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Cómo invertir en un entorno de deuda global a punto de estallar
Cómo invertir en un entorno de deuda global a punto de estallar
22 Febrero 2010 3 Comments
Prepárese para la anarquía apocalíptica que acabará con el capitalismo tóxico de Wall Street
Alerta a los inversores. ¿Estamos preparados para la anarquía económica que seguirá a la explosión de la deuda global? ¿Seguimos las pautas habituales o invertimos de un modo diferente? Ahora es el momento de actuar – mañana será demasiado tarde.
Las dificultades de la deuda europea no van a desaparecer
Aunque los mercados europeos de valores hayan mirado brevemente hacia otro lado y no a Grecia, España o Portugal, no debemos apostar que la situación vaya a durar.
La verdadera explosión – más grande que la suma del crash de las punto-com del año 2000, y el colapso del crédito de las hipotecas de alto riesgo en 2008 -, está en camino. Una explosión de los mercados que, según la predicción de Bloomberg-businessWeek: ¨Sus consecuencias no resultarán nada agradables para los inversores o los cargos públicos de la administración¨.
Después de la explosión de la bomba de la deuda global, no debemos esperar una corrección típica seguida de un nuevo mercado alcista. El pseudo capitalismo tóxico de Wall Street se está desmoronando y debemos estar preparados para una crisis de enormes proporciones. Sí, está a punto de explotar la tercera burbuja más grande del siglo XXI, provocada, una vez más, por los banqueros más poderosos de Wall Street.
¿Puede sobrevivir su familia a la anarquía de la explosión de la deuda?
Los Estados Unidos ya están cayendo en la anarquía económica, y todos estamos atrapados en un superciclo histórico económico, un punto de inflexión que necesariamente debe atravesar una tierra de nadie, carente de leyes, donde impera una anarquía auto destructiva, como paso previo al resurgimiento de un mundo neo capitalista. Los inversores lo viven profundamente y saben que está pasando. Preguntándose repetidamente: ¿Cuál es la mejor estrategia de inversión para la situación actual?
No es ninguna broma, amigos. ¿Estáis preparados o en proceso de hacerlo? ¿Podrá sobrevivir vuestra familia en un mundo post apocalíptico, cuando la anarquía reine en América? Sólo hay que ver lo que pasa en Washington, Wall Street y en las compañías americanas para saber que ya ha comenzado.
Estamos asistiendo al desmoronamiento del sueño americano, a la descomposición de nuestro sistema capitalista y democrático, gracias a la insaciable codicia de Wall Street, un gobierno disfuncional, mercados irracionales, la economía al límite. Si se multiplican todos estos factores veremos un mundo inmerso en el caos total. Si ignoramos la realidad ahora, mañana será demasiado tarde.
No es una guerra ideológica, sino un cambio de juego económico
Es una guerra para controlar a 299 millones de contribuyentes americanos. Una guerra declarada por la ¨Conspiración Feliz¨ que Jack Bogle analizó en su ¨Batalla por el alma del capitalismo¨, en 2004, una máquina de guerra compuesta por banqueros todopoderosos, de la que forman parte importantes ejecutivos y 42.000 mercenarios miembros de grupos de presión, además de un congreso convertido en rehén de las campañas de donaciones sin límites de cuantía. Su conspiración le ha estado haciendo la guerra a los americanos durante décadas, mucho antes de que la Corte Suprema revelara su sucio secreto.
Sí, el enemigo es la ¨Conspiración Feliz¨. Se ha ido degradando hasta un pseudo capitalismo sin conciencia, sin sentido del bienestar público, totalmente resuelta a controlar la mente americana, nuestro dinero y los mercados internacionales en beneficio de sus intereses egoístas. Eventualmente desencadenará la bomba de deuda global que cambiara las reglas de juego, el tercer desastre económico global que finalmente hará estallar la segunda Gran Depresión, sumiéndonos en una época de anarquía.
Los inversores continúan preguntándose: ¨¿Si llega, cómo puedo invertir? ¿Comprando oro, materias primas, reduciendo el riesgo, negocio al descubierto, TIPS, acumular efectivo, comprar y mantener, carteras conservadoras? ¿Qué hacer si el Dow desciende por debajo de 5.000? ¿Tal vez el peor de los casos previsto por Bob Prechter: Una caída profunda al nivel de los 1.000 puntos? Imaginemos una depresión mundial, un mercado bajista que pueda alargarse durante décadas: “¿Cómo puedo proteger a mi familia? ¿Me podré jubilar algún día? ¿En qué puedo invertir? ¿Cómo puede uno prepararse?”
Como se están preparando las dos clases económicas de los EEUU para convivir con la anarquía.
Según va entrando los EEUU en un estado de anarquía, la supervivencia de una familia y las posibilidades de jubilación de la persona con responsabilidad económica, dependerá de a cuál de las dos clases económicas americanas pertenezca, de un total de 300 millones de ciudadanos aproximadamente:
1. El tipo ¨típico americano/americana¨, es uno, de 299 millones, que gana una media de $50.000, sólo el 10% de los bonus que han recibido los banqueros más poderosos de Wall Street. O quizá sea uno entre el 20% de subempleados americanos… que reciba quizá cupones de racionamiento… o se encuentre entre los 47 millones que no tienen seguro de cobertura sanitaria… que disponga de activos de $50.000, para su jubilación, equivalente a un año de supervivencia. Y está muy cabreado por no trabajar dentro de la ¨Conspiración Feliz¨.
2. El millón aproximado de ¨Insiders¨, o empleados afortunados que disponen de información privilegiada, y forman parte de la ¨Conspiración Feliz¨, si trabajan para uno de los bancos más importantes que los contribuyentes americanos rescataron el año pasado, se habrán embolsado un bonus, en 2009, de entre $600.000 y $10 millones. Entre los privilegiados también pueden estar los ejecutivos de corporaciones americanas, los personajes de la lista de 400 nombres de Forbes, o algún senador americano.
El Hedge fund manager Barton Biggs, uno de los ¨Insiders¨ afortunados más respetados con información privilegiada de la ¨Conspiración Feliz¨, en su bestseller de 2008, ¨Riqueza, Guerra y Sabiduría¨, aconseja a los ¨Insiders¨ acaudalados prepararse ante ¨la posibilidad del colapso de las bases de la civilización¨.
Su consejo: hacer toneladas de dinero. Comprar una granja aislada en las montañas. Proteger a la familia contra los bárbaros: “Su refugio debe ser auto suficiente, donde poder cultivar algún tipo de alimento…debería estar bien surtida de semillas, fertilizantes, comida enlatada, vino, medicina, ropa, etc. Piensa en la Familia Robinson suiza.
Como tratarán los ejecutivos de Wall Street a los consumidores durante ¨La Anarquía¨.
Finalmente, cuando lleguen los bárbaros, si se hacen algunos disparos de advertencia sobre las cabezas de los malhechores, será una señal convincente de que hay explotaciones agrarias más fáciles de saquear. ¨Imaginemos una escena que tenga lugar en Puerto Príncipe después del terremoto. Biggs no es un anarquista radical, sino un ¨Insider¨ del sistema, un gran tipo. Ambos llegamos a Morgan Stanley casi al mismo tiempo. Biggs permaneció 30 años, y fue el principal estratega global de Morgan. La revista ¨Diez Veces Inversor Institucional¨, le colocó en el ¨Equipo de Investigación de Profesionales Americanos¨.
Es verdad que su predicción de la llegada de la anarquía tenía un alto margen de protección de una posibilidad entre diez, pero a principios de 2009, en un artículo de Newsweek, ¨Una Generación de Destrucción: Solucionar el problema con dinero y apoyar a los bancos avariciosos es como apagar un incendio con gasolina¨, Biggs describíó burlonamente una situación desoladora: ¨Generalmente, los grandes ciclos de creación de riqueza, han durado unas dos generaciones, o 60 años. E inevitablemente, hay una gran destrucción de riqueza durante una generación, como consecuencia de la corrupción y la envidia que generan la desigualdad económica.
Aviso: al subestimar ampliamente los riesgos mientras sus ¨Insiders¨ se preparan para la anarquía que viene, Biggs está confundiendo y ganándose las simpatías del resto de los americanos sin llamar la atención.
En realidad, los ¨Insiders¨de la élite de la ¨Conspiración Feliz¨, seguirán la ultra-sencilla estrategia de inversión de Biggs: Haciendo la mayor cantidad de dinero posible siguiendo una estrategia a corto plazo, expresando un falso interés por el ¨bien común¨, mientras actúan principalmente en su propio interés, y se preparan para una extensión de la anarquía mundial de la pandemia económica.
¿Cómo pueden los $299 millones de ciudadanos americanos de segunda clase invertir para la anarquía?
¿Qué alternativas tienen esos $299 millones de ciudadanos normales? Aviso: en una situación de anarquía nadie lo sabe. La única estrategia posible: ¨Pensar como la Familia Robinson suiza¨. Acumular como un ¨Insider de la Conspiración Feliz¨.
Muchos todavía nos retan con estrategias ya probadas, como comprar y mantener, la Teoría de una Cartera Moderna, o Carteras Conservadoras. Lamentablemente, sólo funcionan adecuadamente con una verdadera democracia apoyada en un capitalismo justo y transparente. No funcionan con la anarquía.
Y Wall Street ya ha entrado en un pseudo capitalismo tóxico, con el que manipula a los ciudadanos americanos. Eventualmente, esa forma de pensar forzará a la inmensa mayoría de los americanos a hacer un mal uso de la misma estrategia de ¨la Familia Robinson suiza¨ que los ¨Insiders¨ utilizan para sobrevivir a la anarquía.
