismo en un discurso que sonó a despedida anticipada:

“Asumo que estos desequilibrios se resolverán antes de que no nos quede otra elección y que, si no se resolvieran, la Fed tendría que oponerse a la tentación de monetizar el futuro déficit presupuestario.

A más corto plazo, es inevitable que el boom de la vivienda se calme. Como parte de ese proceso, disminuirá el volumen de ventas de casas –que alcanza actualmente niveles máximos históricos–, se desacelerará el aumento del precio de las viviendas y los precios podrían llegar, incluso, a disminuir. Por consiguiente, el credito hipotecario aflojará y con él perderá fuerza también el gasto personal de consumo.

La correlación asombrosamente elevada entre el aumento del crédito avalado por la propiedad de la vivienda y el déficit por cuenta corriente sugiere que el fin del auge de la vivienda podría inducir un aumento significativo de la tasa de ahorro personal, un descenso de las importaciones y la correspondiente mejora del déficit por cuenta corriente.

Sin embargo, no descarto por completo que el trabajo de investigación futuro pueda mejorar nuestra comprensión del comportamiento del precio de los activos, y, con ella, la dirección de la política monetaria.

Tengo pocas dudas de que mis sucesores, y los suyos, continuarán apoyando el liderazgo que ostenta el sistema financiero americano en una economía global cada vez más extensa.”[53]

Así pues, no queda otro remedio que enfrentarse al fondo de la cuestión; a las causas últimas que arrastran hacia ese pozo a las economías maduras.[54] Hasta ahora, aprovechando la bonanza del exceso de liquidez, Europa había cerrado los ojos, atrincherándose románticamente en el paraíso perdido de su Estado de bienestar (capaz de cubrir todos los riesgos, desde la cuna hasta la tumba) pero mostrándose incapaz de crecer y acumulando déficit público, financiado a bajo coste. Por su parte, América había escapado de él refugiándose en la ensoñación de unas bolsas milagrosas (las de la “feria de las vanidades”) y en una política monetaria todopoderosa, capaz de reproducir el milagro de la transformación del agua en vino y de las piedras en panes y peces.

Naturalmente, el despertar del sueño puede ser más o menos brusco. Una vez que la Fed renunció a liderar el proceso de ajuste, todo depende ahora del temple y el acierto en el manejo de la situación por parte de las autoridades chinas. Un desmontaje controlado y pausado del RBWII exige en primer lugar, medir los pasos y controlar a los mercados manejando adecuadamente el factor sorpresa, para evitar la especulación. Paradójicamente, esta tarea se ha dejado en manos de unas autoridades no sometidas al régimen de control de la opinión pública, cuyo margen de maniobra suele ser mayor que el de las democracias. Además, el Banco del Pueblo de China cuenta con todo el poder para manejar también el mercado de capitales –hacia adentro y hacia fuera– y la dirección de las inversiones en Occidente, de modo que puede pilotar –con la parsimonia adecuada para no perjudicar su propios intereses en el mercado– el deslizamiento en la composición de su cartera desde los bonos con bajo rendimiento situados en sus reservas hacia la inversión directa en activos industriales por parte de las grandes corporaciones chinas –fortaleciendo sus balances–, complementaria con su estrategia de desarrollo de la economía de mercado a largo plazo, lo que contribuiría a modular el efecto negativo sobre las bolsas de la elevación de los tipos de interés. Esta estrategia ya está dibujada,[55] y parece dirigirse hacia una “Unión Monetaria Asiática” –que tardará años en configurarse– y al restablecimiento de una política global de ortodoxia monetaria.[56]

Y la otra preocupación a la que hay que hacer frente es la del control del tipo de ciclos económicos a los que se enfrenta el siglo XXI. En primer lugar, quedan pocas dudas de que este primer ciclo no es el típico ciclo de negocios de tres o cuatro años, a los que estábamos acostumbrados desde la posguerra. Este es un ciclo económico de más larga duración, del que ya nos habíamos olvidado, al que, sin embargo, la Fed –y los demás operadores– ha tratado de hacer frente con los instrumentos monetarios, propios del ciclo de negocios.[57] Y, como no era tal, el remedio puede haber sido peor que la enfermedad –o, a lo sumo, no haber arreglado nada, sino retrasado el momento de afrontar un problema que cada vez se hace más grave–. Pero, además, no cabe la menor duda de que estamos ante un ciclo global, al que hemos respondido con instrumentos sólo adecuados para corregir los ciclos de las economías nacionales –algo que se ha visto agravado por el unilateralismo de la administración republicana–. Es como si pasásemos una noche de invierno al raso con una manta pequeña y, para evitar el frío en el pecho, descubriésemos el resto del cuerpo: el resfriado –o la neumonía– nos pillaría igual. Eso es lo que puede estar sucediendo en la economía global.

Apéndice: el nuevo ciclo económico en restrospección[58]

El rasgo distintivo del sistema internacional a comienzos del primer decenio del siglo XXI consiste en la incertidumbre acerca del tipo de ciclos económicos que produce la economía naciente, en un siglo que arranca marcado precisamente por la globalización, en la que la inestabilidad económica de unas áreas se contagia fácilmente a las restantes, de modo que el control de las fluctuaciones –así como la prevención de las crisis– se convierte en objetivo de interés común.

El largo ciclo de crecimiento norteamericano de los noventa se pareció demasiado al japonés de los ochenta, y el hecho de que las burbujas que se formaron durante este último dieran lugar a un decenio de recesión –de la que, en realidad, todavía no se ha salido– hacían temer ya en 2002 que nos encontrásemos ante un tipo de ciclo más parecido al decenal, descrito por primera vez por Clement Juglar en 1860, que al de cuarenta meses descrito por Kitchin en 1923, consagrados ambos por Schumpeter en 1939, para quien las fluctuaciones económicas asociadas a los grandes procesos de innovación –como el de la industria textil en 1790; la del vapor y el acero en 1842; la de la electricidad, la química y los motores en 1897; la de la electrónica y el automóvil en 1945; y, en este caso, la de la informática e Internet a partir de 1992–, provocan una gran onda –denominada ciclo Kondratieff–, que ha venido experimentando primero una fase alcista y luego otra descendente (de veinticinco años cada una, más o menos). Cada ciclo dura en conjunto algo más de cincuenta años y contiene, a su vez, seis ciclos decenales, compuestos de tres ciclos de cuarenta meses.[59]

Este último es el ciclo típico de los negocios de la segunda posguerra –período durante el que las fases recesivas duraban entre dieciocho y veinte meses–, provocado por la excesiva acumulación periódica de existencias, seguida de un período de ajuste y caída de la confianza del consumidor, durante el cual las empresas reducen su inversión, lo que aboca a la economía a la desaceleración y recesión subsiguiente. Se trata de un tipo de fluctuaciones que son hoy perfectamente conocidas, y, por eso mismo, no producen miedo alguno, ya que disponemos de las herramientas de política monetaria que resultan eficaces para combatirlas (no para neutralizarlas del todo, pero sí para minimizar su impacto negativo). Pero ¿son esas herramientas adecuadas para controlar los ciclos Juglar? Los economistas más rigurosos creen que no.

Al abandonar su cargo de secretario del Tesoro Norteamericano, Larry Summers declaró que los ciclos económicos a los que nos enfrentamos hoy son más parecidos a los de antes de la guerra que a los de la posguerra (Le Monde, 21/III/2001). Si esto fuera así –y parece que lo es– con el quinto Kondratieff que arrancó junto a la oleada de innovaciones asociadas a la llamada “nueva economía”[60] entraríamos también en una nueva serie de ciclos Juglar, contra los que no sirven los mismos remedios a los que estamos familiarizados, ya que todavía no sabemos bien cómo controlar las oleadas de euforia inversora y de “exuberancia irracional” de los mercados de valores.

Este problema fue intuido por primera vez por Alan Greespan, quien puso en guardia contra él al American Enterprise Institute en diciembre de 1996.[61] ¿Qué ocurrió después? Las consecuencias de sus palabras sobre los mercados parecieron asustarle. Además, la Fed había sido acusada de haber impedido, con su política proactiva, la reelección del presidente George Bush –padre– y el Consejo pareció optar por no volver a incurrir en el mismo “error”. Desde entonces, ya nadie nunca más podría acusar a la política monetaria de la Fed de dirigismo. “A los políticos les corresponde tomar decisiones; a los mercados, valorarlas y actuar en consecuencia. La política monetaria sólo es responsable de la estabilidad de precios, en un contexto lo más próximo posible al pleno empleo” –pareció decidir la Federal Reserve Board–. Esta dimisión de la autoridad monetaria iba a tener graves consecuencias en el futuro. Stephen Roach lo explica ahora de forma impecable:

“Ottmar Issing, del Banco Central Europeo, ha señalado que los mercados de activos plantean uno de los desafíos más grandes para la política monetaria puesta al día –y que los bancos centrales deben ahora sopesar ‘los riesgos asociados a la inflación de los precios de los activos y a la deflación subsiguiente’ [véase el editorial firmado por Issing el 18 de febrero de 2004 en The Wall Street Journal: ‘Dinero y crédito’]–. La Reserva Federal de Norteamérica considera las cosas de otro modo. Pero no siempre ha sido así. Hace algún tiempo, cuando la “economía de activos” de América todavía se encontraba en su infancia, a Alan Greenspan le preocupaba la ‘exuberancia irracional’. Pero enseguida cambió de parecer y se dedicó a defender la cultura de la propiedad engendrada por la nueva economía. En mi opinión, ésa fue una equivocación política de proporciones monumentales.”[62]

El problema es que con el nuevo tipo de ciclo económico los remedios de la política monetaria de la posguerra resultan contraproducentes, precisamente porque las fluctuaciones largas son fruto de la acumulación de desequilibrios mucho más profundos que los del ciclo Kitchin, y se reflejan en un endeudamiento insostenible de las familias y las empresas, e incluso de los países, como lo indicaba ya entonces la balanza de pagos de EEUU –y sigue haciéndolo ahora–, que había venido financiando su déficit por cuenta corriente con ingresos de capitales, atraídos por aquella misma exuberancia irracional de los mercados –prolongada después por la aparición del RBWII, y por la adquisición de bonos por parte de los bancos centrales asiáticos–. En el origen de estos desequilibrios está la exagerada estimación del potencial de crecimiento y rentabilidad de las innovaciones introducidas en la economía durante los años noventa –cuyos efectos no se dejarán sentir inmediatamente, sino a lo largo de todo el nuevo Kondratieff–. Y, precisamente porque los desequilibrios Juglar son mucho más profundos que los del ciclo de consumo y de existencias, su corrección requiere también períodos de ajuste más largos que los del ciclo de negocios: “¡Dos años más!” titulaba Business Week su número de la última semana de abril de 2001. Hoy han transcurrido más de cuatro años, pero el ajuste sigue pendiente. ¡Ojalá las autoridades chinas hayan estudiado a Schumpeter mejor que Alan Greenspan y actúen en consecuencia!

Si esto fuera así, las políticas monetarias y de tipos de interés tradicionales habrían estado produciendo efectos contrarios a los deseados, porque la introducción de una nueva oleada de tecnologías habría elevado la rentabilidad esperada del capital y las oportunidades de inversión rentable, elevando con ello también la demanda de capital (en forma de títulos-valores y otros activos de inversión). Esta elevación de la demanda –en la medida en que se mueve por expectativas racionales, orientadas por un análisis realista acerca del impacto previsible de la introducción de las nuevas tecnologías de la información sobre la productividad y de las economías de red sobre la rentabilidad del capital durante el ciclo largo– significa un aumento en el tipo de interés de equilibrio a largo plazo, que no es otro que el que iguala la demanda con la oferta de inversión (y, simétricamente, la oferta con la demanda de ahorro, para llevar a cabo tal inversión).

En cambio, como consecuencia de la política monetaria practicada, excesivamente laxa, –inducida, primero, por la presión de la nueva economía financiera, fundamentalmente especulativa, y continuada después por la política diseñada erróneamente por la Fed para combatir el ciclo Kitchin–, los tipos de interés reales no sólo no aumentaron, sino que disminuyeron hasta niveles mínimos en términos históricos, reduciéndose la oferta de ahorro de los países centrales, como se refleja en las magnitudes macroeconómicas que miden la necesidad neta de financiación de las economías desarrolladas.

Además, los accionistas mostraron durante todo el decenio pasado una abierta preferencia por la financiación de nueva inversión a través del endeudamiento –para no diluir sus derechos, y para controlar mejor a los gestores–. Como consecuencia de ello, el mercado de capitales consideró que las empresas que no se endeudaban fuertemente era porque no disponían de oportunidades de crecimiento, y que sus títulos ya no tenían recorrido alcista. Por esta causa, el aumento del volumen de recursos propios a través de la bolsa americana se tradujo en un movimiento simétrico de endeudamiento empresarial masivo, lo que, unido al escaso ahorro de los hogares, situó el ahorro nacional bruto de EEUU en 2003 en un mínimo histórico (el 13,1% del PIB).[63]

Así pues, la divergencia entre el tipo de ciclo y la política monetaria aplicada hizo que el componente de inflación de la demanda de inversión pasase prácticamente inadvertido, y que la política monetaria cayese en el mismo error cometido por Benjamín Strong, gobernador de la FED antes de la crisis de 1929: ignorar que la burbuja de los precios en el mercado de valores significaba que se estaba registrando un proceso de sobreinversión, enmascarado bajo la ficción de una inmensa sobrevaloración de los PER de las acciones (relación entre precio de la acción y dividendo, que llegó a situarse en marzo de 2000 entre 45 y 50,[64] frente a un promedio secular de 15, desequilibrio similar al de 1929), lo que facilitó desproporcionadamente la financiación de la llamada nueva economía. Porque los precios habían dejado de servir de orientación a la inversión.

De este modo la política monetaria practicada impulsó todavía más el ritmo de la inversión monetaria, ya de por sí muy elevada, como consecuencia de la elevación de las oportunidades y expectativas de beneficios. Ello condujo a un exceso de inversión, documentada en los correspondientes títulos-valores de activos. Dada la escasez de ahorro, este desequilibrio se compensó elevando la cotización de aquellos títulos en el mercado a nivel estratosférico (tanto más estratosférico cuanto mayor novedad supusiera la presencia de las empresas en los “nuevos mercados”, ya que, cuanto más nuevos y desconocidos, más apropiados resultaban para la especulación). La diferencia entre la elevación de la tasa de inversión y el descenso en la tasa efectiva de ahorro se colmó con la aparición de una burbuja en el mercado de acciones que neutralizó de forma ficticia la escasez de ahorro para financiar la nueva inversión, con la ayuda de la Fed y su política de fiat money. Esto fue explicado como el triunfo secular del sistema de financiación norteamericano –a través de la eficiencia del sistema financiero y el mercado de valores– del mismo modo que durante la década anterior el boom japonés se había explicado como el triunfo definitivo del tipo de management practicado por las empresas y la política industrial de aquel país.

Puede decirse que el sector de intermediación financiera se comportó en este caso como el catalizador de la burbuja, ya que sus ingresos dependen del movimiento y el valor de las transacciones de valores en el mercado, sin que se vean penalizados por el fallo en sus predicciones o recomendaciones: la superposición, en muchos casos, de su condición de gestores de patrimonios, de prescriptores-calificadores de las oportunidades de inversión, y de agentes de intermediación resultó explosiva. La estructura de este mercado desaconsejó durante toda la década a los intermediarios recomendar vender o abandonar títulos. Se dijo, con razón, que cuando el dinero –y los intermediarios– no tienen otro lugar adonde ir más que hacia arriba, la espiral de precios resulta estratosférica. Una espiral que se vio arrastrada en este caso por la llamada “manada electrónica”, que olvidó por completo los fundamentos del valor económico de los activos, que no son otros que su capacidad efectiva para producir un flujo continuado de beneficios: primero fueron los bonos basura, después los hedge funds y, más tarde, los nuevos mercados.

Ciertamente, la etapa ulterior ha conocido una verdadera fiebre regulatoria, tanto prudencial, como para prevenir y evitar la contaminación de intereses contrapuestos confiados a los mismos agentes económicos –que actúan en el mercado como intermediarios de un principal, que no es otro que el cliente de estas entidades financieras–. Hasta entonces se había confiado en que las llamadas “murallas chinas”, establecidas voluntariamente –con el propósito de impedir el uso de información privilegiada y que los analistas de riesgos se comunicasen con los de bolsa en el interior de los bancos de inversión– para impedir contagios entre los departamentos de análisis y de mercado bastaban para evitar la contaminación de los análisis.[65] La última burbuja financiera del siglo veinte demostró que esto no es suficiente: las oportunidades de negocio derivadas de unas previsiones optimistas terminan siempre por arrastrar a los analistas, asfixiando cualquier tipo de cautela, y como ésta había sido la tónica general –debido al efecto manada–, nadie se vio penalizado por su error cuando las previsiones se demostraron infundadas (salvo los gobernadores de los bancos centrales, que abrieron el grifo del dinero para evitar ser tomados como chivo expiatorio).

Esto es, durante el decenio de los noventa, frente a una fuerte elevación de las oportunidades de inversión en Norteamérica, la remuneración del ahorro se redujo artificialmente por causa de la política monetaria, de modo que el desequilibrio entre oferta y demanda de capital (o sea, entre demanda y oferta de ahorro) quedó reflejado en la burbuja que hinchó los precios de los activos mobiliarios, de la misma manera que había sucedido diez años antes con los activos inmobiliarios japoneses. Esa es la burbuja que se empezó a desinflar a comienzos de 2001, pero que permanecerá de uno u otro modo activa hasta que se reencuentre el equilibrio entre los precios y la remuneración de los activos de inversión a largo plazo –en circunstancias monetarias normalizadas, compatibles con la vuelta a una senda “natural” del ahorro–.

Como consecuencia de la desorientación inducida por la burbuja financiera, en 2002 la inversión tecnológica había sido excesiva en relación a las necesidades efectivas previsibles en el horizonte de amortización de los activos –del mismo modo que ya sucediera en el siglo XIX con los ferrocarriles en EEUU, a lo largo de tres oleadas sucesivas–. Por eso, de lo que se trataba en 2002 era de achatarrar buena parte de la inversión y de los títulos valores emitidos –y prescindir de parte del empleo contratado–, lo que tendría que haber conducido a la aparición de un “efecto riqueza negativo” –tanto más negativo, cuanto más bajo fuera el nivel de resistencia en que finalmente se estabilizase el índice de la bolsa, aunque los analistas más razonables no esperaban que el PER medio pudiera superar a largo plazo el nivel 20, con un redimiento esperado del 5%–. De haberse permitido este tipo de ajuste, los balances de los hogares y las empresas habrían experimentado el desequilibrio –dada su posición de endeudamiento, que era ya insostenible a medio plazo–, lo que les habría obligado a una dieta de ahorro –para equilibrar el balance societario y familiar–. En lugar de ello, la política de la Fed sostuvo la sobrevaloración de los activos y la reducción de impuestos de la nueva Administración republicana inyectó nuevos recursos, a costa de incurrir en un desequilibrio fiscal que sólo se pondrá de manifiesto cuando la inevitable desaceleración del crecimiento repercuta fuertemente sobre los ingresos públicos y cuando las cohortes del baby-boom empiecen a retirarse durante el próximo lustro (a partir de 2008).

Sin embargo, en ausencia de perspectivas de crecimiento alternativas de la demanda global –dada la situación de impasse de las economías europea y japonesa–, esta política ha permitido ganar tiempo y escalonar la tarea de ajuste a la que se enfrentaba en 2001 la economía norteamericana –y, contagiada por ella, la de muchos otros países– que era extraordinariamente compleja, ya que implicaba:

(1)   Achatarrar buena parte de los títulos valores y los múltiples chiringuitos.com creados durante la etapa especulativa, que no fueron otra cosa que pseudo-empresas utilizadas como soporte para la emisión de masas ingentes de papel, con las que se colmó el desequilibrio entre oferta y demanda de títulos valores.[66] Aunque la elevación de las oportunidades de inversión fuera real, el aumento efectivo no fue tanto como el de la demanda de valores –porque los emprendedores son un bien escaso y su reproducción consume tiempo–, de modo que el mercado financiero realizó el arbitraje de este desequilibrio echando mano de entelequias empresariales. Ese es el gas con el que se hinchó la burbuja financiera, especialmente visible en los llamados nuevos mercados, que se desinflaron rápidamente a comienzos de 2000. Pero, al desinflarse, el efecto riqueza se hizo negativo, cayó la demanda de consumo y aumentaron las existencias, lo que agudizó el exceso de inversión en que habían incurrido las empresas de la economía real. La Fed acudió al rescate, inyectando liquidez masiva, lo que palió la inevitable contracción de capital, pero no evitó que las empresas bloquearan su propensión a realizar nuevas inversiones.

(2)   El aumento de la morosidad del consumidor y de las empresas amenazaba con desequilibrar los balances de los bancos. Felizmente, en el caso americano la financiación de las empresas depende sobre todo de la bolsa y no de los bancos, como había ocurrido en Japón, de modo que el ajuste del valor de los balances en este caso apenas afectó al sistema bancario. En cambio, la posición de los bancos americanos estaba mucho más comprometida en la financiación del crédito al consumo, y se habrían visto afectados por la reestructuración de la deuda de los consumidores, que cuentan con óptimas oportunidades para hacerlo a través del capítulo siete del Código americano de quiebras. La política expansiva de la Fed lo evitó, pero ahora las necesidades de reestructuración han aumentado.

(3)   Una cierta contracción del crédito resultaba, pues, inevitable, por mucho que la FED se haya empeñado en combatirla y retrasarla, porque sólo a partir de un umbral razonable en el tipo de interés real aumentará el ahorro, y en ausencia de tal aumento el ajuste podría eternizarse. Hay que tener en cuenta que, por contraposición a lo que sucede en Japón –país con una población muy envejecida y con pautas de consumo y ahorro conservadoras–, en Norteamérica apenas existe riesgo de exceso de ahorro. Es más, la llegada de las generaciones del baby-boom a la edad de jubilación en el inmediato futuro producirá una transferencia de sus activos. Jeremy Siegel espera que la inversión directa de China e India pueda sustituir a los baby-boomers en su papel de tenedores y evitar el hundimiento de los mercados, paliando el desequilibrio de los balances.[67]

(4)   Un precio de los recursos financieros más acorde con las tasas de retorno razonablemente esperadas –aunque no tan elevadas como las alimentadas durante el boom– aboca a una reestructuración empresarial amplia, que consume tiempo, dado que la innovación también eleva las posibilidades de mejorar la productividad del trabajo. Esa es una de las razones por las que sólo tras cuatro años de “recuperación”, fuertemente protegida por la Fed, sus efectos empiezan a dejarse notar sobre el mercado de trabajo.[68] Sin embargo, a poco que la regularización de la política monetaria deje sentir sus efectos sobre la demanda, de una u otra forma el empleo se resentirá durante algún tiempo. Como la tasa de actividad ya ha caído 1,3 puntos desde su máximo cíclico anterior, esto elevará el desempleo y, con él, puede caer de nuevo la confianza del consumidor, superponiendo una fase recesiva del ciclo de negocios al ajuste todavía pendiente del ciclo decenal de inversión.

Sobre las perspectivas es mejor no pronunciarse todavía. Caminamos por un terreno desconocido, en el que el ciclo económico ya no es nacional, sino global, al igual que lo son los equilibrios entre oferta y demanda, como señala Stephen Roach.[69] No existe una sola modalidad de equilibrio posible. Caben múltiples equilibrios, pero ninguno está garantizado. Además, el sistema funciona sin gobierno. Sólo el pánico ante lo desconocido lo mantiene en un equilibrio simplemente disuasorio. Las ciencias de la complejidad indican que, en estas circunstancias, la aparición de cautelas y comportamientos prudenciales por parte de múltiples agentes heterogéneos –que, en ausencia de coordinación, resultan redundantes– es la única forma de evitar el caos o, más bien, de que la amenaza de caos conduzca a un nuevo orden y a la aparición de nuevas regularidades, ahora imprevisibles, al modo de una nueva mano invisible. Por el momento, conviene retener el esquema de lo ocurrido entre 1992 y 2001, y contrastarlo con lo que viene ocurriendo desde entonces. Eso es lo que se pretende en las dos partes del Diagrama (1A y 1B) adjunto.


Diagrama 1A. El primer ciclo decenal de la globalización, 1992-2000

Fuentes de liquidez en EEUUInversión preferidaLa nueva economía“Irrational exuberance”Malestar, crisis y valoes refugio
– Fed: Fiat money
– Ahorro de los hogares derivado del envejecimiento y de otros factores demográficos

 

Hedge Funds (mercados emergentes)
– Economías en transición
– Internet
– Control corporativo: IPOs, PTO, LBO
Mitos del nuevo paradigma:
– explosión productividad
– explosión PER
– mercado global perfecto
– expansión ilimitada
– Burbuja tecnológica
– Endeudamiento excesivo países periferia (dolar peg)
– Endeudamiento excesivo empresas periferia
– Desregulación masiva
Moral Hazard, fraude, corrupción
– Ingeniería contable
– A lo largo del decenio estallan cinco grandes crisis financieras (default)
– Marzo 2000: estalla la burbuja (el Nasdaq pasa en cinco años de índice 5000 a índice 2000)
– Valores refugio: bonos, casas, activos tangibles, reservas bancos centrales
– Los traumas de las crisis invierten las política cambiarias, presupuestarias y comerciales de los países afectados
Las economías de Asia adoptan el régimen Bretton Woods II (RBWII)
Reproducción de la liquidez y efecto de las crisis de los noventa:  

 

EFECTO RIQUEZA
APALANCAMIENTO
Reacciones ante la crisis. Respuestas políticas:  Resistencia al ajuste: la Fed retrasa el ajuste inundando de liquidez los mercados; Bush practica el keynesianismo republicano; el continente europeo bloquea las reformas de sus mercados y del Estado de bienestar; Japón no aplica políticas efectivas contra trampa de liquidez; Asia ancla sus monedas al dólar.

Diagrama 1B. El primer repecho quinquenal del nuevo ciclo, 2001-2005

Fuentes de liquidez globalEmpleo de los recursosRégimen Bretton Woods II: balanzasRégimen Bretton Woods II: EstadoAcumulación de desequilibrios
– Fed: Fiat money masivo
– Ahorro de hogares: ciclo vital del ahorro (asimetrías por incertidumbres sobre el Estado de bienestar)
– Reducción de impuestos: Curva de Laffer; economía Vudú
– Consumo en paises ricos con fuerte crecimiento
– Inversión inmobiliaria
– Inversión en bonos
– Inversion en activos materiales tangibles y recursos no renovables
– Inversión extranjera directa (FDI)
– Déficits de balanza C/C de países industrializados con fuerte crecimiento
– Superávits en países asiáticos (dolar Peg) y OPEP
– Superavits en países industrializados amenazados por la trampa de liquidez
– Déficit público EEUU: política exterior y fiscal
– Déficit público países industrializados escaso crecimiento (Japón, países grandes zona Euro)
– Total Zona OCDE 2005: déficit = -3,2% PIB
– Superávits: España, países nórdicos, Oceanía, Canadá, países asiáticos
– Expectativas de devaluación del dólar y de pérdida de valor de activos denominados en dólares
– Pinchazo burbujas de activos (problema: balance empresas, hogares, bancos)
– Distorsiones estructuras industriales países centro y periferia: reestructuraciones
– Amenaza de trampa de liquidez: largo período de ajuste con estancamiento
Equilibrio de liquidez a escala global: Reconducción del Régimen Bretton Woods II
  
    
Estabilizadores a medio plazo:  – Recuperación paridades monetarias de equilibrio a largo plazo: tipo cambio PPP
– Reformas: Estado bienestar; política monetaria; equilibrio presupuestario
                


ANEXO

La nueva curva de Phillips: costes laborales unitarios e inflación

Simplificándolo mucho, en la nueva curva de Phillips de Galí-Gertler (especificada en la ecuación número 15 de su trabajo) la inflación actual depende de los CLU y de la inflación esperada. Como es lógico suponer que ésta última dependerá, a su vez, de la evolución esperada de los CLU nominales (calculados por cociente entre el salario y la productividad por persona empleada, lo que implica que los salarios esperados contienen ya una previsión de inflación), una comprobación sencilla del modelo puede realizarse midiendo en qué medida la variabilidad de los deflactores del PIB desde 1971 es explicada por la de los CLU.