¿Cual es nuestra alternativa? Una nueva revolución americana
Pero espera, espera, escucho una pregunta en voz alta: ¿Debe haber alguna alternativa para evitar el descenso a la anarquía y perder todo lo que ha hecho a América la nación más grande en la historia?
Sí, hay una alternativa. De las cenizas de la anarquía debe surgir una segunda revolución americana.
Pero desgraciadamente no sucederá nada hasta que una gran crisis despierte a América… y sacuda la conciencia de las masas… Estamos ¨dormidos¨… sólo un enorme shock sistémico puede desencadenar la revolución necesaria.
El futuro de nuestra economía y desde luego de nuestra nación requiere otra revolución política. Debemos retomar nuestra democracia y capitalismo de un gobierno dirigido por Wall Street y su ¨Conspiración Feliz¨… debemos acabar con el poder tóxico e interesado que ejercen, si no es así, cuando eventualmente se acabe hundiendo nuestra propia ¨Conspiración Feliz¨, bajo las llamas de la anarquía, el relevo llegará de una nueva y creciente conspiración de China, India, los estados ricos en petróleo y las naciones con abundantes recursos.
Lamentablemente, ese es el futuro que muchos realistas vemos para América.
Post original http://www.marketwatch.com/story/how-to-invest-for-the-debt-bomb-explosion-2010-02-09?pagenumber=1
Estados Unidos sale de la recesión: su PIB se dispara un 3,5% de julio a septiembre
29/10/2009 13:35h
http://www.cotizalia.com/en-exclusiva/estados-unidos-fuera-recesion-dispara-julio-20091029.html
Lo peor está por llegar
Marc Vidal - 14/10/2009
Vivimos un miserable engaño. La escenificación ridícula de una realidad inventada. El propio gobierno maneja informes y datos que demuestran que lo peor aun está por llegar y que, ni de lejos, se parecerá a lo que hemos vivido en este extraño 2009. Sin embargo son continuos los balbuceos de algún ministro que pretende hacernos creer que saben lo que se hacen, que es cuestión de muy poco tiempo que todo fluya por la senda de la “recuperación”. La verdad pesa como el plomo y es cuestión de pocos meses que la peor cara de la crisis se muestre con toda su crudeza. Alguno de esos informes del Ministerio de Economía asustaría al más optimista. Son para llorar. A finales de noviembre se prevé un tsunami de datos muy gruesos. Paro, deflación y caídas de diversos indicadores industriales y de producción serán como una bofetada en la cara para los ayatolás de los brotes verdes.
Claro que todo es según el prisma, o la subvención, desde donde se mire. Algunos publicaron la semana pasada que esos informes que menciono y que relatan un mal final de año y peor inicio del siguiente, ya empezaban a mostrar el final de la crisis. Es triste que algunos periodistas estén sólo para servir al régimen, venga como venga y lo pinten como lo pinten. Ese equívoco del que hablo se basa en el Indicador Sintético de Actividad, el dato en el que ejecutivo cristaliza los principales datos y que avanza la evolución de la coyuntura a seis meses vista. La obviedad es que ha empeorado considerablemente en el último mes. Si antes de septiembre se hablaba de una caída del 2,2% de la economía en una lectura interanual, ahora, ese mismo indicador ya habla, sin tapujos, de un desplome al 4%. Para evitar una lectura tan siniestra la mayoría de medios que le deben pleitesía al gobierno mostraron sus gráficas con lecturas de comparación trimestral, lo que evitaba el susto e incluso simulaba unos vientos favorables que no se cree ni el Tato.
Pero el color gris seguirá siendo un color sin alegrías compuesto de blanco y negro. Por mucho que se esfuercen no hay manera de fabricar un gris con amarillo y bermellón. Por eso los datos se irán concatenando y, de nuevo, no admitir la realidad será el problema en sí mismo. No aceptar profesionalmente el diagnóstico retrasa todos los tratamientos y lo que es peor, posibilita cometer errores irremediables y siempre, además, el desenlace te pilla por sorpresa.
Pero no a todos nos pillará por sorpresa esta segunda oleada. El tiempo se acaba y con él viene la tormenta del déficit. Estamos hablando de que el gobierno decidió tirar de 400.000 millones de euros para sacarnos de la crisis entre garantías, frobs e inversiones. Ya sabemos que una parte de ese dinero está circulando por las cloacas del sistema, y que otra parte se ha desvanecido entre ajustes bancarios, rescates y avales.
Los beneficios de todo ello todavía son escasos o nulos. El paro no se ha reducido porque este país fabrica parados como churros sino crece al menos al 2,4%. Es evidente que ninguno de estos miles de millones va a cambiar el modelo de crecimiento de España, aportando valor y concediendo esperanza para los que seguimos apostando por emprender. No todo era meter arroz en el sistema, era preciso hacerlo con criterio. El dinero es un bien escaso, fabricarlo de este modo pasa factura. La deuda se deberá pagar más pronto que tarde y muchos descubrirán en breve que cuando un gobierno decide gastar, quien paga somos todos. Por eso, porque el dinero que utilizan es mi dinero, me gustaría que no lo tiraran o, peor aún, lo regalaran a los cobradores de intereses. Esa manera de gestionar el bono soberano ha generado desconfianza en el mercado. Esta desconfianza sobre nuestra deuda pública se percibe claramente cuando se observa la evolución del mercado de los credit default swaps, los conocidos seguros contra el riesgo de impago de la deuda de un país. La deuda proveniente de España ocupa el segundo lugar del mundo como emisor sobre el que más seguros contratan los inversores, para cubrirse del riesgo de impago.
En definitiva, lo peor no ha pasado, sino todo lo contrario y por si fuera poco, como advertí hace tiempo cuando todos negaban que el gobierno fuese capaz de subir impuestos, en este país todos los justos van a pagar como pecadores. Será así porque la deuda española cada vez es más complicada colocarla, cada vez, por mucho que se emita, tiene menos atractivo y más riesgo. A menos deuda colocada, más impuestos, a más impuestos, menos consumo, a menos consumo, más deflación, a más deflación, menos crédito, a menos crédito, más paro, a más paro, más déficit, más deuda, más impuestos…
http://www.cotizalia.com/cache/2009/10/14/opinion_7_llegar.html#
La que se avecina: en septiembre llegará la segunda gran oleada de morosidad
La que se avecina: en septiembre llegará la segunda gran oleada de morosidad
LAS ENTIDADES, "ASUSTADAS" POR LA MAGNITUD DEL PROBLEMA
@Eduardo Segovia - 11/07/2009 06:00h
Las desgracias que ha sufrido la banca española hasta ahora no son nada en comparación con lo que se le viene encima. Según distintas fuentes del sector, en septiembre llegará la segunda gran oleada de morosidad, que va a disparar las tasas de mora hasta la estratosfera y, en consecuencia, va a reducir las tasas de cobertura a niveles muy peligrosos en algunas entidades. Esta amenaza es la que ha provocado el reforzamiento masivo de los ratios de capital (solvencia) en las últimas semanas y la prioridad estratégica absoluta de la recuperación de los créditos impagados.
"La banca está muy asustada ante la morosidad que va a llegar en septiembre, en algunas entidades hay verdadero pánico por lo que puede pasar", afirma una de las fuentes consultadas. Es cierto que todo el mundo esperaba un repunte de la morosidad en la segunda parte del año, y hasta el propio gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, había alertado de ello. Pero la magnitud del aumento seguramente será mucho mayor de lo que se admite oficialmente.
"La primera oleada de morosidad, que se ha sufrido entre septiembre de 2008 y marzo de 2009, afecta a los créditos que nunca debieron darse: crédito promotor por suelos sin valor, inmigrantes, particulares con exceso de endeudamiento, hipotecas por el 120% del valor de tasación, etc. Esa morosidad ya ha aflorado en su mayor parte y los bancos y cajas tenemos poco de qué quejarnos, porque es culpa exclusivamente nuestra", explican en una entidad.
"Pero ahora lo que viene es mucho peor, porque ahora se trata de familias normales que no han hecho locuras y que eran solventes cuando se les concedió la hipoteca. Pero ahora se han quedado en paro y no pueden afrontar las letras mensuales. Así de simple", añade esta fuente. Recientemente, UBS estimaba que la relación entre aumento del paro y morosidad es más fuerte que nunca por el endeudamiento histórico de los hogares y por el derrumbe del ladrillo, el principal activo de los españoles. Estos dos argumentos llevan a Redburn a pronosticar que la mora superará en la crisis actual los niveles de la de los 90.
Fin del alivio del primer trimestre
Esta situación contrasta con las cuentas del sector del primer trimestre del sector, en las que se apreciaba una ralentización del fuerte crecimiento de la mora registrado a finales de 2008. De hecho, la tasa de mora del sector volvió a repuntar en abril hasta situarse en el 4,5%, el nivel más alto desde 1996.
Este paréntesis se explica por varias medidas adoptadas por el sector: la adquisición de activos inmobiliarios como pago de los créditos (lo que permite que los bancos provisionen el 10% en vez del 25% del importe de la deuda pendiente); la refinanciación masiva de las promotoras, en especial de las más grandes, ofreciéndoles mayores plazos y largos períodos de carencia; y las múltiples ofertas a los particulares para rebajar sus pagos mensuales (normalmente a cambio de alargar el plazo del crédito).
Preferentes y recuperaciones
Pero todo tiene un límite y, en todo caso, todo esto no va a ser suficiente si la oleada de morosidad que va a llegar en septiembre -"un auténtico tsunami", según una de las fuentes- es tan grande como se teme el sector. De ahí que las entidades hayan empezado a ponerse la venda antes que la herida. En primer lugar, están reforzando sus ratios de capital ante el más que previsible agotamiento de las provisiones genéricas y la necesidad de 'tirar' de resultados para cubrir el aumento de la morosidad. Esto es lo que explica las colocaciones masivas de preferentes (que computan como parte del capital llamado Tier 1) entre los clientes particulares, ya que en el mercado mayorista no hay demanda para estos títulos a los precios a los que se han vendido.