Esto es lo que se hace en este Anexo, al regresar los deflactores del PIB sobre los CLU (medidos ambos en tasas de variación). Puede observarse que los coeficientes de determinación (R2) para las tres áreas del G3 son superiores a 0,85, con un máximo en el caso de Japón, de 0,92. Para el conjunto de la Zona Euro la correlación es de 0,88 y dentro de ella todos los países –con las excepciones de Portugal (0,5) y Luxemburgo (0,1)–, tienen también coeficientes elevados (de 0,8 en media), con máximos en Francia (0,92), el Reino Unido (0,89), España (0,88) e Italia (0,87), y mínimos en Finlandia (0,62) y Suecia (0,74). Además, con las dos excepciones señaladas, todos los coeficientes de regresión (b) son significativos: en el G3 la variación de un 1% en los CLU significó variaciones de 0,7, 0,9 y 0,85 en los deflactores de la Eurozona, Japón y EEUU, respectivamente. Dentro de la Eurozona, la transmisión de los CLU del año en curso hacia la inflación fue máxima en Italia (0,86), España (0,85) y el Reino Unido (0,81).

Regresión del deflactor del PIB sobrelos CLU*. Variables tomadas en tasas anuales de variación (%), período 1971-2005**

    Coeficiente determinación R2 Coeficiente de regresión b Error del coeficiente CLU
Alemania0,790,600,06
Bélgica0,810,640,05
Dinamarca0,770,730,07
Francia0,920,790,04
Grecia0,800,810,07
Irlanda0,760,740,07
Italia0,870,860,06
Países Bajos0,780,680,06
Reino Unido0,890,810,05
Portugal0,510,590,10
Luxemburgo0,120,250,12
Austria0,810,560,05
Finlandia0,620,620,09
Suecia0,740,720,04
España0,880,850,06
EEUU0,850,850,06
Japón0,920,890,06
Zona Euro0,880,710,05

Notas:

(*) Costes laborales unitarios totales (CLU) y deflactores del PIB (DEF) tomados de OCDE, Economic Outlook (febrero 2005); base de datos BDSICE del Ministerio de Economía y Hacienda; CLU, series w13400a.... .w13424a; DEF, series w12100a.... w12124a. Para agregar los datos de la zona Euro los CLU nacionales se ponderan con la población asalariada y los DEF con el PIB.

(**) Para Japón: período 1976-2005.


      






[1] Véase “How to Detect a Bubble? Try the Original-Use Test”, Chet Currier, Bloomberg, 12/VII/2005,http://quote.bloomberg.com/apps/news?pid=10000039&cid=currier&sid=avotuFj8VcXs

[2] Véase “Too Much Money. A Global Savings Glut is Good for Growth – But Risks are Mounting”, BusinessWeeck online, 11/VII/2005.

[3] Véase Kevin L. Kliesen,“Do We Have a Saving Crisis?”, The Regional Economist, julio 2005,http://stlouisfed.org/publications/re/2005/c/pages/saving_crisis.html

[4] Véanse los materiales del symposium Private Debt and National Savings, Reserve Bank of New Zealand, http://www.msd.govt.nz/events/symposiums/05-June-09.html#top, 9/VI/2005.

[5]Para el caso del ahorro de los hogares, véase Comparison of Household Saving Ratios, ECB/OCDE, comunicado de prensa, 9/VI/2004, http://www.ecb.int/press/pr/date/2004/html/pr040609.en.html

[6] Véase Ben S. Bernanke, “The Global Saving Glut and the US Current Account Deficit”, 14/IV/2005, http://www.federalreserve.gov/boarddocs/speeches/2005/20050414/default.htm (sobre otro de 10/III/2005).

[7] Véase “Esta situación económica y financiera no puede durar”, entrevista a Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal, El País Domingo, 19/VI/2005.

[8] Véase Stephen Roach, “Global Resilience in a Vulnerable World”, 11/VII/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/20050711-mon.html.

[9] Véase Ben S. Bernanke, “The Global Saving Glut and the US Current Account Deficit”, ya citado.

[10] Véase S.M.I. Karlsson, “What Are We to Make of the Trade Deficit?”, http://www.mises.org/story/1762, 21/III/2005.

[11]Véase “Could Risky Mortgage Lending Practices Prick the Housing Bubble?”, Knowledge@Wharton, 7-20/IX/2005, http://knowledge.wharton.upenn.edu/article/1280.cfm

[12] Véase David Altig, “Are American Consumers Responsible for the Large Trade Deficits?”, 20/VII/2005, http://macroblog.typepad.com/macroblog/

[13] Véase la blog de Brad Delong, “Dials Moving into the Red Zone”, 13/VII/2005, http://www.j-bradford-delong.net/movable_type/

[14]Véase Ben S. Bernanke, “The Global Saving Glut…”, ya citado.

[15] Ibid.

[16] Véase Ludwig von Mises, “Stones into Bread: The Keynesian Miracle”, http://www.mises.org/story/1840

[17] Véase S.M.I. Karlsson, “Greenspan’s Mysterious Conundrum”, 12/VII/2005, http://www.mises.org/story/1859

[18] Véase Stephen Roach “Global Inflation Convergence”, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/20050719-tue.html

[19] Véase S.M.I. Karlsson, “The Future of the World Economy”, 29/IV/2005, http://www.mises.org/story/1804

[20] Ibid.

[21] En septiembre de 2005 el índice SP500 se situó en 1240, tras caer de 1500 a 800 entre el otoño de 2000 y el de 2002 (http://stockcharts.com/def/servlet/Favorites.CServlet?obj=ID369857&cmd=show[s57403520]&disp=O). El IBEX-35 superó el nivel medio de 1999 (http://www.ahorro.com/acnet/fichas/ficha_indice_graficos.acnet).

[22]Véase Nouriel Roubini, “Deja Vu Voodoo Economics... or Supply Side Voodoo Black Magic...”, 20/VI/2005, http://www.rgemonitor.com/blog/roubini/91202/

[23] Véase Richard Kogan e Isaac Shapiro, “Revenue Collections in 2005: What Does the Recent Increase in Revenues Signify?”, http://www.cbpp.org/7-12-05bud.htm

[24] Véase Eric Chaney y Stephen Li Jen (con Takehiro Sato y David Miles), “Euroland: Debating the Liquidity Trap Hypothesis”, 12/VII/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/20050712-tue.html

[25] Véase OCDE, Economic Outlook,nº 77, 2005, base de datos, anexo, tablas 11 y17.

[26] Véase Jordi Galí y Mark Gertler, “Inflation Dynamics: A Structural Econometric Analysis”, Journal of Monetary Economics, 44 (1999), pp. 195-222, http://www.nyu.edu/econ/user/gertlerm/jme99.pdf

[27] Véase Katharine S. Neiss y Edward Nelson, “Inflation Dynamics, Marginal Cost, and the Output Gap: Evidence from Three Countries”, mayo 2002, http://www.nber.org/~confer/2002/isom02/nelson.pdf

[28] Véase Marika Karanassou, Héctor Sala y Dennis J. Snower, “The European Phillips Curve: Does the NAIRU Exist?”, Applied Economics Quarterly, 2003, nº 49 (2), pp. 93-121. También en ftp://ftp.iza.org/dps/dp876.pdf [IZA DP 876].

[29]Véase Eric Chaney, “Euroland: Jobs or Wages?”, 18/VII/2005, actualizado (entre corchetes) con “Discounting Higher Oil Prices”, 7/IX/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/latest-digest.html

[30] Véase Miguel Ángel Fernández Ordóñez, “La política de Competencia en España”, Papeles de Economía Española, nº 100, 2004, “25 años de Información Económica”, vol. II, pp. 124-132.

[31] Véase José Viñals Iñiguez, “El modelo económico y social europeo: ¿una trinidad inconsistente?”, nº 820, enero-febrero 2005, pp. 55-71, http://www.revistasice.com/Estudios/ICE/ICE1-new.asp

[32] Véase Richard B. Freeman, “The Large Welfare State as a System”, American Economic Association Papers and Proceedings, vol. 85, nº 2 (1995), pp. 16-21.

[33]Véase Carla Massidda, “Estimating the New Keynesian Phillips Curve for Italian Manufacturing Sectors”, enero 2005, FEEM Working Paper, nº 12.05, http://ssrn.com/abstract=657142

[34] Véase BIS 75th Annual Report, 27/VI/2005, p. 74, http://www.bis.org/publ/arpdf/ar2005e.pdf

[35] Véase Eric Chaney et alia, “Euroland: Discounting Higher Oil Prices”, 7/IX/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/digests.html

[36] Véase OCDE, Economic Outlook,nº 77, 2005, base de datosd, anexo, tablas 12, 11 y16. Para las perspectivas, véase Karlsson, “The Future of the World Economy”, ya citado. Para el arraigo de las ideologías bienestaristas en el país fundador del Estado de bienestar bismarckiano, véase Frank Vogelgesang,“The Meltdown of the German Welfare State”,  22/VII/2005, http://www.mises.org/story/1868. De ahí que en la última confrontación electoral alemana los partidos hablasen de un “choque de civilizaciones políticas” (Richtungswahlkampf).Véase Tilman Spengler, “Germany’s Time of Choice”, 13/IX/2005, http://www.opendemocracy.net/globalization-institutions_government/election_2825.jsp#. Finalmente, el empate entre los dos grandes partidos y la distribución del voto entre los menores hicieron extremadamente difícil la búsqueda de una coalición viable de gobierno tras las elecciones del 18 de septiembre, que reflejaron la situación de bloqueo en el proceso de elección social al que se enfrenta la sociedad alemana. En Un problema de elección social: la reforma del Estado de Bienestar en Europa (RIE, DT 2004/8) interpreté este estado de las preferencias sociales en términos del “Teorema de la Imposibilidad”, de Kenneth Arrow, que apela a fórmulas de democracia consociativa. De ahí que Dieter Nohlen considerase “razón y necesidad de Estado” la formación de un gobierno de gran coalición (http://www.dw-world.de/dw/article/0,1564,1714100,00.html).

[37]Véase Grant Nülle, “Is the Euro Forever?”, 26/VII/2005, http://www.mises.org/story/1857

[38] En “Euroland: Debating the Liquidity Trap Hypothesis”, ya citado.

[39] Brad Setser es Head of Global Research de rgemonitor.com, el servicio económico de Nouriel Roubini.

[40]Véase “Does Overseas Appetite for Bonds Put the US Economy at Risk?”,Econoblog, The Wall Street Journal, 29/III/2005, http://online.wsj.com/public/resources/documents/econoblog03292005.htm

[41] Véase Nouriel Roubini y David Altig, “Whither the Yuan?”, Econoblog, The Wall Street Journal, 21/VII/2005, 6:38pm, http://online.wsj.com/public/article/0,,SB112195421057192103,00.html

[42] Sobre el caso de China, véase Morris Goldstein, “Adjusting China’s Exchange Rate Policies”, Institute for International Economics, http://www.iie.com/publications/wp/wp04-1.pdf. Sobre la estrategia india, véase Ajay Shah e Ila Patnaik, “India’s Experience with Capital Flows: the Elusive Quest for a Sustainable Current Account Deficit”, mayo 2005, http://papers.nber.org/papers/w11387.pdf

[43] Véase Nouriel Roubini y Brad Setser, “Will the Bretton Woods 2 Regime Unravel Soon? The Risk of a Hard Landing in 2005-2006”,http://pages.stern.nyu.edu/~nroubini/papers/BW2-Unraveling-Roubini-Setser.pdf

[44] Véase Takehiro Sato, “Japan: Towards 3% Real Growth”, 25/VII/2005, y Robert Alan Feldman, “Japan: Stunning Beyond Belief – Victory to Speed Reform”, 12/IX/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/digests.html

[45]Véase Stephen Roach, “Global: An Awesome Move by China”, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/20050722-fri.html#anchor3

[46] Véase “Jeremy Siegel on the Yuan: Buying China Some Time”, Knowledge at Wharton, 27/VII-9/VIII/2005, http://knowledge.wharton.upenn.edu/article/1256.cfm

[47] El propio Roubini cita a “Rubin, Sinai and Orszag, Summers, Peterson, Roach, Gross, Bergsten, the IMF, Rogoff, Obstfeld and Eichengreen, just to cite a few. Even Greenspan is seriously concerned, and similarly, many other Fed governors (Geithner, Ferguson, Yellen and Hoenig)”, en “Does Overseas Appetite for Bonds Put the US Economy at Risk?”, ya citado.

[48] Véase Stephen L Jen, “Currencies: RMB, a Baby Step Towards a BBC”, 22/VII/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/20050722-fri.html. También, John Burton,Singapore Sees ‘Basket, Band and Crawl’ System as Template for E. Asia”, Financial Times, 23/VII/2005, http://news.ft.com/cms/s/d962a6fe-fb15-11d9-a0f6-00000e2511c8.html

[49] Véase la posición de Roubini en Nouriel Roubini y David Altig, “Whither the Yuan?”, ya citado.

[50] Véase Paul Krugman, “China Unpegs Itself”, NYT, OP-ED, 22/VII/2005, http://www.nytimes.com/2005/07/22/opinion/22krugman.html?hp

[51] Véase Dan Balz, “A Bid to Repair a Presidency”, Washington Post, 16/IX/2005, A01.

[52] Véase Stephen Roach, “The Shoestring Economy”, 9/IX/2005, y “Last Hurrah for Bonds”, 9/IX/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/digests.html

[53] Vease Alan Greenspan, “Closing Remarks”, 27/VIII/2005, http://www.federalreserve.gov/boarddocs/speeches/2005/200508272/default.htm

[54]Véase Álvaro Espina, Sobre estabilidad de precios, deflación y trampas de liquidez en el G3, Real Instituto Elcano,Documento de Trabajo/Working Paper 2004/2, 19/I/2004, versión electrónica (DT 3/2004, 13/I/2004), http://www.realinstitutoelcano.org/documentos/84/84.pdf; y Deflación y trampa de liquidez revisitadas: EEUU tras el cambio de política de la Fed, Real Instituto Elcano, ARI nº 115/2004, 30/VI/2004, http://www.realinstitutoelcano.org/analisis/542.asp. Un documento combinado y actualizado se encuentra en fase de revisión.

[55] Véase “Chinese Firms: Taking a gamble on finding Customer Abroad”, Knowledge at Wharton, 27/VII-9/VIII/2005, http://knowledge.wharton.upenn.edu/article/125o.cfm.También “La oferta de CNOCC por Unocal, ¿es una amenaza para Estados Unidos?”, Boletín de Universia-Knowledge@Wharton, 27/VII-9/VIII/2005, http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1003&language=spanish

[56] Véase Stephen L. Jen, “CNY: Regime Shift to Lead to Monetary Orthodoxy”, 9/IX/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/digests.html

[57] Véase el apéndice que sigue. Para una brújula orientativa del nuevo ciclo en Europa, véase Eric Chaney, “Euroland: A Compass for the Cycle”, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/20050728-thu.html

[58] La primera versión de este Apéndice puede verse en Álvaro Espina, “Mujer, desarrollo económico y libertad en un mundo globalizado”, en Dolors Renau (coord.) et alia, Globalización y mujer, Editorial Pablo Iglesias, Madrid, 2002, pp. 57-149.

[59] Véase J.A. Schumpeter, Business Cycles, McGraw Hill, NY, 1939, vol. 1, pp. 164-174. Según esta interpretación, la fase descendente del cuarto Kondratieff se habría iniciado con la crisis de los años setenta y habría terminado a comienzos de los noventa. La Revista de Occidente nos encargó a J. Arango y a mí una interpretación histórica y prospectiva para el número inaugural de su nueva época, Ante los años ochenta (Rojo et alia, 1980). Yo pensaba que el mejor modelo interpretativo de la dinámica económica de largo plazo de que disponemos es la de Schumpeter. Arango era escéptico. La mezcla resultante se tradujo en un compromiso desde mi punto de vista poco convincente (aparecida bajo el título “La venganza de Malthus. Ciclos económicos e historia”, en ese número, pp. 43-66). En 1998 yo desarrollé mi visión de esta dinámica –analizada desde el interior de la empresa, bajo una inspiración estrictamente Schumpeteriana– en Empresa, competencia, competitividad: la contribución de las economías externas, Fundación Argentaria, Grandes Cuestiones de la Economía, nº 18.

[60] Una evaluación de la mitología y la realidad en la nueva economía, en Álvaro Espina, “¿Hacia una nueva edad dorada del empleo?”, Actas del tercer Congreso de Economía de Navarra, Gob. de Navarra, 1999, pp. 185-216.

[61] Véase su “Irrational Exuberance Speech”, http://www.geocities.com/ecocorner/intelarea/ag1.html

[62] Véase S. Roach, “From Bubble to Bubble”, 24/VI/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/20050624-fri.html

[63] Véase OCDE, Economic Outlook,nº 77, 2005, base de datos, anexo, tabla 24.

[64] Véanse las discusiones entre Jeremy Siegel –profesor de Wharton y autor del bestseller Stocks for the Long Run– y R.J. Schiller –profesor de Yale y autor del no menos vendido Irrational Exuberance– sobre el suelo al que previsiblemente iban a caer los PER. Para Schiller, las cotizaciones eran todavía demasiado elevadas después de la corrección. Para Siegel, el PER 21 del indice S&P 500 a finales de abril de 2002 ya era razonable, pero después volvió a subir. Y si hubo exuberancia irracional, también podría aparecer en cierto momento el miedo psicológico. Véase el debate enhttp://knowledge.wharton.upenn.edu/index.cfm?fa=viewfeature&id=351 y http://knowledge.wharton.upenn.edu/index.cfm?fa=viewfeature&id=577

[65] En España, tras el escándalo de Gescartera estas medidas se adoptaron en la Ley 44/2002, de 22 de noviembre, de Medidas de Reforma del Sistema Financiero, BOE, nº 281, 23/XI/2002.

[66] “La demanda de los inversores era tan fuerte, que no teníamos qué venderles”, confesó Henry Blodget, el analista de Internet de Merrill Lynch, elegido como el mejor de la industria durante la fiebre del oro. “Si Merrill hubiera tenido un analista emitiendo premoniciones sobre el apocalipsis, no hubiera atraído a firmas tecnológicas como clientes para las ofertas públicas mas lucrativas de Wall Street”. Para este gurú el análisis del cambio de coyuntura resultaba bien sencillo: “Las cosas cambian. El mercado pasó de decir: nos gustan las empresas que crecen rápidamente aunque pierdan mucho dinero, a decir: queremos ver ganancias. Es muy difícil prever un cambio de 180 grados como este” (The New York Times-El País, 24/IV/2001, p. 22). Sin embargo, la sobreinversión era fácilmente previsible: el 97% de la fibra óptica instalada no contaba con perspectivas de demanda futura. Sólo en el sector de telecomunicaciones se estimaba que se producirían pérdidas por valor de 150.000 millones de dólares del capital invertido, repartidas así: 30.000 para los bancos, 40.000 para los bonistas y 80.000 para los accionistas (El País, 13/V/2001).

[67] Véase “Jeremy Siegel on the Yuan: Buying China Some Time”, ya citado.

[68] Véase Richard Berner, “United States: Are Labor Markets Tight?”, 22/VII/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/20050722-fri.html

[69] Véase “Global: No Bottlenecks without a Bottle”, 21/VII/2005, http://www.morganstanley.com/GEFdata/digests/20050721-thu.html

 
 

¿Un Nuevo Siglo Americano? Irak y la guerra oculta entre el dólar y el euro.

¿Un Nuevo Siglo Americano? Irak y la guerra oculta entre el dólar y el euro.

F. William Engdahl

A pesar del aparentemente rápido éxito militar de EEUU en Irak, todavía el dólar norteamericano tiene que mostrar beneficios como paraíso monetario. Este es un desarrollo inesperado, ya que muchos cambistas habían esperado que el dólar se fortaleciera con las noticias de la victoria de EEUU. El capital está huyendo del dólar, principalmente hacia el euro. Muchos han comenzado a preguntarse si la situación económica de los EEUU es mucho peor de lo que sugiere el mercado de valores. El futuro del dólar está lejos de ser una cuestión menor de intereses sólo bancarios o cambistas. Se levanta en el corazón de la Pax Americana, o de lo que se ha llamado, el Siglo Americano, el sistema de acuerdos en que descansa el rol de los EEUU en el mundo.

Sin embargo, aún cuando el dólar esta cayendo frente al euro tras el fin de la lucha en Irak, pareciera que Washington esta empeorando deliberadamente la caída del dólar, según los comentarios del público. Lo que está ocurriendo es un juego de poder del más alto significado geopolítico, el más cargado de consecuencias quizás, desde la emergencia de EEUU en 1945 como el poder económico dominante.

La coalición de intereses que aceptaron la guerra contra Irak como una necesidad estratégica para los Estados Unidos, incluía no sólo a los halcones neoconservadores altamente visibles, del entorno del Secretario para la Defensa Rumsfeld y su adlater, Paul Wolfowitz. Incluía también a intereses permanentes poderosos, de los que depende la influencia económica global de EEUU, tales como el influyente sector de la energía en torno a Halliburton, Exxon Mobil, Chevron Texaco y otras grandes multinacionales. Incluyó también a los inmensos intereses de la industria de defensa, nucleados en torno a Boeing, Logkheed-Maron, Raytheon, Northrop-Grumman y otros. El problema para estos gigantescos conglomerados de la energía y de la defensa no es el de unos pocos gordos contratos con el Pentágono para reconstruir las plantas petroleras de Irak y repletar los bolsillos de Dick Cheney o de otros. Se trata de un juego por la misma continuidad del poder americano a lo largo de las próximas décadas del nuevo siglo. Esto no quiere decir que no se obtuvieran ganancias en el proceso, pero este es sólo un subproducto del tema estratégico global.

En este juego de poder, lo que menos se entiende es la importancia de preservar al dólar como la moneda de reserva, como un factor dirigente que contribuyó en los meses pasados en los cálculos de poder de Washington sobre Irak . La dominación de EEUU sobre el mundo reposa en última instancia sobre dos pilares—su aplastante superioridad militar y, especialmente en los mares; y su control de los flujos de la economía mundial a través del papel del dólar como divisa mundial de reserva. Cada día queda más claro que la Guerra de Irak fue más que nada en torno a la preservación del Segundo pilar –el papel del dólar. En el rol del dólar, el petróleo es un factor estratégico.

El Siglo Americano: las tres fases


Si miramos hacia atrás, a todo ese período desde el final de la Segunda Guerra Mundial, podemos identificar barias fases muy distintas de evolución acerca del papel de EEUU en el mundo. La primera fase, que comenzó en el período inmediato de la posguerra , 1945-1948, en la partida de la Guerra Fría, podría llamarse el Sistema de Padrón de Oro de Bretón Woods.


Bajo el sistema de Bretón Woods, inmediatamente después de la Segunda Guerra, el orden se mantuvo relativamente tranquilo. EEUU había salido de la guerra claramente como el único superpoder, con la más poderosa base industrial y con mayores reservas de oro que cualquier otra nación. La tarea inicial fue reconstruir a Europa Occidental y crear una Alianza Atlántica (NATO) en contra de la Unión Soviética. El rol del dólar se ató directamente al del oro. Mientras EEUU disfrutó de las más grandes reservas de oro, la economía de EEUU fue de lejos la más productiva y eficiente, la estructura cambiaria completa de Bretón Woods, desde el Franco francés a la Libra Esterlina británica y el Marco alemán, se mantenía estable. Los créditos en dólares se extendieron junto con la asistencia del Plan Marshall y financiaron la reconstrucción de la Europa asolada. Las compañías americanas, entre ellas las multinacionales petroleras, ganaron fortunas al dominar el comercio en los comienzos de los 1950. Incluso Washington apoyó la creación del Tratado de Roma en 1958, a fin de fortalecer la estabilidad europea y crear así un más amplio mercado para la exportación americana. En su gran parte, esta fase inicial que el editor de Time Henry Luce llamó "El Siglo Americano", en términos de ganancias económicas, fue relativamente "benigna" tanto para EEUU como para Europa. EEUU todavía tenía la suficiente flexibilidad económica para moverse.

Ésta fue la era de la política exterior liberal de los EEUU. Los EEUU era el poder hegemónico en la comunidad Occidental de naciones. Como poseía aplastantes recursos económicos y en oro, comparados con los de Europa Occidental o Japón o Corea del Sur, y EEUU podía darse el lujo de mantener su comercio abierto a las exportaciones europeas y japonesas. Este intercambio con Europa y Japón apoyaba el rol de EEUU durante la Guerra Fría. El liderato americano se basó en los 1950 y principios de los 1960 menos en la coerción directa y más en la elaboración de consensos, sea en las rondas del GATT o en otras cuestiones. Organizaciones de elites, tales como las reuniones de Bildenberg, se organizaron para compartir consensos en evolución entre EEUU y Europa.


Esta primera fase más o menos benigna del Siglo Americano, llegó a su fin a principios de los 1970.


El Estándar de Oro de Bretón Wood comenzó a venirse abajo, a medida que Europa se puso en pie económicamente y comenzó a ser un fuerte exportador a mediados de los 1960. Esta fuerza económica creciente en Europa Occidental coincidía con el aumento de los déficits públicos en EEUU, mientras Jonson escalaba la trágica guerra en Vietnam. A lo largo de los 1960, de Gaulle en Francia comenzó a tomar sus ganancias de exportación en dólares y a reclamar oro de la Reserva Federal de los EEUU , lo que en aquellos tiempos era legal bajo las reglas de Bretón Woods. Hacia noviembre de 1967, el drenaje de oro de las bóvedas de EEUU y del Banco de Inglaterra llegó a ser crítica. El eslabón débil en los acuerdos del Estándar de Oro de Bretton Woods era Gran Bretaña, "el hombre enfermo de Europa". El lazo se cortó cuando en 1967 se devalúa la libra esterlina. Esto solamente aceleró la presión sobre el dólar, mientras Francia y otros bancos centrales aumentaban sus reclamos por oro norteamericano a cambio de sus reservas en dólares. Ellos calculaban con el ascenso de los déficits de la Guerra de Vietnam, y que sólo será cuestión de meses que el propio EEUU devaluara contra el oro, para vender su oro a más alto precio.