Pero no sólo se trata de eso. Numerosos bancos y cajas también están recomprando preferentes y deuda subordinada antigua en mercado a un precio muy inferior al que las vendieron en su día, con lo que obtienen una plusvalía que normalmente utilizan para reforzar su solvencia. Como siempre, el que ha batido el récord de este tipo de operaciones es el Santander, con una operación valorada en 9.100 millones de euros, cuyas plusvalías pretende destinar a reforzar sus provisiones ante lo que puede llegar.
La segunda gran medida es la reorientación estratégica de las redes de oficinas a la recuperación de los créditos morosos. Dado que apenas se concede crédito -por más que las entidades insistan en lo contrario-, ahora la principal tarea de las sucursales es conseguir como sea que los clientes que han dejado de pagar sus créditos vuelvan a hacerlo para poder sacarlos da la tasa de morosidad y, en consecuencia, liberar las provisiones que la entidad ha tenido que dotar.
http://www.cotizalia.com/cache/2009/07/11/noticias_95_septiembre_morosidad_bancos_cajas.html
Las provisiones genéricas de la banca se acabarán este año
Las provisiones genéricas de la banca se acabarán este año ante el crecimiento de la morosidad
bancos, cajas de ahorros, provisiones, genérica, márgenes, beneficios, Banco de España
@Eduardo Segovia - 09/06/2009 06:00h
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La delicada situación del sistema financiero español se va a agravar notablemente este mismo año con el fin del colchón con el que contaban las entidades para hacer frente al aumento de la morosidad: la famosa provisión genérica o anticíclica dotada por bancos y cajas en la época de vacas gordas. Distintas fuentes autorizadas del sector lo confirman y, además, creen que no será suficiente con gastarse esta 'hucha', sino que además muchas entidades tendrán que tirar de los resultados para cubrir la morosidad, lo que se traducirá en un fuerte descenso de los beneficios del sector EN 2009 Y 2010.
"La primera oleada de morosidad se ha soportado con este colchón, pero ya no da para más: la genérica se agotará este mismo verano en algunas entidades, en otras muchas a fin de año y a la segunda mitad de 2010 no llegará casi nadie sin tener que tirar de beneficios para cubrir la morosidad", asegura un alto cargo de una entidad. De hecho, ya desde el último trimestre de 2008 muchos bancos y cajas han recortado sus beneficios para destinarlos a provisiones siguiendo las directrices del Banco de España; de lo contrario, la genérica ya se habría agotado en numerosas entidades.
Luis de Guindos, socio responsable del sector financiero de PriceWaterhouseCoopers, corroboraba ayer esta previsión sobre la base de un estudio de la consultora que estima que la tasa de morosidad del conjunto de la banca se situará entre el 7% y el 8% a fin de año. Esto ocurrirá en un escenario en el que el PIB se contraiga un 3,5%, la tasa de paro supere el 20% y el Euribor medio de 2009 se sitúe en torno al 2%. Si esto se cumple (cosa que parece bastante probable), se consumiría toda la provisión genérica del sistema, aunque con una notable dispersión entre las entidades.
Y ése es el mejor escenario que contempla PWC. El intermedio es que la tasa de morosidad del sistema alcance el 10%, lo que implicaría que el conjunto del sector entraría en pérdidas porque, aparte de la genérica, la morosidad consumiría también todos los beneficios de bancos y cajas. Y el peor caso posible sería catastrófico: morosidad en torno al 15%, lo que implicaría que el sector en su conjunto tendría que ser rescatado porque su ratio de solvencia caería por debajo del 8% regulatorio.
La provisión genérica frente al aumento de la mora
Otro experto consultado por El Confidencial pone en relación las provisiones de la banca con la evolución de sus resultados para llegar a la conclusión de que, incluso aunque la morosidad no se acelere respecto a su crecimiento actual, la genérica del sistema se acabará en 2010 a más tardar y, además, los resultados del sector tendrán que caer a plomo para hacer frente a dicha mora.
Este análisis parte de las provisiones genéricas con que contaba la banca al cierre de 2008 (prácticamente intactas, puesto que han empezado a consumirse en el primer trimestre), que ascendían a 25.769 millones de euros según el Banco de España. Dado que la normativa exige que los bancos mantengan un 10% de ese fondo sin gastar, el disponible asciende a 23.192 millones.
Esta cifra se debe poner en relación con la morosidad que va a tener que absorber el sistema. Sin entrar en las hipótesis de PWC, este analista toma el crecimiento de marzo respecto a diciembre y lo multiplica por cuatro, es decir, estima un crecimiento similar en todos los trimestres de 2009. Dicha morosidad del primer trimestre fue de 16.391 millones, también según el Banco de España, lo que multiplicado por cuatro arroja 65.564 millones.
Ahora bien, todo eso no debe provisionarse de la misma forma, sino que hay dos calendarios en función de si se trata de hipotecas por menos del 80% del valor de tasación (que se provisionan en 6 años) o si son hipotecas por un importe superior, crédito promotor o crédito al consumo (se provisionan en dos años). Según las estimaciones del sector, el 80% de la mora actual, aproximadamente, va por calendario corto. Lo cual nos deja con el 80% de 65.564 millones, que es 52.451 millones. Y de ese dinero, un 25% tendría que provisionarse en 2009: 13.113 millones.
Fuerte caída de los resultados
Por consiguiente, tendríamos una necesidad de provisionar 13.113 millones en 2009 frente a una genérica disponible de 23.192 millones, siempre en el benigno supuesto de que el crecimiento de la mora no se acelera a partir de ahora. Esto se comería el 56,5% del colchón en 2009; y en realidad es bastante más, porque hay que provisionar el 75% que falta de la morosidad declarada en 2008. Pero, en todo caso, el 75% de la morosidad de calendario corto declarada en 2009 hasta llegar a esos 52.451 millones debe provisionarse en 2010, lo cual supone la desaparición definitiva de la genérica en los primeros meses del próximo año.
Ahora bien, también hay que ver si las cuentas de resultados pueden absorber esas dotaciones sin acabar con la genérica. El año pasado, el margen de explotación -que es el concepto de donde salen las provisiones- de todo el sector ascendió a 36.651 millones. Supongamos que este margen se mantiene, cosa bastante difícil en un entorno de caída del crédito; pero seamos optimistas. Dado que la morosidad sin cubrir por la genérica en 2009 y 2010 (29.259 millones, que es la diferencia entre la mora de 52.451 millones y la genérica disponible, 23.192 millones) supone el 80% de ese margen (36.651), eso implica que el sector no sólo se va a comer la genérica entera -salvo que prefiera entrar en pérdidas-, sino que su resultado después de provisiones se va a desplomar en torno al 80% entre 2009 y 2010.
La conclusión es que, se mire por donde se mire, incluso en los escenarios más positivos el colchón de la provisión genérica va a terminarse este año o a principios del próximo en el conjunto del sistema y, además, los beneficios van a resentirse muy notablemente. Otra cosa es que habrá grandes diferencias entre unas entidades y otras. Así, ya hay algunas cajas de todos conocidas al borde del abismo, mientras que los dos grandes bancos -y otras entidades no tan grandes con baja morosidad y elevadas tasa de cobertura de la misma- podrán resistir más tiempo sin gastarse todo el colchón.
2010, la pesadilla de la banca: provisiones masivas y desplome de márgenes
bancos, cajas de ahorros, crédito, hipotecas, márgenes, provisiones, morosidad
@Eduardo Segovia - 13/06/2009 06:00h
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El próximo año da auténtico pánico a las entidades financieras españolas, porque va a suponer la verdadera prueba de fuego para la supervivencia de muchas de ellas. En efecto, el próximo año se van a juntar tres factores que van a hacer que la crisis 2009 parezca un juego de niños a su lado: la necesidad de dotar el grueso de la morosidad declarada en 2009 (lo cual va a acabar con todo el colchón de la provisión genérica), el hundimiento de los márgenes y el límite de las prácticas actuales para contener el crecimiento de la mora, sobre todo hipotecaria.
Mucha gente se ha sorprendido por lo buenos que han sido los resultados del primer trimestre de este año en el conjunto del sector. En efecto, el crecimiento de la morosidad se ha frenado y las tasas de cobertura (porcentaje de la morosidad cubierto con provisiones) se han estabilizado, salvo excepciones. En cuanto a los márgenes, la caída histórica de los tipos de interés ha beneficiado extraordinariamente a bancos y cajas porque se ha reducido notablemente el precio al que los bancos captan el dinero, sea a través de depósitos o en los mercados mayoristas con emisiones de deuda, mientras que los créditos siguen a unos tipos estratosféricos, con unos diferenciales cada vez más amplios sobre el Euribor para cubrirse de los crecientes riesgos actuales. Además, la operativa en los mercados ha rendido unos pingües beneficios.
Pero esta situación, aunque puede prolongarse algún trimestre más, tiene fecha clara de caducidad. Y esa fecha es 2010 como muy tarde, aunque el deterioro se va a hacer evidente ya antes de fin de año: ayer mismo, el Financial Times pronosticaba que este verano será mucho más complicado y que la morosidad alcanzará el 8% para el conjunto del sistema a fin de año.
La banca debe provisionar los créditos morosos de acuerdo con dos calendarios: el corto, que comprende el crédito promotor, el de consumo y las hipotecas concedidas por más del 80% del valor de tasación, que se provisiona en dos años, el 25% del total del crédito en el ejercicio en que se produce el impago y el 75% en el siguiente; y el largo, donde sólo entran las hipotecas de menos del 80% de loan to value y otros préstamos con fuertes garantías, que se provisionan en seis años (y en los primeros apenas hay que hacer dotaciones).