Hacia mayo de 1971, la salida de oro de la Reserva Federal se volvía alarmante, y hasta en Banco de Inglaterra se unió a los franceses en la demanda de oro por sus dólares. Este fue el punto donde en vez de arriesgar el colapso de las reservas de oro en los EEUU, la Administración Nixon optó por abandonar el oro completamente, lanzándose hacia un sistema de divisas flotantes en agosto de 1971. La quiebra con el oro, abrió la puerta a una fase enteramente nueva del Siglo americano. En esta nueva fase, el control sobre la política monetaria fue, en efecto, privatizado, con grandes bancos internacionales tales como Citibank, Chase Manhattan o Bardays asumiendo el rol que habían tenido los bancos centrales en el sistema de oro, pero completamente sin oro. Serían "las fuerzas del Mercado" las que ahora determinarían el precio del dólar. Y lo hicieron con una venganza.


La libertad de flotación del dólar, combinada en 1973 con el ascenso de los petróleos de OPEC en un 400%, después de la Guerra de Yom Kippur, creó la base para una segunda fase del Siglo Americano, la fase del Petrodólar.


Reciclando petrodólares


A comienzos de la primera mitad de los 1970, el sistema de dominación económica global del Siglo Americano, experimentó un cambio dramático. Una sacudida petrolera anglo-americana repentinamente creó una enorme demanda de dólares flotantes. Países importadores de petróleo como Alemania, Argentina o Japón, todos se enfrentaron con el problema de cómo exportar en dólares para pagar sus costosas importaciones de petróleo. Los países petroleros de la OPEC fueron inundados con nuevos dólares petroleros. Una partida mayor de estos dólares llegaron a bancos de Londres y de Nueva York donde se instituye un nuevo proceso. Henry Kissinger lo llamo "reciclaje de petrodólares". La estrategia de reciclaje fue discutida ya en mayo de 1971 en la reunión de Bildenberg en Saltjoebaden, Suecia. Fue presentada por los miembros americanos de Bildenberg, como se detalla en el libro Mit der Olwaffe zur Weltmacht (1)


La OPEC repentinamente se estremecía de dólares que no podía usar, y los bancos del Reino Unido tomaron los dólares de la OPEC y los reconvirtieron como bonos o préstamos en Eurodólares para el Tercer Mundo, desesperado por encontrar dólares para sus importaciones de petróleo. El crecimiento de estas deudas de petrodólares hacia finales de los 1970 echó las bases para la crisis de la deuda del Tercer Mundo en los 1980. Cientos de miles de millones de dólares fueron reciclados entre la OPEC, los bancos de Londres y Nueva York y de regreso a los países deudores del Tercer mundo.

Hacia agosto de 1982, la cadena finalmente se rompió y México anunció que ´rbablemente iría al default en el pago de los préstamos en eurodólares. Comenzaba la crisis de la deuda del Tercer Mundo, cuando Paul Volcker y la Reserva Federal de EEUU unilateralmente alzaron las tasas de interés a fines de 1979, para tratar de salvar al dólar de su caída. Después de tres años de intereses en niveles record de altura, el dólar fue "salvado", pero el sector en desarrollo fue completamente afectado económicamente con los intereses usurarios de EEUU a sus deudas en petrodólares. Para hacer obligatorio el pago de las deudas a los bancos de Londres y nueva York, los bancos echaron a andar al FMI para que actuara como "policía de la deuda". Los gastos públicos en salud, educación, seguridad social fueron abatidos por orden del FMI para asegurar que los bancos recibieran el pago puntual de sus servicios de deuda sobre sus petrodólares.

 

La fase de hegemonía del petrodólar fue un intento del establecimiento norteamericano para demorar su declinación geopolítica como centro hegemónico del sistema de la posguerra. "El Consenso de Washington" del FMI se desarrolló para reforzar la recolección draconiana de la deuda de los países del Tercer Mundo, forzarlos a repagar deudas en dólares, prevenir cualquier independencia económica de las naciones del Sur, y mantener a flote al dólar y a los bancos de EEUU. La Comisión Trilateral fue creada por David Rockefeller y otros en 1973 a fin de considerar la reciente emergencia de Japón como un gigante industrial y tratar de pastorear a Japón hacia el sistema. Japón, como una nación industrial mayor, era un importador importante de petróleo. El excedente japonés que provenía de la exportación de automóviles y otras mercaderías fue usado para comprar petróleo en dólares. En excedente restante fue invertido en bonos del Tesoro de EEUU para ganar intereses. El G-7 se fundó para mantener a Japón y a Europa Occidental dentro del sistema del dólar de EEUU. E tiempo en tiempo hacia los 1980, se alzaron diversas voces en Japón parta reclamar tres divisas—el dólar, el marco alemán y el Yen que compartieran el papel de reservas mundiales. Eso no ocurrió nunca. El dólar permaneció dominante.

Desde un punto de vista estrecho, la fase hegemónica del petrodólar parecía funcionar. Pero por debajo, se basaba en una acentuación de la declinación económica en todo el mundo, en lo que se refiere a los niveles de vida, a medida que el FMI destruía con sus políticas el crecimiento nacional, e impulsaba mercados abiertos para globalizar a las multinacionales que buscaban abaratar su producción, en los 1980 y especialmente en los 1990.

Así, aún en la fase del petrodólar, la política económica internacional Americana, y su política militar, eran dominadas por las voces del consenso liberal tradicional. El poder norteamericano dependía de la negociación periódica de nuevos acuerdos comerciales o de otra índole, con sus aliados en Europa, Japón y el Este de Asia.


¿Un Petroeuro rival?

En final de la Guerra Fría y la emergencia de una nueva Europa Unida, y la emergencia de la Unión Monetaria Europea a comienzos de los 1990s, comenzó a representar un desafío enteramente nuevo al Siglo Americano. Tomó algunos años, más de una década después de la Guerra del Golfo, para que este nuevo desafío emergiera a la luz pública. La presente guerra de Irak sólo es inteligible como una batalla mayor en la nueva, tercera fase, por asegurar la dominación Americana. Ya se ha bautizado a esta fase, la del "imperialismo democrático", un término favorito entre Max Boot y otros neo-conservadores. Como lo sugieren los sucesos de Irak, esta fase tiene muy poco de democrática y si mucho de imperialista.


A diferencia de los primeros períodos después de 1945, en la nueva era, la libertad de EEUU para dar concesiones a los otros miembros del G-7, se esfumó. Ahora el poder desnudo es el único vehículo para mantener el dominio americano a largo plazo. La mejor expresión de este argumento proviene de halcones neo-conservadores del entorno de Paul Wolfowitz, Richard Perle, William Kristol y otros.


El punto a destacar, sin embargo, es que los neo-conservadores gozan de tal influencia desde el 11 de septiembre, dado que una mayoría del establecimiento de poder en EEUU encuentra útiles sus puntos de vista para sustentar el nuevo rol agresivo de EEUU en el mundo.


En vez de trabajar en áreas de acuerdo con sus socios europeos, crecientemente Washington ve a "Euroland" como una gran amenaza 3estratégica a la hegemonía norteamericana, especialmente a "la Vieja Europa" de Alemania y Francia. Justo como lo hacía Gran Bretaña en su decadencia, cuando después de 1970 recurría a guerras imperialistas desesperadas en África del Sur y otros lugares, así también EEUU está usando su potencia militar para tratar de alcanzar lo que ya no puede por medios económicos. Aquí el dólar es el talón de Aquiles.


Con la creación del euro a lo largo de los últimos cinco años, un elemento enteramente nuevo se ha agregado al sistema global, uno que define lo que podríamos llamar la tercera fase del Siglo Americano. Esta fase, en la que la última guerra de Irak juega un rolo principal, amenaza con acarrear una nueva y maligna fase imperial que reemplace las fases previas de la hegemonía americana. Los neo-conservadores mantienen abierta una agenda imperial, aun cuando voces más tradicionalistas en la política de EEUU traten de negarlo. La realidad económica que enfrenta el dólar en la partida del Nuevo siglo, define la nueva fase de manera ominosa.


Hay una diferencia cualitativa que se alza entr5e las dos fases iniciales del Siglo americano –la de 1945-1973, y la de 1973-1999—y la nueva fase emergente de dominación continua tras los ataques de 11.9 y la Guerra de Irak. El poder americano post-1945, fue predominantemente el de un hegemon. En tanto un hegemon es el poder dominante, en una distribución desigual del poder, su poder no se genera solo por la coerción, sino también a través del consentimiento de los poderes aliados. Esto porque el hegemon se ve obligado a realizar ciertos servicios a sus aliados, tales como seguridad militar y regulación de los mercados mundiales para beneficio del grupo más amplio, incluido el propio hegemon. Un poder imperial no tiene tales obligaciones para con aliados, ni la libertad para tal cosa, sólo los rudos dictados sobre cómo mantener su poder declinante –lo que algunos llaman "sobreextensión imperial". Este es el mundo que Rumsfeld. Cheney y sus halcones sugieren que América ha de dominar, mediante una política de guerra pre-emptiva.

En el corazón de esta nueva fase está la Guerra oculta por la hegemonía global
entre el dólar y la moneda euro.

Para entender la importancia de esta batalla silenciosa por la hegemonía de las divisas, debemos comprender que desde la emergencia de EEUU como superpoder global dominante, desde 1945—la hegemonía de EEUU ha descansado sobre dos pilares intocables. El primero, la superioridad militar aplastante sobre todos sus rivales. En estos días EEUU gasta en defensa más de tres veces que el total de la Unión Europea, unos $396 mil millones versus $118 mil millones, el último año, y más que las siguientes 15 naciones más grandes combinadas. Washington planea agregar a la defensa $ 2.1 trillones en los siguientes cinco años . Ninguna nación o grupo de naciones puede aproximársele en tales gastos militares. China está al menos a treinta años de llegar a ser una amenaza militar seria. Nadie es seriamente desafía el poder militar de EEUU.

El Segundo pilar del dominio de EEUU en el mundo es el papel dominante del dólar como reserva monetaria. Hasta el advenimiento del Euro a fines de 1999, no existía un contendor potencial a la hegemonía del dólar en el comercio mundial. El Petrodólar había estado en el corazón de la y hegemonía del dólar desde los 1970. La hegemonía del dólar es estratégica para el futuro del predominio global americano, en muchos sentidos es más importante que el aplastante poder militar.


El dólar, moneda instantánea


El giro crucial ocurrió cuando Nixon sacó al dólar de la paridad con el oro, para ponerlo a flotar frente a otras monedas. Esto removió las restricciones para imprimir nuevos dólares. El límite era ahora cuántos dólares el resto del mundo podía tomar.

Con su firme acuerdo con Arabia Saudita, como el más grande productor de petróleo de la OPEC, Washington se garantizó que la más importante mercancía mundial, el petróleo, esencial para la economía de todas las naciones, la base de todo el transporte y de la economía industrial pudiera comprarse en los mercados mundiales solamente en dólares. El acuerdo había sido hecho en junio de 1974 por el Secretario de Estado Henry Kissinger, y establecía la Comisión Conjunta entre EEUU-Arabia Saudita para la Cooperación económica. El Tesoro de EEUU y la Reserva Federal "permitirían" al banco central Saudi, SAMA, comprar bonos del tesoro de EEUU con petrodólares Saudis. En 1975, la OPEC aceptó oficialmente vender su petróleo sólo en dólares. Un acuerdo militar secreto de EEUU para armar a Arabia Saudita fue la contrapartida.


Hasta noviembre del 2000, ningún país de la OPEC se atrevió a violar la regla de los precios en dólares. Todo el tiempo mientras el dólar continuara siendo la divisa más fuerte, no había razones para ello. Pero fue en noviembre cuando los franceses y otros miembros de la "Euroland" convencieron finalmente a Saddam Hussein para que desafiara a los EEUU transando "el petróleo por comida" de Irak no en dólares, la divisa "enemiga" como la llamaba Irak, sino solamente en euros. Los euros estaban en depósito en una cuenta especial de las Naciones Unidas en el principal banco francés BNP Paribas. La Radio Libertad del Departamento de Estado de EEUU trasmitió un corto flash en las noticias y la historia fue rápidamente olvidada.[2]


El movimiento de Irak, tan poco conocido, para desafiar al dólar a favor del euro, en sí era insignificante, pero si se difundía, especialmente en un punto en que el dólar se estaba debilitando, podía crear un pánico de venta d e dólares en los bancos centrales internacionales y entre los productores de la OPEC. En los meses anteriores a la última guerra de Irak, impulsos en esta misma dirección se escucharon en Rusia, Irán, Indonesia y aún en Venezuela. Un funcionario iraní de la OPEC, Javad Yarjani, entregó un análisis detallado sobre cómo en algún punto del futuro la OPEC podría vender su petróleo a la UE por euros y no por dólares. Él habló en Oviedo, España, en abril de 2002, a invitación de la UE. Todas las indicaciones coinciden en que la Guerra de Irak fue escogida como el medio más fácil de darle una advertencia pre-emptiva para que dejaran de coquetear con el abandono del sistema de los petrodólares a favor de uno basado en el euro.

Círculos bancarios bien informados de la City de Londres y de otros lugares de Europa, confirmaron privadamente, el significado de aquel movimiento iraquí tan poco conocido, de ir del petrodólar al petroeuro. "El movimiento de Irak fue una declaración de guerra contra el dólar" me dijo recientemente un banquero londinense. "Tan pronto como quedó claro que EEUU y Gran Bretaña habían tomado Irak, se escuchó un gran suspiro de alivio en los bancos de la City. Ellos dijeron privadamente "ya no tenemos que preocuparnos de la amenaza del maldito euro"

¿Por qué algo tan pequeño podía significar una amenaza estratégica tan grande para Londres y Nueva York y para EEUU, que un presidente americano arriesgara aparentemente 50 años de alianzas globalmente, y lanzarse a un ataque militar cuya justificación ni siquiera pudo probar ante el mundo?


La respuesta es el rol único del petrodólar en la conservación de la hegemonía americana.

¿Cómo funciona esto? Mientras que el 70% del comercio del mundo se realice en dólares, el dólar será la divisa que los bancos acumularán como reserva. Pero los bancos centrales, sean de China, Japón o de Brasil o Rusia, no solamente acumulan dólares en sus bóvedas. Las divisas tienen una ventaja sobre le oro. Un banco central puede usarlas para comprar los bonos de estado de quien las gira, los EEUU. La mayoría de los países alrededor del mundo se ven obligados a controlar los déficit comerciales o enfrentar el colapso monetario, no los EEUU. Esto es por el rol de las reservas de divisas en dólares y el basamento del rol de la reserva, es el petrodólar. Toda nación necesita obtener dólares para importar petróleo, unas más que otras. Esto significa que su comercio debe tener como objeto países dolarizados, sobre todos, a EEUU.


Dado que el petróleo es la mercancía esencial para toda nación, el sistema del petrodollar que existe hasta el presente, demanda la construcción de grandes excedentes comerciales a fin de acumular excedentes en dólares. Éste es el caso de todos los países menos uno –los Estados Unidos que controla el dólar y lo imprime a voluntad, instantáneamente. Dado que hoy la mayor parte de todo el comercio internacional se realiza en dólares, los países deben irse afuera a obtener los medios de pago que ellos mismos no pueden producir. La estructura completa del comercio global, funciona en torno a esta dinámica, desde Rusia a China. De Brasila a Corea del Sur y Japón. Todos quieren maximizar sus excedentes en dólares provenientes de su comercio de exportación.

Para mantener andando este proceso, los Estados Unidos han aceptado ser "el importador de última instancia" porque su hegemonía monetaria completa depende de este reciclaje del dólar.

Los bancos centrales de Japón, China, Corea del Sur, Rusia y el resto, todos compran bonos del Tesoro de EEUU con sus dólares. Esto, a su turno, permite a los Estados Unidos tener un dólar estable, tasas de interés más bajas, y manejar una balanza de pagos deficitaria en $500 mil millones de dólares en relación al resto del mundo. La Reserva Federal controla las prensas que imprimen dólares, y el mundo necesita sus dólares. Es tan simple como eso.

La amenaza de la deuda externa de EEUU

Pero quizás no todo es tan simple. Este es un sistema enormemente inestable, ya que el déficit comercial de EEUU y la deuda neta de obligaciones en cuentas extranjeras está actualmente por encima del 22% de PIB del 2000, y subiendo rápidamente. La deuda neta de EEUU—publica y privada—está comenzando a explotar de un modo ominoso. En los últimos tres años, desde el colapso de la bolsa de EEUU y la re-emergencia de los déficits presupuestarios en Washington, la posición de la deuda neta, de acuerdo al reciente estudio del Pestel Institute de Hanover, ya casi se ha doblado. En 1999, en el pico de la furia del punto com la deuda neta de EEUU al extranjero era de algo así como $ 1.4 trillones de dólares. A finales de ese año, excedía ya los 3.7 trillones!! Antes de 1090. EEUU había sido un acreedor neto, ganando más de sus inversiones en el extranjero de lo que pagaba en intereses hacia el extranjero, por bonos u otras inversiones. Desde los finales de la Guerra Fría, EEUU ha llegado a ser una clara nación deudora, del orden de los $3.7 trillones ¡! Esto no es lo que Hilmar Koper podría llamar "cacahuates".


No se necesita ser muy perceptivo para avizorar la amenaza estratégica de esos déficits al rol de los EEUU. Con un déficit de cuenta corriente anual de $ 500 billones, algo así como el 5% del PIB, los EEUU deben importar o atraer al menos $1.4 billones cada día, a fin de evitar el colapso del dólar y mantener las tasas de interés lo suficientemente bajas para apoyar a la endeudada economía corporativa. Esta deuda neta se está volviendo peor a un ritmo dramático. Si Francia, Alemania, Rusia y un número de países petroleros de la OPEC giraran a compras de pequeñas porciones de sus reserves de dólares en euros o para comprar bonos en Alemania y Francia, o en cualquier otro lugar, los Estados Unidos enfrentarían una crisis estratégica más allá de cualquiera otra del período de posguerra. Para "pre-emptizar" esta amenaza surgió la razón oculta para la decisión de ir hacia "un cambio de régimen" en Irak. Todo fue tan simple y frío como esto. El futuro de América con su estatus de superpoder único dependía de "pre-emptizar" la amenaza que surgía de Eurasia y Euroland especialmente. Irak fue y sigue siendo una pieza en el ajedrez de un juego estratégico, con muy altas apuestas.


El euro amenaza la hegemonía


Cuando se lanzó el euro a finales de la última década, figuras principales de los gobiernos de la UE y banqueros del Deutsche Bank como Norbert Walter, y el Presidente Chirac, fueron hacia principales tenedores de reservas en dólares –China, Japón, Rusia—y trataron de convencerlos para salir del dólar al menos en parte de sus reservas, e ir hacia los euros. Sin embargo, esto chocaba con la necesidad de devaluar un euro demasiado alto, de modo que las exportaciones alemanas pudieran estabilizar al crecimiento europeo. Un euro en caída fue el caso hasta el 2002.


Entonces, con la debacle de burbuja de los punto com, los escándalos financieros de Nerón y Worldcom, y la recesión en EEUU, el dólar comenzó a perder su atractivo para los inversionistas extranjeros. El euro avanzó aceradamente hasta finales del 2002. Entonces, mientras Francia y Alemania preparaban su estrategia diplomática secreta para bloquear la Guerra en el Consejo de Seguridad de las naciones Unidas, surgieron rumores que los bancos centrales de Rusia y de China sigilosamente habían comenzado a dejar caer dólares y a comprar euros. El resultado fue la caída libre del dólar después de la guerra. El escenario ya estaba armado, sea que Washington ganara la guerra, o esta se transformara en una larga y sangrienta debacle.


Pero en Washington en los principales bancos de Nueva York y entre las altas esferas del establecimiento norteamericano, se sabía muy bien lo que estaba en juego. Lo de Irak no ser trataba en absoluto sobre armas químicas, nucleares o "armas de destrucción masiva", sino la amenaza de que otros siguieran el ejemplo de Irak girando de dólares a euros, creando así "la destrucción masiva" del papel económico hegemónico de EEUU en el mundo. Como lo dijera un economista, un fin del rol de la reserva en dólares sería una "catástrofe" para EEUU. Las tasas de interés de la Reserva Federal deberían empujarse más alto que en 1979 cuando Paul Volcker las alzó sobre el 17% para tratar de detener la caída del dólar en aquel entonces. Pocos se dan cuenta que la crisis del dólar de 1979 fue también el resultado directo de movimientos de Alemania y Francia, bajo Schidt y Giscard, para defender a Europa juntos con Arabia Saudita y otros que comenzaban a vender bonos del Tesoro de EEUU para protesta contra la política de la Administración Carter. También vale la pena recordar que después del rescate del dólar por Volcker, la Administración Reagan, respaldada por muchos de los actuales halcones neo-conservadores, comenzó con sus grandes gastos militares para desafiar a la Unión Soviética.


Eurasia versus el Poder insular Americano

 

Esta lucha sobre los petrodólares versus petroeuros, que partió en Irak, de ninguna manera ha terminado, a pesar de la aparente Victoria de EEUU en Irak. El euro fue creado por estrategas geopolíticos franceses para establecer un mundo multipolar después del colapso de la Unión Soviética. El objetivo era balancear la aplastante dominación de EEUU en los negocios mundiales. Significativamente, los estrategas franceses se basaban en un estratega geopolítico ingles para desarrollar su alternativa de poder rival a los EEUU, Sir Halford Mackinder.


En febrero pasado, un órgano conectado con la inteligencia francesa, Intelligence Online, publicó un artículo, "The Strategy Behind Paris-Berlin.Moscow Tie". Refiriéndose al bloque en el Consejo de Seguridad de Francia-Alemania-Rusia para prevenir los movimientos bélicos de EEUU en Irak, el reporte de Paris anota los esfuerzos recientes de los poderes Europeos y otros para crear un contrapoder al de los EEUU. Refiriéndose a los nuevos lazos de Francia con Alemania y más recientemente con Putin, ellos notan "una nueva lógica, y aún una dinámica que parece haber emergido. Una alianza entre Paris, Moscú y Berlín que va del Atlántico a Asia puede esbozar un límite al poder de EEUU. Por primera vez desde comienzos del siglo XX, la noción de una masa continental mundial–la pesadilla de los estrategos británicos—ha regresado a las relaciones internacionales". [3]


Mackinder, padre de la geopolítica británica, escribió en un artículo digno de citar, "El Pivote Geopolítico de la Historia" que el control de la masa continental Eurasiática, desde Normandía en Francia a Vladivostock, era la única posible amenaza que se pudiera oponer a la supremacía naval británica. La diplomacia británica hasta 1914 se basó en la prevención de esa amenaza eurasiática y en ese tiempo se daba a través de la expansión hacia el Este de la política del Keiser alemán, con el ferrocarril a Bagdad y las construcciones navieras de Von Tirpitz. La Primera Guerra Mundial fue el resultado. Refiriéndose a los actuales esfuerzos de los Americanos y Británicos por prevenir una combinación rival Eurasiática, el informe de la inteligencia de Paris, señalaba, "que la aproximación estratégica (esto es, de crear una unidad de la masa continental Eurasiática) está en el origen de los choques entre los poderes continentales y los poderes marítimos (Reino Unido, EEUU y Japón)... Es la supremacía de Washington sobre los mares lo que aún ahora dicta el inquebrantable apoyo de Londres a lkos EEUU, y la alianza entre Tony Blair y Bush"


Otro periódico francés bien conectado, Reseau Voltaire,net, escribió en la víspera de la Guerra de Irak que el dólar era "el talón de Aquiles de EEUU" .[4]. Lo que es una declaración algo imprecisa, para decirlo suavemente.

Lo de Irak fue planificado mucho antes


Esta amenaza emergente de una política Europea con Irak y otros países. lidereada por Francia, llevó a algunos círculos dirigentes del establecimiento político de EEUU a comenzar a pensar en amenazas pre-emtivas al sistema del petrodólar mucho antes de que Bus llegara a la Presidencia. Mientras Perle, Wolfowitz y otros neo-conservadores principales jugaban un papel principal en el desarrollo de una estrategia para preservar al sistema vacilante, un nuevo consenso tomaba forma e incluía a elementos mayores del establecimiento tradicional de la Guerra Fría, con figuras como Rumsfeld y Cheney.


En septiembre del 2000, durante la campaña, un pequeño grupo de especialistas de Washington, el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano entregó un importante estudio político, "Reconstruyendo las Defensas de América: Estrategias, Fuerzas y Recursos para un Nuevo Siglo". El informe es útil en muchas áreas para entender la actual política de la Administración. Sobre Irak, declara: " Los Estados Unidos ha buscado por décadas jugar un papel más permanente en la seguridad regional del Golfo. Si bien el conflicto no resuelto con Irak provee la justificación inmediata, la necesidad por una presencia sustancial de la fuerza americana en el Golf, trasciende la cuestión del régimen de Saddam Hussein."

Este artículo PNAC es la base esencial para el Libro Blanco Presidencial de septiembre del 2002, 'The National Security Strategy of the United States of America". El PNAC apoya un "programa detallado de acción para mantener la preeminencia global de EEUU evitando el ascenso de grandes poderes rivales y conformando el orden de la seguridad internacional en línea con los principios e intereses americanos. La Gran Estrategia Americana deberá perseguirse en el futuro tan lejos como sea posible". Todavía más, EEUU debe "desalentar a las naciones industriales avanzadas para desafiar nuestro liderato o aún, que aspiren a tener un papel regional o global más extenso". La membresía del PNAC en el 2000 se lee como un gallo que anuncia la administración Bush. Incluía Cheney a su mujer Lynne Cheney, al asistente neoconservador de Cheney, Lewis Libby; Donald Rumsfeld; el subsecretatrio de Rumsfeld, Paul Wolfowitz. También incluía a la cabeza del Consejo Nacional de Seguridad del Medio Oriente, Elliott Abrams; John Bolton del departamento de Estado; Richard Perle y William Kristol. Igualmente, el antiguo vicepresidente de Lockheed-Martin, Bruce Jackson, y el ex jefe de la CIA, James Woolsey estaban a bordo junto con Norman Podhoretz, otro de los fundadores neoconservadores. Woolsey y Podhoretz sólo decían que estaban en "la Cuarta Guerra Mundial"

Está llegando a ser paulatinamente más claro para muchos que la guerra en Irak fue para prevenir una bancarrota del modelo del Siglo Americano para la dominación global. Está también claro que Irak no es el fin. Lo que todavía no está claro, y debe ser debatido abiertamente en todo el mundo, es cómo reemplazar el fracasado orden del petrodólar con un nuevo y justo sistema de prosperidad económica y de seguridad global.


Ahora, mientras que Irak amenaza con explotar en el caos interno, es importante repensar de nuevo el orden monetario completo de posguerra. La presente alianza entre Francia, Alemania y Rusia para crear un contrapeso a los EEUU, requiere no solamente una versión del petrodólar dirigido por los franceses, una suerte de sistema petroeuro, que continúe la bancarrota del Siglo Americano, sólo que con acento francés y euros reemplazando a los dólares. Eso sólo continuaría destruyéndolos estándares del mundo, agregando derroche humano y creciente desempleo tanto de las naciones industrializadas como aquéllas en desarrollo. Debemos repensar enteramente lo que comenzó brevemente con algunos economistas durante la crisis asiática de 1998, las bases par un nuevo sistema monetario que apoye el desarrollo humano y no lo destruya.

Traducción de Federico García M. para Globalización Economía Sociedad y Cultura.