El 75% de la mora de 2009, a las cuentas de 2010
Eso significa que bancos y cajas pueden bandear este año porque sólo tienen que cargar en sus cuentas el 25% de los créditos declarados morosos este año, pero en 2010 tendrán que provisionar el 75% restante, lo cual puede ser catastrófico para muchas entidades. Es cierto que no toda esta morosidad irá por calendario corto, pero distintas fuentes del sector aseguran que el 80% de la nueva mora declarada en 2009 pertenece a esta categoría. En esta situación, no es de extrañar que la provisión genérica -el colchón que han constituido bancos y cajas en los años de bonanza- se vaya a acabar en 2010, si es que no se agota ya este mismo año.
Sin provisión genérica, los bancos y cajas tienen que tirar del resultado para provisionar la morosidad, lo cual puede hacer que unas cuantas entidades entren en pérdidas y que tengan problemas de solvencia. De hecho, ya hay algunas que, salvo que cambien mucho las cosas, no tienen suficiente con los ingresos de este año más la genérica para provisionar toda la morosidad.
Los márgenes, al infierno
Pero no es trata sólo de eso. Es que, a este durísimo impacto por el lado de los gastos, hay que sumar un fuerte descenso de los ingresos, es decir, de los márgenes de la banca. Porque a finales de este año habrá que revisar muchas hipotecas y créditos para adaptarlos a un Euribor al 1,68% frente al 4,35% de noviembre del año pasado (la mayoría de las revisiones a 1 de enero toman este valor porque todavía no es oficial el de diciembre). Es decir, casi 4 puntos de caída de margen de golpe y porrazo que dejarán de ingresar las entidades durante 2010.
Además, este desplome no puede ser compensado por una caída del tipo que pagan en los depósitos porque ya han bajado todo lo posible este año. Luego los márgenes no tienen otro remedio que bajar, lo cual a su vez reduce los ingresos con los que contarán los bancos para hacer frente a las enormes provisiones del próximo año. "Un tema que no se ha estimado es el impacto del repricing de las hipotecas, es decir, el impacto de la bajada de tipos en las hipotecas, que es positivo para la morosidad -bajan los pagos mensuales- pero negativo para los márgenes de las entidades", asegura Luis de Guindos, socio responsable del sector financiero en PriceWaterhouseCoopers.
Por tanto, se avecina un 2010 de pesadilla para muchas entidades, aunque el horror comenzará ya en 2009 para muchas. Y por si todo esto fuera poco, además seguramente llegará la famosa segunda oleada de morosidad en el segundo semestre de este año, centrada en las hipotecas y que está en función del aumento del paro. "Hay mucha más morosidad embalsada que la que reflejan las cifras oficiales porque se ha frenado con la compra de casas y de acciones de empresas en quiebra. Si un porcentaje muy elevado de eso entra finalmente en mora, el sistema quedará muy tocado en 2010. Y eso, sin tener en cuenta la segunda oleada de morosidad, que puede ser la puntilla para muchos", opina un directivo de una importante entidad.
http://www.cotizalia.com/cache/2009/06/13/noticias_12_odisea_banca.html
1 junio 2009
SEGÚN EL INVERSOR MARC FABER
"EEUU sufrirá una hiperinflación similar a la de Zimbabue"
Crece el número de analistas que temen un doloroso proceso hiperinflacionista de la mano de los bancos centrales. El último en sumarse a esta tendencia has sido Marc Faber, en su opinión, el modelo al que se dirige EEUU es más parecido al de Zimbabue que al de la Alemania de Weimar.
(Libertad Digital) Desde que el analista y experto monetarista Antal Fekete se preguntase si la economía norteamericana camina hacia un inexorable proceso hiperinflacionario o bien hiperdeflacionista, en una entrevista que adelantó LD en febrero, son muchos los célebres inversores y expertos que se han pronunciado.
El propio Fekete pronostica que primero el mundo asistirá a un intenso proceso deflacionario que dará paso a una dura hiperinflación. El problema para Fekete es que, pese a que los bancos centrales están haciendo importantes esfuerzos por crear dinero a toda máquina, son incapaces de hacerlo circular a través de bancos, empresas o familias. El razonamiento de este analista pasa por considerar que la oferta monetaria pasa de mano en mano y se encoge "al mismo ritmo que se dispara la demanda de atesoramiento de billetes federales".
Es decir, que el dinero que se genera a marchas forzadas en los bancos centrales se utiliza para rescatar entidades, mientras las familias y los consumidores ahorran para pagar sus deudas, Con lo que el consumo seguirá estancado acentuando el proceso deflacionario.
Por otro lado, Morgan Stanley, Peter Shift o Jim Rogers, se muestran convencidos que el escenario que espera a EEUU es muy parecido a la hiperinflación que sufrió la Alemania de los años 20 con la república de Weimar. En su opinión, la política de la Reserva Federal de aumentar indiscriminadamente su balance mediante la compra de casi cualquier tipo de activos y deuda (quantitative easing). Algo que, sin remedio, pone en serio peligro la divisa norteamericana (el dólar) y hará que los precios se disparen.
Tal y como publica este miércoles Bloomberg y repican algunos medios españoles, como El Economista, el analista Marc Faber ha sido el último en sumarse a las teorías hiperinflacionistas.
Faber, por su parte, da un paso más que el resto de analistas citados, y es que considera que el modelo al que se dirige EEUU se parece más a la hiperinflación de Zimbabue que a la de la República de Weimar. Faber es el autor del "Informe Apocalíptico" (Gloom, boom and dom Report).
El último dato oficial de la inflación en Zimbabue data de julio del año pasado, cuando la tasa de inflación era de 231.000.000%. Ahora, tal y como avanzó LD, muchos analistas estiman que se encuentra en billones%. Pues bien, un ritmo de aumento de precios como éste es el que pronostica Faber, quien señala que los precios pueden aumentar a un ritmo "cercano a las ganancias de Zimbabue" y que "me siento cien por ciento seguro de que los EEUU entrarán en la hiperinflación".
Libertad Digital ha ofrecido desde el pasado verano una extensa cobertura de la situación económica de Zimbabue. Una hiperinflación salvaje que ha terminado por hacer inútil la divisa local y obliga a sus habitantes a comerciar con trueque, divisa extranjera y oro. Ya en diciembre del año pasado era más económico asearse con billetes que comprar papel higiénico.
Una situación que tiene su origen en el proceso de nacionalización masiva de las explotaciones agrarias de Zimbabue. Para Faber, "el problema de la deuda pública está creciendo tanto que cuando llegue el momento de incrementar los tipos de interés la Reserva Federal será reacia y no lo hará, por lo que comenzará a acelerarse el proceso inflacionista."
En opinión de Faber, la economía mundial no volverá a la "prosperidad" de 2006 y 2007 a pesar de que en algún momento se observen rebrotes en medio de la recesión. Algo así como los "brotes verdes" que ve el Ejecutivo de Zapatero.
Según su análisis, las acciones en los EEUU no quieren marcar nuevos mínimos mientras permanezcan sostenidas por el aumento de la oferta monetaria. Mientras, se mantiene el mercado alcista de forma injustificada ya que las acciones no están baratas.
En su informe "apocalíptico", Faber estima que las acciones caerán hasta un 10% antes de reanudar las ganancias. Se trata del mismo analista que recomendó a los inversores poner a salvo sus acciones en el mercado de EEUU una semana antes del llamado Lunes Negro de 1987.
http://www.libertaddigital.com/economia/eeuu-sufrira-una-hiperinflacion-similar-a-la-de-zimbabue-1276360544/
El Ciclo de Kondratieff
El Ciclo de Kondratieff
por X-Trader
22/09/2001
Este ciclo, de una duración aproximada de 54 años, fue observado por primera vez por un economista ruso llamado Kondratieff cuando, en 1926, se dió cuenta que el comportamiento de la economía norteamericana entre 1780 y 1926 había seguido tres oleadas cíclicas. Otros investigadores posteriores han conseguido mostrar que la economía inglesa se ha comportado de forma parecida desde 1271 hasta la actualidad. En este punto, la investigación para otros países se encuentra con la limitación de la falta de unos datos mínimos que cubren un periodo suficientemente significativo.
Básicamente, este ciclo se compone de cuatro fases:
La subida, de una duración aproximada de veinte años. Después de llegar al techo (donde, probablemente, hay alguna guerra) viene...
Una depresión, de unos cinco años de duración. Después...
Una recuperación «financiera», de unos cinco a veinte años. Finalmente...
La caída, de una duración de unos veinte años, que acaba, posiblemente, en otra guerra.
Trataremos aquí de describir este ciclo largo fijándonos en las características generales (que se van repitiendo en cada ciclo) y describiendo las características particulares (que varían de un ciclo al otro) en función de lo que ha pasado en el último, que parece haberse iniciado alrededor de 1940. Sería muy recomendable que, al leer la descripción de cada fase del ciclo, se vaya siguiendo el cuadro 1, donde hay representada la trayectoria cíclica de la economía mundial en el siglo XX.
Ciclo 1
1895-1920: Fase de prosperidad. Desarrollo de las industrias de fertilizantes y metalúrgicas y adopción de avances tecnológicos fundamentales en la industria siderúrgica.
1914-1918: I Guerra Mundial.
1920-1924: Depresión económica: «balcanización» de antiguos grandes estados europeos en pequeños países de estructura económica desequilibrada y muy proteccionistas en sus relaciones económicas en el exterior. Hiperinflación en Alemania y otros países de centro-Europa.
1924-1929: «Los felices años 20».
1929: Crack de la bolsa de New York y inicio de la gran depresión.
1936: Inicio de la guerra civil española. Las grandes potencias inician programas de rearme acelerado.