 

http://www.iberbolsa.com/foro/ubb/Forum1/HTML/004274.html

GAS TRANSFORMADO EN COMBUSTIBLE LIQUIDO

http://www.upb.edu/ipgn/Gas%20Transformado%20en%20Combustible%20Liquido.htmGAS TRANSFORMADO EN COMBUSTIBLE LIQUIDO



HISTORIA DEL PROCESO FISCHER TROPSCH

Como Einstein es el padre de la teoría de la relatividad, se puede decir que Hans Tropsch y Franz Fischer respectivamente, son los padres del proceso de transformación de gas a liquido. En 1923, estos dos científicos alemanes, trabajaban en el Kaiser Wolhelm Institute Fur Kohlenforschung, y descubrieron la reacción química que después se convertiría en el proceso Fischer Tropsch (FT). Ellos hicieron la primera conversión del gas sintético en synfuel o combustible sintético. El FT fue usado por varias compañías alemanas en escala industrial principalmente para motores de diesel que eran usados en la "maquina de guerra" alemana durante la segunda guerra mundial. La utilización de FT como tecnología alternativa, se debió a que la reserva de crudo en Alemania era limitada y las reservas de carbón eran substanciales. Esto hizo que los alemanes trataran de obtener combustibles para sus tanques de guerra, aviones y motores para todos sus vehículos. La utilización de FT tuvo un importante impacto, a tal grado que la producción alcanzo en 1944 a 16000 barriles por día. En el periodo que abarco toda la guerra, se estima que la producción de synfuel alcanzo a 4500000 barriles.

El PROCESO FISCHER TROPSCH (F - T)

En el primer paso del proceso, el gas natural reacciona para formar el syngas ( Principalmente CO y H2). El signas es, entonces, cataliticamente convertido para sintetizar el crudo a través de la siguiente reacción básica ( la reacción F-T): CO + 2H à [CH 2] + H2O)Los grupos de -[CH 2]- son los bloques construyentes; forman largas cadenas rectas de parafina y moléculas de olefinas por un proceso de crecimiento en cadena.
Gasolina: moléculas parafinicas que tienen de 5 a 11 átomos de carbono.
Diesel: moléculas parafinicas que tienen de 12 a 20 átomos de carbono.

La tecnología F-T elimina los obstáculos principales para el mercadeo de gas natural: su baja densidad de energía y el resultado de los altos costos de transporte resultantes. La disponibilidad comercial de FT- Diesel de alto numero de cetano y de baja contaminación ambiental, encuentra hoy un perfecto ambiente de mercado. Eso va a asegurar una buena posición para el gas natural en los mercados. Los más crecientes mercados de la industria petrolera, que son los combustibles para transporte. Para los países desarrollados permite aumentar los futuros suministros de hidrocarbono liquido en vista del creciente costo del petróleo crudo: De este modo tendrán una alternativa ante el dominio de los futuros suministros de energía de la OPEC.

Avances de la tecnologia de GTL
La industria del GTL
Proyecto GTL en Bolivia
Diesel y medio ambiente

La cadena del GTL

burbuja inmobiliaria

http://foros.recoletos.es/foros-expansion/thread.jspa?threadID=89386&messageID=1201035#1201035Envíos: 143
De: Malaga
Registrado: 5/10/04
Re: burbuja inmobiliaria
Enviado: 06-oct-2005 12:12 Responder


Os pego este artículo que me parece interesante sobre la situación en Estados Unidos, como su mercado hipotecario y su financiación van varios burbujas por delante nuestra, quizás podamos anticipar cual será la evolución en España. Saludos

Las hipotecas arriesgadas, un arma de doble filo

El trato es el siguiente: compras la casa de tus sueños y durante los primeros años no devuelves principal, tan sólo pagas intereses. De este modo, los pagos mensuales de tu inmueble serán inusualmente bajos y respirarás un poco más aliviado. O mejor aún, si eliges una de nuestras hipotecas con opciones pagarás todavía menos...

Éste es el modo en que se anuncian las últimas modalidades hipotecarias con tipos variables. Con nombres tan variopintos como Interest-Only (?sólo intereses?), OptionARM y Pick-a-Payment (?elige la mensualidad?), estos productos ofrecen a los prestatarios mensualidades bastante inferiores a las que tendrían que pagar en un préstamo tradicional con tipos variables o fijos. Según varios estudios, estos arriesgados productos representan la mitad de las nuevas hipotecas firmadas este año, cifra que en 2001 no superaba el 10%.

Sin embargo, tienen un inconveniente: es muy probable que los pagos mensuales se disparen dentro de unos pocos años, siendo el incremento para algunos prestatarios de cientos de dólares al mes. En los casos más extremos la deuda podría incluso aumentar con el tiempo, en lugar de disminuir.

¿Qué factores explican el comportamiento de este mercado? Y, más importante, estos préstamos ¿son en realidad bombas de relojería que podrían colapsar los mercados financieros y la economía si un incremento en los tipos de interés o una caída del valor de la vivienda generase una avalancha de impagos? A principios de los 90 la economía japonesa se vio torpedeada por una aluvión de préstamos hipotecarios impagados y el país todavía no se ha recuperado totalmente.

"La pregunta es: ¿podríamos encontrarnos en Estados Unidos en esta situación? Está claro que no", afirma la profesora de Propiedad Inmobiliaria de Wharton Susan M. Wachter. No obstante, estos préstamos están contribuyendo a elevar el precio de la vivienda, sentando las bases para que se produzcan cambios bruscos que podrían agravar los efectos de la próxima recesión. "Es indudable que con estos nuevos instrumentos nos movemos en territorio desconocido. No hay precedentes".

Prestatarios ?de segunda?

Algunas de las hipotecas sólo intereses existen desde hace varias décadas y solían ser empleadas por prestatarios con elevado poder adquisitivo que eran lo suficientemente sofisticados y disciplinados como para encontrar usos rentables alternativos para el dinero que se ahorraban en las mensualidades. Pero en la actualidad estos productos van dirigidos simplemente a toda persona que desee comprarse una vivienda, y en muchos casos a prestatarios de segunda a los que en las condiciones previas no se les habría concedido un préstamo estándar.

Aunque los términos pueden variar, el prestatario de una hipoteca sólo intereses normalmente no amortiza principal durante los primeros cinco, siete o diez años. Transcurrido este tiempo, el tipo de interés se revisa anualmente en función del tipo de referencia y comienza la devolución del principal. En una hipoteca tradicional de tipo fijo a treinta años por un importe de 100.000 dólares al 5,75%, las mensualidades serían aproximadamente de 600 dólares. Con una hipoteca sólo intereses se pagarían alrededor de 500 dólares al mes, ya que no habría devolución del principal. Gracias a estos pagos de menor cuantía, el propietario de la vivienda puede pedir un préstamo por un importe superior que con un préstamo tradicional.

El prestatario tradicional empieza a devolver principal desde que paga su primera mensualidad, cosa que no ocurre cuando se solicita una hipoteca sólo intereses. Como dentro de, por ejemplo, 10 años quedará más deuda por devolver, pagará más en concepto de intereses de lo que en ese momento pagaría con un préstamo tradicional al mismo tipo de interés. Y una vez que comience la devolución del principal, los pagos serán más elevados con una hipoteca sólo intereses porque quedarán menos años para saldar la deuda.

Como el tipo de interés podría ajustarse al alza después del periodo inicial en el que sólo se pagan intereses, la mensualidad podría dispararse. Es fácil que un préstamo que comenzó con 500 dólares al mes aumente hasta 700 dólares o incluso el 40%. Es posible que algunos prestatarios no puedan soportar esta carga.

Los préstamos con opciones son similares, salvo porque el propietario de la vivienda tiene cada mes la posibilidad de elegir entre cuatro opciones de pago. El pago completo incluye tanto intereses como principal, igual que un préstamo tradicional. El prestatario también puede hacer un pago de cuantía superior, de tal forma que la cantidad ?extra? se dedica a amortizar el principal y así devuelve más rápidamente el préstamo. La tercera opción consiste en pagar sólo los intereses.

Y por último, existe la opción llamada pago mínimo, que ni siquiera cubre todos los intereses. Los intereses no abonados se añaden a la deuda, incrementando la cantidad pendiente de devolución. Un prestatario que elija habitualmente esta opción de ?amortización negativa? podría acabar en una situación en la que debe más de lo que había pedido prestado en un principio. Con cada una de estas cuatro opciones los tipos de interés se ajustan regularmente, de forma que los intereses a pagar aumentan si los tipos suben.

"Como los tipos de interés han permanecido bajos, tanto constructores como prestamistas tratan continuamente de incrementar la posibilidad de tener una vivienda en propiedad?, afirma Lynn B. Sagalyn, profesora de Propiedad Inmobiliaria de Wharton. Las hipotecas exóticas permiten que los bancos lleguen a clientes "a los que de otra forma les sería imposible participar en el mercado debido a la increíble escalada en el precio de la vivienda".

La competencia entre las entidades crediticias ha propiciado la concesión de préstamos a personas con situaciones financieras nada sólidas, y ahora los prestatarios pueden hacer pagos de sólo el 5% o el 10% -y en ocasiones incluso el 0%-, cuando lo habitual hace no muchos años era el 20%. "Cuanto más nos adentramos en el grupo de lo que denominamos prestatarios marginalmente elegibles, más riesgos asumen" tanto prestamistas como prestatarios, señala Sagalyn. "Es una especie de bomba de relojería."

Hipotecas de tipo variable y revisable

Comparadas con las hipotecas sólo intereses y las hipotecas con opciones, las tradicionales de tipo variable revisable anualmente parecen algo conservadoras. Con estas hipotecas el prestatario normalmente consigue un tipo más bajo durante los primeros 12 meses. A partir de entonces el tipo se revisa anualmente en función de las condiciones del mercado. La cantidad a pagar puede por tanto variar cada 12 meses. Pero una parte de cada pago se dedica a amortizar el principal, como en las hipotecas tradicionales de tipo fijo. Como los tipos de interés pueden variar, con estas hipotecas se asume más riesgo que con las de tipo fijo, aunque no tanto como con las hipotecas sólo intereses o con opciones. Las hipotecas donde los tipos son variables y se revisan anualmente son cada vez más frecuentes. En los dos últimos años cerca de un tercio de las nuevas hipotecas firmadas fueron de éste tipo, explica Todd M. Sinai, profesor de Propiedad Inmobiliaria de Wharton. "Ahora son muy habituales", afirma señalando que en 2001 tan sólo el 12% eran hipotecas de tipo variable, pero a finales de los 80 suponían el 50%.

Las tasas de impago de estas hipotecas de tipo variable nunca han supuesto un problema serio, añade Sinai. Para la gente pagar la hipoteca suele ser una prioridad. Y dado que el precio de la vivienda ha seguido creciendo y aquellos que han pedido una hipoteca de interés variable han empezado a reducir su deuda desde el primer pago, si se encuentran con problemas de liquidez pueden normalmente vender su propiedad por más de lo que deben. "El grado de utilización de las hipotecas de tipo variable no es en sí mismo algo de lo que nos debamos preocupar. No creo que supongan tanto riesgo como parece".

Según Sinai, para que un préstamo no se pague se tienen que dar unas condiciones muy particulares: el tipo de interés sube y se eleva el importe mensual de la hipoteca; los ingresos del propietario caen y ya no puede cubrir una mensualidad mayor; cae el precio de la vivienda, que ya no se puede vender por suficiente dinero como para cubrir la deuda. Sin embargo, el uso generalizado de los préstamos sólo intereses y con opciones es tan novedoso que nadie sabe lo que ocurrirá si aumentan los tipos de interés y la economía se estanca. "Los bancos realmente no saben qué riesgos están asumiendo porque no se ha dado suficiente importancia a estos aspectos".

Éste es uno de los factores que preocupa a Wachter. "No tenemos suficientes datos del pasado para contrastar la probabilidad de impago de estos instrumentos, ya que son demasiado nuevos". Además, afirma Watcher, a mediados de los 90 los prestamistas comenzaron a emplear procesos automatizados para conceder o denegar las hipotecas. Estos métodos resultaron ser mucho más precisos para predecir impagos que el sistema previo, basado en juicios subjetivos del personal del banco, con el que se acababan concediendo préstamos a clientes poco atractivos financieramente o a aquellos con poco dinero para dar una entrada. Ahora los clientes con menos dinero o mayor riesgo pueden obtener préstamos, pero a menudo pagando tipos más elevados para compensar el riesgo asumido por el prestamista.

Pero Wachter advierte que los prestamistas no tienen datos suficientes para simplemente saber cuantos puntos deben subir los tipos para lograr este equilibrio, y además para competir deben mantenerlos bajos. Los tipos generados con métodos automatizados no son capaces de predecir con exactitud el riesgo de los préstamos intereses sólo y con opciones ya que todavía su vida es relativamente corta. "Los bancos sistemáticamente tienden a apoyar los incrementos en el precio de la propiedad inmobiliaria ?potenciales burbujas? siempre que ocurren".

Mercado para optimistas

Debido al incremento experimentado por el precio de la vivienda en los últimos años, los prestatarios suelen confiar en que las propiedades adquiridas valgan lo suficiente para cubrir la deuda de aquellos prestatarios que no paguen su hipoteca.

Pero, ¿por qué ha subido el precio de la vivienda? En parte porque los prestatarios tienen mucho dinero para gastar gracias a los bajos tipos de interés. Estos nuevos préstamos ?exóticos? han conseguido introducir más clientes en el mercado, contribuyendo ?en opinión de Watcher en gran medida- a la escalada de precios.

La fijación de precios en el mercado de la vivienda, señala Wachter, no es tan eficiente como en el mercado de valores, ya que se trata de un mercado en el que únicamente participan optimistas. La gente que piensa que las viviendas están sobrevaloradas se mantiene al margen, y mientras los entusiastas siguen contribuyendo a elevar los precios. En cambio, en el mercado de valores los pesimistas pueden apostar por una caída en los precios y vender en descubierto o comprar opciones put.