1939-1945: II Guerra Mundial.
Ciclo 2.
1948-1973: Fase de prosperidad. Desarrollo de las industrias químico-farmacéutica, petroquímica y plásticos, electrodomésticos, automóbiles y energía atómica de fisión.
1963-1974: Guerra del Vietnam.
Invierno 1973-1974: Primera crisis petrolera.
1979-1982: Segunda crisis petrolera.
Finales de 1982: México amenaza con hacer suspensión de pagos exteriores (amortizaciones e intereses de su deuda exterior). La Reserva Federal norteamericana cambia su política monetaria, iniciando una época de continuados descensos en el tipo de interés.
1983-1988 (?): Recuperación «financera».
Finals de 1988 (?): Crac de las bolsas internacionales que inicia una nueva gran depresión.
1989-1996 (?): Depresión económica.
1996-2000 (?): Gran Guerra.
Ciclo 3.
2000-2025 (?): Fase de prosperidad. Desarrollo de la energía nuclear de fusión y de las industrias basadas en la biología aplicada, aprovechamiento integral de los oceanos. Industrias de tecnología espacial. Generalización doméstica de la electrónica avanzada (por ejemplo, uso doméstico de los robots).
Fase primera.
En el fondo de la depresión las expectativas de los empresarios sobre los beneficios futuros son tremendamente pesimistas y, como la utilización de la capacidad de producción instalada es muy baja, la inversión es muy reducida. Las familias tienen tendencia a restringir su demanda de bienes de consumo al mínimo indispensable. El paro es muy elevado, los tipos de interés muy bajos, los precios internacionales de las materias primas hace tiempo que están en los mínimos y, finalmente, la tasa de inflación es cero o, incluso, negativa.
La guerra que probablemente estalle servirá de catalizador de la actividad económica. En efecto, las perspectivas de una próxima guerra provocan una demanda adicional a través de los gastos de rearme iniciados por los gobiernos; cuando la guerra estalla, la demanda se mantiene por los aumentos de las exportaciones de los países no beligerantes hacia los beligerantes; finalmente, cuando la guerra acabe, las necesidades de reconstrucción provocarán un nuevo estímulo a la demanda. Como que la capacidad industrial no utilizada y el paro son, en este momento, elevados, la estirada de la demanda no provoca una inflación significativa; esto y las relativas facilidades monetarias hacen que los tipos de interés nominales sean bajos y el crédito abundante y barato.
A medida que el tiempo pasa y la reconstrucción se termina, comienza una nueva gran estirada de la demanda: durante toda la fase baja del cicle se han ido produciendo nuevos descubrimientos (tanto de nuevos procesos productivos, que abaratan los costes de las empresas, como de nuevos artículos de consumo) que ahora saldrán de los centros de investigación para introducirse en la vida cotidiana. En efecto:
Las empresas ya trabajan a plena capacidad (y obtienen unos buenos beneficios) por lo cual sentirán alentadas a realizar inversiones dirigidas a:
- Introducir nuevos procesos productivos mas eficientes.
- Ampliar la dimensión de las plantas de producción.
- Construir nuevas plantas para producir los nuevos artículos que la gente demanda.
- En el mismo sentido, el paro es muy bajo, y lo ha sido de forma continuada durante algunos años, cosa que hace que la masa salarial total sea elevada y los consumidores se sientan confiados hacia la continuidad en la percepción de estas rentas. Además, los nuevos artículos que se introducen en el mercado encuentran una demanda virgen. Los dos factores conducen a una demanda de consumo muy elevada.
La persistencia, durante tantos años, de la demanda acaba provocando que los precios de las materias primas, que han ido subiendo lentamente, comiencen a hacerlo a un ritmo mucho mas fuerte. Por otro lado, la plena ocupación, mantenida desde hace mucho tiempo, hace que en el mercado de trabajo la fuerza negociadora se traslade progresivamente desde la patronal hacia los sindicatos, lo cual comportará costes salariales crecientes para las empresas. Estas subidas de costes (de materias primas y salariales), en una situación de gran demanda, harán que las empresas reaccionen aumentando los precios, lo cual irá despertando la inflación.
Durante toda esta primera fase de Kondratieff, las bolsas habrán recorrido unos cuantos ciclos cortos (ver la segunda parte del artículo) donde las fases alcistas serán largas y las bajistas de duración no demasiado grande (dos años, quizá, como máximo) y no muy fuertes.
Al final de esta primera fase suele estallar alguna guerra que agraba las tendencias inflacionarias del sistema económico, y esto porque ahora la demanda adicional viene cuando las empresas trabajan a plena capacidad y en el mercado de trabajo hay plena ocupación.
La aparición de un nivel de inflación medio (o alto, según el país) y con tendencia sostenida (o incluso creciente) favorece la aparición de distorsiones en el aparato económico, de las cuales las mas importantes, por lo que aquí estamos tratando, son la progresiva descapitalización de las empresas (a través de la sobrevaloración de los beneficios) y la generalización de la inversión especulativa (en estos momentos es cuando se pone de moda la colocación del ahorro en oro, sellos, inmuebles, etc).
Fase segunda.
El elevado nivel de inflación existente provoca que la mayoria de los gobiernos adopten una política económica restrictiva que tiene como consecuencia la disminución de la demanda. A medida que la tasa de inflación se resiste a bajar, continuan las políticas económicas de signo restrictivo que, en el grado que sean monetarias, darán lugar a altos tipos de interés nominales. Los efectos combinados de demanda en disminución y de altos costos financieros para las empresas traerán a las mas débiles a la bancarrota.
La tasa de inflación comienza a bajar, pero el paro comienza a aumentar (lo cual comporta un descenso de la masa salarial y, por lo tanto, una menor demanda de consumo). Mientras tanto, la aparición de capacidad industrial no utilizada y los altos tipos de interés reales desincentivan la inversión productiva, que baja abruptamente. La caída de la demanda, tanto de consumo como de inversión, tiene otras consecuencias:
- Un descenso continuado en la demanda de materias primas que acabará provocando el hundimiento de sus precios en los mercados internacionales.
- El paro creciente dará paso a incrementos de salarios por debajo de los incrementos de los precios.
- Los dos elementos anteriores llevarán a un menor crecimiento de los costes de producción que, en una situación de demanda débil, harán que la tasa de inflación continue bajando.
- Aparecerán diferentes sectores productivos en la economía claramente sobredimensionados y, de aquí, la necesidad de «reconversiones industriales».
- El descenso de la renta nacional traerá ingresos fiscales menores. Por otra parte, el elevado paro y el financiamiento de la reconversión industrial comportarán un gasto público mas elevado. La resultante de las dos fuerzas será unos déficits públicos muy elevados.
Durante toda esta segunda fase del ciclo de Kondratieff, las bolsas estarán bajando dentro de un larguísimo tramo bajista (que puede durar, incluso, cuatro o cinco años) que acabará en un periodo muy largo de «acumulación» (ver la segunda parte del artículo).
El proceso contractivo de la economía española seguirá hasta que las tasas de inflación hayan caído a niveles que se consideren normales (o el paro haya llegado a niveles políticamente insoportables para el gobierno). En este momento se inicia la...
Fase tercera.
Los gobiernos comenzarán nuevamente a llevar a término políticas económicas expansivas, que ahora serán preferentemente monetaries, haciendo caer los tipos de interés nominales progresivamente.
No se hace expansión fiscal (es decir, rebajas de impuestos o programas de gasto público como, por ejemplo, obras públicas) a causa de:
La elevada cantidad de deuda pública emitida en la fase anterior para financiar los déficits presupuestarios (y que, a medida en que bajen los tipos de interés, darán lugar a unos pagos por intereses mucho mas soportables pues, en los vencimientos de la deuda, este es reemplazado por una nueva deuda emitida a un tipo de interés menor).
Al ser los déficits de partida ya elevados, una política fiscal fuertemente expansiva daría lugar a déficits mucho mas grandes, lo cual comenzaría a provocar dificultades en el momento de colocar la deuda pública necesaria en los mercados de capitales.
Ahora bien, debido a la elevada capacidad industrial no utilizada, la inversión productiva no aumenta (a pesar de la bajada de los tipos de interés).
Por otro lado, los gobiernos estarán sometidos a una fuerte presión por parte de los diferentes grupos socioeconómicos, que esgrimirán los «costes» soportados por cada uno de ellos en la fase anterior en la cual los gobiernos aplicaron una política restrictiva con tal de hacer bajar la tasa de inflación. La reacción de los gobiernos será, en general, la de acelerar la bajada de los tipos de interés aumentando fuertemente la liquidez que circula por el sistema económico. Como que la inversión productiva se va reanimando muy lentamente, este exceso de liquidez se va hacia los mercados bursátiles, trayendo como consecuencia una gran alza de las cotizaciones.
Las subidas de la Bolsa en la primera fase de Kondratieff tienen una pequeña «fase líquida» (ver la segunda parte del artículo) y una larga «fase fundamental»; mientras que, en esta tercera fase de Kondratieff, es mas larga la «fase líquida». Este fenómeno tiene su explicación económica: las empresas ven como van creciendo sus beneficios, pero ahora estos no son provocados por un muy elevado nivel de ventas, sino por unos costes decrecientes. En efecto, la bajada de los precios de las materias primas, el descenso de los salarios reales y la caída de los costes financieros harán disminuir substancialmente los costes empresariales y aumentar, por lo tanto, sus beneficios. Pero continúa existiendo un paro muy elevado, una alta capacidad productiva no utilizada, una inversión en equipos industriales creciente (pero muy baja) y una demanda de consumo bastante débil.
El elevado paro asegura la continuación de las facilidades monetarias y de los descensos en los tipos de interés, lo cual dará lugar (por la mayor liquidez existente y por los trasvases desde los mercados de renta fija) a alzas desconocidas, en nivel y en velocidad, en las cotizaciones bursátiles.
En un momento mas avanzado, este dinero dará lugar, también, a subidas en los precios de los inmuebles, del oro, de los sellos i, en general, en los de cualquier bien apto para la especulación.
Mas adelante, y con los tipos de interés todavía mas bajos, ya no son solamente trasvases desde la renta fija, sino también una demanda de crédito generalizada la que proporcionará un nuevo combustible a las alzas de las bolsas, mercados inmobiliarios, metales preciosos, etc. Además, aumenta enormemente la demanda de bienes de consumo duraderos (automóbiles, aparatos electrodomésticos...) pagados, también, mediante créditos pedidos por los consumidores al sistema bancario aprovechando el nivel tan bajo de los tipos de interés.
Otro fenómeno típico de esta fase tercera es la aparición de fuertes tensiones en los mercados de divisas, manifestados por las bruscas variaciones de unas monedas respeto a otras. Este fenómeno está provocado por una enorme masa de hot money (dinero caliente) que, sus maniobras especulativas, salta ágilmente desde mercados financeros de un país hacia mercados financieros de otro, provocando así la rápida variación de los tipos de cambio entre las dos monedas.
Fase cuarta.
Cuando el mercado de bienes duraderos de consumo comienza a dar algunos síntomas de saturación, cuando las cotizaciones bursátiles están muy por encima de lo que un inversor informado y con una perspectiva a largo plazo consideraría razonable, cuando las viviendas llegan a un precio que los compradores con intención de habitarlos ya no pueden pagar... Viene el «crac». Como ya sabemos, el mantenimiento de una oleada especulativa requiere la entrada continuada de dinero «fresco» (y en cantidad creciente, debido a que se transaccionan unas cantidades casi invariables de activos y a precios cada vez mas elevados). En el momento en que ya no hay nuevos compradores y los precios comienzan a caer, se genera el pánico. Los detentores de los activos los han comprado esperando un rendimiento que ahora viene dado exclusivamente por la plusvalía que surge en venderlos a unos precios superiores (a la altura de las cotizaciones existentes en este momento, el rendimiento, por dividendos en el caso de las acciones y por alquileres en el caso de los inmuebles, da lugar a una tasa de rentabilidad irrisoria). Si los precios comienzan a caer y las plusvalías esperadas desaparecen, todo se hunde y todo el mundo intenta vender al mismo tiempo, cosa que genera una caída en vertical de las cotizaciones; y cada bajada de las cotizaciones provoca la aparición de una nueva oleada de vendedores (cada vez mas desesperados y con mas prisa para vender) y así hasta que las cotizaciones hayan bajado al punto donde ya no haya exceso de vendedores.
La caída en vertical de las cotizaciones comporta una bajada del nivel del valor de la riqueza total de las familias, lo cual comportará una bajada de la demanda de bienes de consumo (mas fuerte como mas bienes de consumo duradero se hubiesen adquirido mediante créditos, los cuales el público esperaba cancelar con las plusvalías obtenidas en una bolsa donde la tendencia alcista hubiese continuado).
Este descenso de la demanda será amplificada pronto por las quiebras bancarias, como consecuencia que los bancos se habían lanzado, en la fase anterior, a la concesión de créditos a las familias financiando la compra de bienes de consumo y viviendas (este fenómeno está provocado por la elevada demanda de crédito con esta finalidad y por la escasa demanda de crédito para financiar inversiones productivas, ya que la inversión, como hemos visto, crecía muy lentamente). Muchos de estos créditos concedidos antes serán ahora irrecuperables.
Si, además, estos bancos tienen otros créditos irrecuperables, como:
- Los concedidos a países productores de materias primas, cuyos precios ya hemos visto que permanecen a niveles muy bajos (ejemplo actual: la deuda exterior del tercer mundo y, mas concretamente por su volumen, la deuda exterior latinoamericana) y...
- Los concedidos a productores nacionales de materias primas que se rigen según los precios internacionales (ejemplo actual: los créditos concedidos por la banca norteamericana los campesinos del Middle West).
Nos encontraremos entonces con una secuencia de quiebras bancarias. El resultado económico de todo esto es una brutal contracción del crédito que profundiza enormemente la depresión económica.
Una vez desencadenada la depresión, con numerosas quiebras de empresas, ejérrcitos de trabajadores yendo hacia el paro, etc. esta es engrandecida, todavía mas, por las reacciones de los diferentes sectores socioeconómicos en el interior de cada estado, los cuales ejercen una fuerte presión sobre los gobiernos pidiendo una mayor protección aranzelaria y una devaluación de la propia moneda para conseguir, a la vez, proteger el mercado interior y conquistar nuevos mercados en el exterior. A medida que esto es un fenómeno generalizado, el resultado global de las sucesivas «guerras aranzelarias» y las continuadas «guerras devaluatorias» entre los diferentes países es una contracción del comercio internacional, el cual asegura un agravamiento adicional de la depresión económica.
En esta fase, las caídas de las cotizaciones en la bolsa son todavía importantes, pero el ritmo de descenso es muy inferior al de la fase de pánico. Los motivos fundamentales de las bajas son ahora:
- Las casi inexistentes expectativas de beneficios en las empresas, consecuencia de la situación de profunda depresión económica.
- La necesidad, por parte de una cierta proporción de las familias, de dinero para asegurarse un cierto nivel de supervivencia, lo cual provocará el mantenimiento, durante tota la depresión, de un continuado flujo de ventas que, de forma regular, irá llegando a la bolsa.
- No hace falta decir que las mismas vicisitudes pasaran en los otros mercados activos: el precio de los sellos se hundirá enseguida en el periodo del pánico; la caída del precio del oro se verá un poco frenada por la demanda que se genera en los momentos de inestabilidad y crisis generalizada (buscando en el oro un «refugio seguro» para los ahorros). No obstante, a medida que la depresión permanecerá en el tiemo, el precio internacional del oro irá siguiendo una tendencia descendente.
- Los precios de los inmuebles, después de una seria caída inicial (provocada, en parte, por la ejecución de las garantías de los créditos hipotecarios impagados), irá después bajando lentamente, en la medida que al estar también el sector de la construcción en una crisis muy fuerte, la oferta de nuevas viviendas será escasa.
En el punto mas bajo de la depresión, el paro será tremendamente elevado; la demanda de consumo caerá practicamente hasta los límites marcados por un cierto nivel de supervivencia; la demanda de inversión será prácticamente nula, dada la enorme capacidad industrial no utilizada y las inexistentes perspectivas de beneficios; los tipos de interés nominales estarán muy bajos y, probablemente, haya deflación (bajada de precios). Mientras tanto, se irán creando las bases para una nueva oleada expansiva:
Los centros de investigación no paran de encontrar descubrimientos que permitirán, quizá una década mas tarde, la aparición de nuevos artículos de consumo y de nuevos procesos productivos abaratadores de costes.
Las enormes tensiones sociales dentro de cada país pueden llevar a la polarización de la sociedad, situación que puede acabar llevando al poder a gobiernos fuertemente extremistas, con la característica general de intentar encontrar la solución de la crisis interior en el exterior. La guerra estará en camino y con ella el inicio de un nuevo ciclo.
El ciclo bursátil.
Este ciclo tiene una duración de unos cinco años de promedio (a excepción del que se desarrolla en la tercera fase del ciclo de Kondratieff, que tiene una fase alcista de unos 6 o 7 años, debido a que el exceso especulativo se prolonga mucho mas tiempo y, correspondientemente, la fase bajista posterior es mucho mas fuerte), observando su presencia en la evolución de los mercados bursátiles desde 1871. En 1923, el profesor J. Kitchin mostró, para la economía británica y la norteamericana, que también existía este ciclo en la evolución de precios al mayor, de los tipos de interés, de los niveles de beneficios y en la de otras magnitudes económicas que versan sobre el mundo empresarial considerado agregadamente.
Desde unos parámetros estrictamente bursátiles lo podríamos describir de la manera siguiente: Las cotizaciones de la bolsa, consideradas en general, se mueven según tendencias. Podríamos clasificar estas tendencias en tres grupos:
- Primarias: duran, como mínimo, un año y dan lugar a una variación de les cotizaciones de, como mínimo, un 50%.
- Secundarias: una tendencia primaria alcista está compuesta de tres (o mas) tramos alcistas, interrumpidos por dos (o mas) tramos bajistas. Cada uno de estos tramos secundarios tiene una duración entre uno y doce meses. Obviamente cada suelo de una corrección secundaria queda por encima del suelo de la corrección anterior. Lo mismo vale para una tendencia primaria bajista, pero al revés.
- Menores: cada tendencia secundaria está, a su vez, compuesta de movimientos o tramos menores los cuales tienen una duración máxima de un mes. Aquí nos centraremos, fundamentalmente, en el estudio de las fases que componen las dos tendencias primarias, dando, a la vez, una breve referencia sobre el ciclo económico corto que se desarrolla paralelamente.
Ciclo bursátil completo.
A. Tendencia primaria alcista «The Bull Market».
I - Fase de «acumulación».
- La economía está en el peor momento del ciclo económico corto y los beneficios de las sociedades son muy bajos (o hay pérdidas) y las expectativas de los empresarios son muy pesimistas. El paro es muy elevado y la tasa de inflación está llegando a niveles bastante bajos.
- El gran público, que ha perdido mucho dinero en la fase bajista anterior, no quiere ni oír hablar de la bolsa. El volumen contratado es mínimo. Los «parquets» están vacíos de gente y las cotizaciones salen en los diarios (si salen) en algún rincón de la sección económica. Las instituciones (es decir, bancos y cajas de ahorro, fondos de pensiones, sociedades de cartera y grandes inversores en general) se van dando cuenta progresivamente que si la economía va mal, es por otro lado, altamente improbable que empeore todavía mas; es decir, se dan cuenta que «se ha tocado fondo» y por lo tanto comienzan a colocar «el cesto abajo» (dando órdenes a los agentes de comprar todas las acciones cuando la cotización caiga por debajo de un determinado cambio, sin presionar, en ningún momento, los precios hacia arriba).