Tal y como explica Watcher, en el mercado inmobiliario los optimistas suelen pensar que los precios continuarán subiendo porque eso es lo que han venido haciendo. Además, las recientes leyes de protección de espacios públicos aprobadas en varios estados donde la construcción estaba creciendo desmesuradamente han complicado para los constructores incrementar la oferta de viviendas al ritmo en que aumenta la demanda, contribuyendo a la subida de los precios.

Algunos expertos sostienen que las auténticas burbujas inmobiliarias son muy poco frecuentes, y normalmente se producen con individuos particularmente activos. Los propietarios no pueden vender su vivienda con un simple clic del ratón, como es el caso de las acciones, así que no es fácil que el precio de la vivienda caiga -como es el caso de las acciones- cuando explota la burbuja. Normalmente un incremento en el precio de la vivienda va seguido de un periodo de estabilización de los precios en lugar de una caída.

Pero Wachter afirma que algunos mercados sobrecalentados de California y Boston sí registraron caídas en el precio de la vivienda -entre el 30 y el 40%- tras la explosión de la burbuja de los 80. Los precios suelen experimentar caídas mayores allí donde anteriormente habían subido más, y hay un montón de mercados en los que se han visto enormes incrementos en los últimos años. Así pues, en muchas regiones del país el precio de la vivienda podría de hecho caer, según Wachter. "Podemos estar hablando de 30 o 40 de áreas, no de una o dos". El riesgo de impago es claramente superior debido al uso intensivo de préstamos sin intereses y con opciones, añade.

Pese a que es poco probable que una oleada de impagos consiga sumergir a Estados Unidos en una prolongada recesión como la japonesa, sí que provocaría una fuerte disminución de la actividad hipotecaria que ralentizaría el crecimiento económico, predice Wachter. A pesar de que es imposible saber qué prestatarios o qué inversores soportan el mayor riesgo -ya que la mayoría de los préstamos toman la forma de valores con garantía hipotecaria y se comercian a escala mundial-, lo cierto es que los impagos de las hipotecas podrían de hecho provocar pérdidas en estos valores, perjudicando a muchos inversores e instituciones financieras de todo el mundo. "Si cambia el ciclo económico y entramos en una recesión, el resultado [de este uso intensivo de hipotecas exóticas] será una recesión todavía más severa".

Enlaces
El verdadero significado




efrieyro

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De: malaga
Registrado: 11/03/01
Re: burbuja inmobiliaria
Enviado: 06-oct-2005 12:19 Responder


Pan para hoy y hambre para mañana.El Santander ya comercializa ese producto (campaña publicitaria en tv) y luego vendrán los demás.SAlu2.




Alfonso

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Re: burbuja inmobiliaria
Enviado: 06-oct-2005 15:43 Responder


A la hora de entender el artículo que nos muestra ALBERTON hay que considerar que en EE.UU. la hipoteca tradicional era con una entrada del 20%, y tipo de interés FIJO. Curiosamente, el artículo menciona como producto de riesgo la hipoteca con tipo de interés variable, la cual es abrumadoramente mayoritaria en nuestro país.

Sobre las hipotecas con pagos reducidos en los primeros años, creo que ya hace algún tiempo BBVA comercializaba un producto similar (Hipoteca Fácil creo que se llamaba). La excusa para este tipo de productos es que los jóvenes al principio tienen menos ingresos, pero con el tiempo aumentan éstos y pueden permitirse las mensualidades más elevadas después. Habitualmente -si no media alguna recesión por medio- ésto es así. Esperemos que sigua igual.




Alfonso

Envíos: 456
De: Asturias
Registrado: 27/07/03
Re: burbuja inmobiliaria
Enviado: 07-oct-2005 15:08 Responder


He aquí una interesante exposición que hace Bill Gross, apodado el Rey Bono por su dominio en los mercados de renta fija -no confundig con políticog egpañoleg; la rgenta fija que ellog dominan ge chupa de otro bote-. Trata sobre la burbuja inmobiliaria y las consecuencias de su fin. No tiene desperdicio. El subrayado está así en el original.

Para ver los gráficos abrir la fuente original:
http://www.pimco.com/LeftNav/Late+Breaking+Commentary/IO/2005/IO+October+2005.htm

Actos deliberados de amabilidad

[...]

Los tipos de interés pueden ser amables o no según uno conceda créditos o los pida. Los últimos años han sido estupendos para muchos dueños de casas cuando los tipos han descendido desde sus máximos de fin de siglo a un nivel tan bajo que la tentación de pedir prestado, poniendo sus casas como garantía, ha sido irresistible. Los inmuebles se han transformado en cajeros automáticos mientran que la refinanciación de hipotecas antiguas, las rehipotecas, y una plétora de innovaciones a la hora de facilitar conceder hipotecas han dejado mucho dinero en las manos de los consumidores. La recuperación económica de los EE.UU. y el resto del mundo de los últimos cuatro años se ha basado en la revalorización de activos, con las casas llevando la iniciativa. Los bancos centrales del mundo tienen gran responsabilidad en ésto, bien a través de tipos de interés reales históricamente bajos (la Fed), o el reciclado de reservas de divisas en bonos americanos (Bretons Woods II). El resto de la culpa reside en ciudadanos ordinarios con una inclinación capitalista - disfrutando mientras la fiesta continúa. Ambos, han producido una economía en crecimiento, pero totalmente dependiente de que las casas sigan aumentando su precio, se mantenga el nivel de los préstamos contra el valor de esas casas, y que el consumo siga motivado por lo que parece ser una prosperidad de papel sin límite.

Los más astutos saben que esa base para la generación de riqueza no es más que un castillo hecho de arena, en vez de granito, y la única duda es cuándo llagará la marea para barrerlo. El mes pasado, Alan Greenspan finalmente tocó la campana de aviso con su referencia sobre las primas de riesgo. Más recientemente han aparecido dos estudios de la Fed que dan alguna luz sobre cuándo puede estallar la burbuja inmobiliaria, y cuándo nuestra preciosa prosperidad pueda perder su lustre. Antes de que hable de esos estudios déjenme que les haga un sumario de los hechos en relación con un estallidos de esa burbuja:

1 - Los precios de las casas cesarán de subir/incluso descenderán en algunas ciudades, CUANDO...
......a - los tipos de interés aumenten hasta el punto de dificultar el acceso a los compradores de primera vivienda.
......b - una leve presión regulatoria comience a reducir la cantidad de préstamos fáciles que dan los bancos.
......c - los especuladores comiencen a oler el final de la fiesta.
2 - La moda de rehipotecar la casa debería parar poco después.
3 - El consumo y la economía de los EE.UU. se debilitarán cuando deje de llegar el dinero que venía de esas rehipotecas.
4 - La Fed bajará los tipos de interés para comenzar el juego de nuevo desde cero.

Afirmo que la secuencia anterior no es apenas cuestionable, casi inevitable al 99%. Al decir ésto espero no ofender a los que piensan lo contrario. Lo que no puedo afirmar es cuándo ésto se desarrollará, lo cual admito que es una variable crítica. Sin embargo, los papeles que he mencionado de la Fed nos dan alguna pista.

El Consejo de Gobernadores de la Reserva Federal ha publicado un informe titulado 'Los precios de los inmuebles y política monetaria: un estudio comparativo entre varios países', un estudio que cubre un total de 18 mercados nacionales desde 1970. El estudio cita muchas influencias sobre el precio de las casas, incluyendo la demografía y la desregulación financiera (las hipotecas fáciles) pero el título del artículo nos delata el principal culpable: los tipos de interés. Después de leer las 68 páginas del estudio, lo resumiré en ésto. Los precios de las casas persiguen a los tipos de interés: cuando los tipos bajan (tipos nominales a corto, tipos reales a largo) los precios reales de las casas suben. Cuando los tipos suben, las casas bajan. Podría haber dicho ésto sin leer el estudio -por sentido común- pero ayuda tener el sello de la Fed estampado sobre una opinión propia -aunque sin garantías, desde luego. Se refieren a unos gráficos como confirmación, divididos en dos períodos: pre y post1985, mostrando los precios de las casas y los tipos de interés en 18 países.

Aunque sus conclusiones no son tan claras como las mías que mencionaré, creo que está claro que los precios reales de las casas tocan techo unos cuatro o seis trimestres después de que el banco central suba los tipos de interés y siguiendo lo que parece una subida de 200 puntos básicos en los tipos de interés a corto plazo. La bajada de precios continúa unos dos trimestres después de lo que parece un aumento cíclico de 300 puntos básicos. Con la reserva de que muchos países en este estudio tienen mercados inmobiliarios con más sensibilidad a los tipos a corto plazo que el de los EE.UU., encuentro esclarecedor que nuestra Fed haya aumentado los tipos de interés durante los últimos cinco trimestres hasta 275 puntos básicos, justo en el punto promedio en que las casas han tocado techo en los últimos 35 años.

Estudios adicionales muestran que el nivel actual de los tipos de interés a corto plazo, está comenzando a eliminar muchos primeros compradores que han estado usando preferentemente hipotecas a tipos de interés variable. Los índices de accesibilidad a una casa -dependientes sobre todo de los tipos de interés de las hipotecas- están en mínimos de 15 años, y la disposición de los bancos a prestar -influido en parte por la presión regulatoria- está disminuyendo también. Ya que hasta un 20% de las compras de casas nuevas son para segunda vivienda o para revender con beneficio, los especuladores no duermen fácilmente estas noches. Combinado ésto con la influencia dominante de tipos de interés a corto aún en aumento, no puede faltar mucho para se cumpla la condición nº 1 de mi escenario.

La condición nº 2 se refería al descenso de los préstamos con las casas como garantía, y es aquí donde un estudio publicado en septiembre por el mismo Alan Greenspan (junto con James Kennedy) viene de perlas. El que éste sea el segundo estudio firmado por Greenspan en todo el tiempo que ha sido presidente de la Fed dice algo sobre la importancia de este papel que se fija en las rehipotecas. Greenspan, en su habitual estilo, no ofrece conclusiones pero muestra unas evidencias que se muestran en el siguiente gráfico.

Greenspan declara que los norteamericanos tomaron prestado 600.000 millones de dólares poniendo sus casas como garantía, algo hecho posible por el aumento de los precios de cerca de dos dígitos en los últimos años. Ese dinero equivale al 7% de los ingresos personales. Mientras Greenspan no se arriesga a decir cuánto de este dinero se ha ido a consumo, otros economistas y el sentido común sugiere que este porcentaje es al menos de un 50%, sino más. La gente no pide prestado para después meter el dinero en el banco. Se empeñan para gastar. Si es así, y usando el 50% como una cifra prudente, el gráfico sugiere que las rehipotecas han añadido medio o un uno por ciento al crecimiento del PIB estos años. Si los precios de las casas paran de crecer a un ritmo decente, las rehipotecas serán más difíciles. Estudios por Goldman Sachs en otras economías basadas en los precios de los activos, como Australia, señalan que las ventas de los minoristas bajan hasta un 4% una vez que paran las rehipotecas. Esta semana, algunas informaciones sobre Gran Bretaña señalan en la misma dirección. Incluso el mismo Greenspan dijo la semana pasada que 'si subieran los tipos de interés de las hipotecas, la refinanciación de las hipotecas disminuiría, así como las rehipotecas, y presumiblemente el crecimiento del consumo'. Las condiciones nº 2 y 3 de mi calendario parecen probable que se den en los próximos tres o seis meses.

La magnitud del empeoramiento en la economía de los EE.UU. dependerán de numerosos factores: precios de petróleo/gas natural, mantenimiento del milagro económico chino, y por supuesto, del nivel de los tipos de interés -dependientes de la Fed y el deseo de los extranjeros de comprar nuestros bonos. Pero no nos engañemos, el auge del mercado inmobiliario está a punto de perder su efervescencia; la burbuja está a punto de ser menos burbujeante. Si los precios reales de las casas bajan en 2006 o 2007, una recesión es casi inevitable. Si los tipos más elevados sólo enlentecen el aumento de los precios a ritmos de un sólo dígito, quizá nos libremos con un crecimiento del PIB del 1-2%. En ambos casos, nuestra Fed con su nuevo presidente, estará en la envidiable posición de bajar los tipos a mitad del 2006. Así pues, los ogros que son los banqueros centrales seran responsables en 12 meses de algunos actos deliberados de amabilidad: disminuir los tipos de interés para mantener viva nuestra economía basada en el precio de los activos. Sobre si transcurrido el tiempo éso se considere amable será otra cuestión, pero parece que las circunstancias requerirán tipos bajos una vez más.

Bill Gross

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En muchas cosas nuestra economía se parece a la de los EE.UU. con una dependencia marcada del ímpetu del consumidor, endeudado hasta las cejas gracias a tipos de interés reales (más destinados a la inflación alemana que a la española), y un déficit exterior récord.

Por tanto creo que la misma secuencia de hechos que menciona el señor Gross para los norteamericanos son igualmente válidos para nuestro mercado inmobiliario. Tan sólo veo una diferencia. En nuestro país son menos los préstamos que se piden usando la casa como garantía para financiar consumo. Por tanto, la disminución de las rehipotecas, y su influencia en el consumo, sería mucho menor. No obstante, hay que considerar que la inmensa mayoría de las hipotecas en nuestro país son a tipo de interés variable. El dinero para el consumo que no se perderá en la bajada de las rehipotecas se perderá en la subida de las cuotas mensuales. Eso sin contar con la influencia que tendría un pinchazo en la construcción, auténtica locomotora de nuestra economía.

Y todo ésto, según el señor Gross, dependiente en grado sumo de los tipos de interés. Según su artículo, uno puede razonar que si el BCE comienza a subir los tipos de interés uno puede esperar 12-18 meses más de fiesta; si la subida acumula ya un 2%, ya ni éso.




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