II- Fase de «liquidez».
- Habiéndose reducido subtancialmente la tasa de inflación, el gobierno, en un intento de reanimar la economía, comienza a llevar a cabo medidas de política económica de signo expansivo. La combinación de una tasa de inflación muy baja y una cierta expansión monetaria dará lugar a tipos de interés nominales muy bajos. A pesar de la anterior, la economía nacional continuará en la fase de depresión del ciclo económico corto.
- La fuerte caída de los tipos de interés reduce la rentabilidad de la renta fija y esto da lugar a trasvases de dinero hacia la renta variable. Como que las «instituciones» ya llevan un cierto tiempo «limpiando papel de los parquets», comienza a haber, en las cotizaciones vigentes, una cierta escasez. Ambos factores tienen como resultado que las cotizaciones comiecen a subir.
III- Fase «fundamental».
- La inflación continúa baja y también los tipos de interés nominales. Ahora bien, la coyuntura económica ya va mejorando. Las ventas de las empresas van aumentando (y también sus beneficios): primero, las que producen bienes de consumo y, cuando ya trabajan a plena capacidad, aumentarán las ventas de las empresas que producen bienes de inversión (equipos industriales, construcción,... etc.).
En la medida en que:
Se van obteniendo noticias confirmando la recuperación económica y los balances (y cuentas de explotación) de las empresas van presentando cada vez mejor aspecto.
Va corriendo la noticia que en la bolsa se está ganando mucho dinero y...
Los medios de comunicación comienzan a fijarse en la evolución de la bolsa...
Una masa creciente de dinero se dirige al mercado de renta variable, provocando una alza sostenida y generalizada de las cotizaciones (y en un grado mas elevado las de aquellas sociedades en mejor situación económica).
IV- La inversión de la tendencia primaria: la fase especulativa.
- La economía nacional está dentro de una fase de «boom» (dentro del contexto del ciclo corto). Casi todas las empresas trabajan a plena capacidad, a pesar de los planes de ampliación de la capacidad de producción que ja se han llevado a cabo. Todos los negocios van bien.
El paro ha bajado considerablemente. No obstante, la inflación comienza a mostrarse como un peligro creciente. Los sindicatos, ante la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y de la situación de pleno empleo (que les da una gran fuerza en la negociación de los convenios laborales), presionan para obtener salarios mas elevados. Los empresarios ofrecen escasa resistencia porque, en una situación donde la demanda de sus productos es tan fuerte, pueden trasladar fácilmente estos incrementos de costos en precios mas elevados.
- La bolsa ya hace tres o mas años que está subiendo. En estos momentos una gran parte de la población ya se ha enterado del hecho y dedica sus ahorros a la compra de acciones, esperando obtener las plusvalías que los que entraron mucho antes ya han obtenido (la rentabilidad por dividendo es, en estos momentos, ya muy baja debido a la altura de las cotizaciones). En esta fase todos los medios de comunicación siguen atentamente la evolución de la bolsa (y se alcanza el punto que, en algunos días, pasa a ser noticia de primera página en los diarios). Todo el mundo, incluso la gente de ínfima cultura financiera, se siente animado a comprar acciones, frecuentemente de alguna sociedad de la que desconoce e incluso que produce (algunos de ellos, incluso, después de algunas ganancias, quedan convencidos que son, por alguna causa inexplicable, auténticos expertos finacieros no descubiertos hasta ahora).
Por otro lado, las «instituciones» viendo que:
Los beneficios de las empresas han llegado a un nivel anormalmente alto y...
La evolución de la tasa de inflación es una amenaza creciente a la continuación del buen momento económico, van vendiendo las acciones de sus carteras (compradas frecuentemente a la primera y segunda fase), vigilando que sus ventas no hagan caer mucho las cotizaciones (por esto, algunos expertos bursátiles llaman también en esta fase como «fase de distribución»).
Esto provoca que las acciones de las mejores sociedades, a pesar de la enorme cifra de compras por parte del público, muestren una creciente resistencia a subir. Entonces «el hombre de la calle» se lanza sobre las acciones de las sociedades en peor situación económica y, que por este mismo motivo habían subido muy poco hasta este momento, haciendo que sus cotizaciones comiencen una alza sorprenentemente fuerte. No hace falta decir que, en esta fase, los «parquets» bursátiles son llenos a rebosar y los volúmenes contractados son tremendamente elevados (recordemos que en la fase de acumulación la sala de contratación estaba desierta y el volumen negociado era muy pequeño).
B. Tendencia primaria bajista («The Bear Market»).
V- Fase de bajada fuerte.
Cuando el dinero «fresco», que entra en bolsa, ya ha empezado a disminuir y el mercado ya lleva un tiempo oscilando bruscamente, sin una tendencia definida, y con unos volúmenes de contratación fortisimos,... comiezan a surgir dudas entre los especuladores profesionales sobre la continuidad del proceso alcista. Estas dudas se resuelven, normalmente, con la venta acelerada de sus carteras. Esto es la gota de agua que desborda el vaso: la bajada se hace vertical, y mas fuerte relativamente en las acciones de sociedades en situación económica no demasiado buena (ya que los especuladores profesionales, en estos momentos, tienden a vender estos tipos de títulos y a mantener los de las buenas sociedades).
El gran público no cree que una nueva tendencia bajista ya ha comenzado, sino que lo toma como un «diente de sierra», como una bajada transitoria que hace el mercado antes de recuperar su antigua tendencia alcista. En consecuencia, no vende, sino que, quizá, todavía compra un poco mas. En esto no es el único equivocado: los medios de comunicación, en general, caerán en el mismo error de perspectiva y tendrán el efecto de reasegurar al gran público que su punto de vista es correcto (el viejo error de pensar que «tanta gente a la vez no se puede equivocar»).
VI- Fase de «goteo».
- La inflación es tan elevada (por la histeria reciente del país) que el gobierno comienza a hacer una política económica de signo restrictivo. Los tipos de interés nominales, que ya habían empezado a subir en la fase «especulativa» debido a la elevada demanda de crédito entonces existente, suben ahora todavía mas por la política monetaria de signo restrictivo que el gobierno lleva a cabo. La tasa de inflación comienza a bajar, pero el paro comienza a aumentar, las ventas de las empresas a caer y los beneficios a reducirse (incluso, en algunos casos, transformándose en pérdidas): la recesión económica es ahora evidente para todos.
- El gran público sufre un enorme desencanto. No obstante se resiste a vender porque:
Confía en volver a ver las cotizaciones a las que compró (y entonces vender y «quedar en paz») y...
Piensa, erróneamente, que mientras no venda no hay pérdida.
Ahora bien, en la medida en que algunos irán necesitando el dinero, en un contexto de crisis económica, irán vendiendo, y así provocando el lento y largo descenso de las cotizaciones conocido como «goteo». Estas ventas sin esperanza se prolongarán hasta la primera fase del nuevo ciclo alcista (la fase de «acumulación»). En este momento estarán proporcionando la contrapartida a las instituciones que, lentamente, ya estarán comenzando a comprar, iniciándose un nuevo ciclo.
El Ciclo de Kondratieff
por X-Trader
22/09/2001
Este ciclo, de una duración aproximada de 54 años, fue observado por primera vez por un economista ruso llamado Kondratieff cuando, en 1926, se dió cuenta que el comportamiento de la economía norteamericana entre 1780 y 1926 había seguido tres oleadas cíclicas. Otros investigadores posteriores han conseguido mostrar que la economía inglesa se ha comportado de forma parecida desde 1271 hasta la actualidad. En este punto, la investigación para otros países se encuentra con la limitación de la falta de unos datos mínimos que cubren un periodo suficientemente significativo.
Básicamente, este ciclo se compone de cuatro fases:
La subida, de una duración aproximada de veinte años. Después de llegar al techo (donde, probablemente, hay alguna guerra) viene...
Una depresión, de unos cinco años de duración. Después...
Una recuperación «financiera», de unos cinco a veinte años. Finalmente...
La caída, de una duración de unos veinte años, que acaba, posiblemente, en otra guerra.
Trataremos aquí de describir este ciclo largo fijándonos en las características generales (que se van repitiendo en cada ciclo) y describiendo las características particulares (que varían de un ciclo al otro) en función de lo que ha pasado en el último, que parece haberse iniciado alrededor de 1940. Sería muy recomendable que, al leer la descripción de cada fase del ciclo, se vaya siguiendo el cuadro 1, donde hay representada la trayectoria cíclica de la economía mundial en el siglo XX.
Ciclo 1
1895-1920: Fase de prosperidad. Desarrollo de las industrias de fertilizantes y metalúrgicas y adopción de avances tecnológicos fundamentales en la industria siderúrgica.
1914-1918: I Guerra Mundial.
1920-1924: Depresión económica: «balcanización» de antiguos grandes estados europeos en pequeños países de estructura económica desequilibrada y muy proteccionistas en sus relaciones económicas en el exterior. Hiperinflación en Alemania y otros países de centro-Europa.
1924-1929: «Los felices años 20».
1929: Crack de la bolsa de New York y inicio de la gran depresión.
1936: Inicio de la guerra civil española. Las grandes potencias inician programas de rearme acelerado.
1939-1945: II Guerra Mundial.
Ciclo 2.
1948-1973: Fase de prosperidad. Desarrollo de las industrias químico-farmacéutica, petroquímica y plásticos, electrodomésticos, automóbiles y energía atómica de fisión.
1963-1974: Guerra del Vietnam.
Invierno 1973-1974: Primera crisis petrolera.
1979-1982: Segunda crisis petrolera.
Finales de 1982: México amenaza con hacer suspensión de pagos exteriores (amortizaciones e intereses de su deuda exterior). La Reserva Federal norteamericana cambia su política monetaria, iniciando una época de continuados descensos en el tipo de interés.
1983-1988 (?): Recuperación «financera».
Finals de 1988 (?): Crac de las bolsas internacionales que inicia una nueva gran depresión.
1989-1996 (?): Depresión económica.
1996-2000 (?): Gran Guerra.
Ciclo 3.
2000-2025 (?): Fase de prosperidad. Desarrollo de la energía nuclear de fusión y de las industrias basadas en la biología aplicada, aprovechamiento integral de los oceanos. Industrias de tecnología espacial. Generalización doméstica de la electrónica avanzada (por ejemplo, uso doméstico de los robots).
Fase primera.
En el fondo de la depresión las expectativas de los empresarios sobre los beneficios futuros son tremendamente pesimistas y, como la utilización de la capacidad de producción instalada es muy baja, la inversión es muy reducida. Las familias tienen tendencia a restringir su demanda de bienes de consumo al mínimo indispensable. El paro es muy elevado, los tipos de interés muy bajos, los precios internacionales de las materias primas hace tiempo que están en los mínimos y, finalmente, la tasa de inflación es cero o, incluso, negativa.
La guerra que probablemente estalle servirá de catalizador de la actividad económica. En efecto, las perspectivas de una próxima guerra provocan una demanda adicional a través de los gastos de rearme iniciados por los gobiernos; cuando la guerra estalla, la demanda se mantiene por los aumentos de las exportaciones de los países no beligerantes hacia los beligerantes; finalmente, cuando la guerra acabe, las necesidades de reconstrucción provocarán un nuevo estímulo a la demanda. Como que la capacidad industrial no utilizada y el paro son, en este momento, elevados, la estirada de la demanda no provoca una inflación significativa; esto y las relativas facilidades monetarias hacen que los tipos de interés nominales sean bajos y el crédito abundante y barato.
A medida que el tiempo pasa y la reconstrucción se termina, comienza una nueva gran estirada de la demanda: durante toda la fase baja del cicle se han ido produciendo nuevos descubrimientos (tanto de nuevos procesos productivos, que abaratan los costes de las empresas, como de nuevos artículos de consumo) que ahora saldrán de los centros de investigación para introducirse en la vida cotidiana. En efecto:
Las empresas ya trabajan a plena capacidad (y obtienen unos buenos beneficios) por lo cual sentirán alentadas a realizar inversiones dirigidas a:
- Introducir nuevos procesos productivos mas eficientes.
- Ampliar la dimensión de las plantas de producción.
- Construir nuevas plantas para producir los nuevos artículos que la gente demanda.
- En el mismo sentido, el paro es muy bajo, y lo ha sido de forma continuada durante algunos años, cosa que hace que la masa salarial total sea elevada y los consumidores se sientan confiados hacia la continuidad en la percepción de estas rentas. Además, los nuevos artículos que se introducen en el mercado encuentran una demanda virgen. Los dos factores conducen a una demanda de consumo muy elevada.
La persistencia, durante tantos años, de la demanda acaba provocando que los precios de las materias primas, que han ido subiendo lentamente, comiencen a hacerlo a un ritmo mucho mas fuerte. Por otro lado, la plena ocupación, mantenida desde hace mucho tiempo, hace que en el mercado de trabajo la fuerza negociadora se traslade progresivamente desde la patronal hacia los sindicatos, lo cual comportará costes salariales crecientes para las empresas. Estas subidas de costes (de materias primas y salariales), en una situación de gran demanda, harán que las empresas reaccionen aumentando los precios, lo cual irá despertando la inflación.
Durante toda esta primera fase de Kondratieff, las bolsas habrán recorrido unos cuantos ciclos cortos (ver la segunda parte del artículo) donde las fases alcistas serán largas y las bajistas de duración no demasiado grande (dos años, quizá, como máximo) y no muy fuertes.
Al final de esta primera fase suele estallar alguna guerra que agraba las tendencias inflacionarias del sistema económico, y esto porque ahora la demanda adicional viene cuando las empresas trabajan a plena capacidad y en el mercado de trabajo hay plena ocupación.
La aparición de un nivel de inflación medio (o alto, según el país) y con tendencia sostenida (o incluso creciente) favorece la aparición de distorsiones en el aparato económico, de las cuales las mas importantes, por lo que aquí estamos tratando, son la progresiva descapitalización de las empresas (a través de la sobrevaloración de los beneficios) y la generalización de la inversión especulativa (en estos momentos es cuando se pone de moda la colocación del ahorro en oro, sellos, inmuebles, etc).
Fase segunda.
El elevado nivel de inflación existente provoca que la mayoria de los gobiernos adopten una política económica restrictiva que tiene como consecuencia la disminución de la demanda. A medida que la tasa de inflación se resiste a bajar, continuan las políticas económicas de signo restrictivo que, en el grado que sean monetarias, darán lugar a altos tipos de interés nominales. Los efectos combinados de demanda en disminución y de altos costos financieros para las empresas traerán a las mas débiles a la bancarrota.
La tasa de inflación comienza a bajar, pero el paro comienza a aumentar (lo cual comporta un descenso de la masa salarial y, por lo tanto, una menor demanda de consumo). Mientras tanto, la aparición de capacidad industrial no utilizada y los altos tipos de interés reales desincentivan la inversión productiva, que baja abruptamente. La caída de la demanda, tanto de consumo como de inversión, tiene otras consecuencias:
- Un descenso continuado en la demanda de materias primas que acabará provocando el hundimiento de sus precios en los mercados internacionales.
- El paro creciente dará paso a incrementos de salarios por debajo de los incrementos de los precios.
- Los dos elementos anteriores llevarán a un menor crecimiento de los costes de producción que, en una situación de demanda débil, harán que la tasa de inflación continue bajando.
- Aparecerán diferentes sectores productivos en la economía claramente sobredimensionados y, de aquí, la necesidad de «reconversiones industriales».
- El descenso de la renta nacional traerá ingresos fiscales menores. Por otra parte, el elevado paro y el financiamiento de la reconversión industrial comportarán un gasto público mas elevado. La resultante de las dos fuerzas será unos déficits públicos muy elevados.
Durante toda esta segunda fase del ciclo de Kondratieff, las bolsas estarán bajando dentro de un larguísimo tramo bajista (que puede durar, incluso, cuatro o cinco años) que acabará en un periodo muy largo de «acumulación» (ver la segunda parte del artículo).
El proceso contractivo de la economía española seguirá hasta que las tasas de inflación hayan caído a niveles que se consideren normales (o el paro haya llegado a niveles políticamente insoportables para el gobierno). En este momento se inicia la...
Fase tercera.
Los gobiernos comenzarán nuevamente a llevar a término políticas económicas expansivas, que ahora serán preferentemente monetaries, haciendo caer los tipos de interés nominales progresivamente.
No se hace expansión fiscal (es decir, rebajas de impuestos o programas de gasto público como, por ejemplo, obras públicas) a causa de:
La elevada cantidad de deuda pública emitida en la fase anterior para financiar los déficits presupuestarios (y que, a medida en que bajen los tipos de interés, darán lugar a unos pagos por intereses mucho mas soportables pues, en los vencimientos de la deuda, este es reemplazado por una nueva deuda emitida a un tipo de interés menor).
Al ser los déficits de partida ya elevados, una política fiscal fuertemente expansiva daría lugar a déficits mucho mas grandes, lo cual comenzaría a provocar dificultades en el momento de colocar la deuda pública necesaria en los mercados de capitales.
Ahora bien, debido a la elevada capacidad industrial no utilizada, la inversión productiva no aumenta (a pesar de la bajada de los tipos de interés).
Por otro lado, los gobiernos estarán sometidos a una fuerte presión por parte de los diferentes grupos socioeconómicos, que esgrimirán los «costes» soportados por cada uno de ellos en la fase anterior en la cual los gobiernos aplicaron una política restrictiva con tal de hacer bajar la tasa de inflación. La reacción de los gobiernos será, en general, la de acelerar la bajada de los tipos de interés aumentando fuertemente la liquidez que circula por el sistema económico. Como que la inversión productiva se va reanimando muy lentamente, este exceso de liquidez se va hacia los mercados bursátiles, trayendo como consecuencia una gran alza de las cotizaciones.
Las subidas de la Bolsa en la primera fase de Kondratieff tienen una pequeña «fase líquida» (ver la segunda parte del artículo) y una larga «fase fundamental»; mientras que, en esta tercera fase de Kondratieff, es mas larga la «fase líquida». Este fenómeno tiene su explicación económica: las empresas ven como van creciendo sus beneficios, pero ahora estos no son provocados por un muy elevado nivel de ventas, sino por unos costes decrecientes. En efecto, la bajada de los precios de las materias primas, el descenso de los salarios reales y la caída de los costes financieros harán disminuir substancialmente los costes empresariales y aumentar, por lo tanto, sus beneficios. Pero continúa existiendo un paro muy elevado, una alta capacidad productiva no utilizada, una inversión en equipos industriales creciente (pero muy baja) y una demanda de consumo bastante débil.
El elevado paro asegura la continuación de las facilidades monetarias y de los descensos en los tipos de interés, lo cual dará lugar (por la mayor liquidez existente y por los trasvases desde los mercados de renta fija) a alzas desconocidas, en nivel y en velocidad, en las cotizaciones bursátiles.
En un momento mas avanzado, este dinero dará lugar, también, a subidas en los precios de los inmuebles, del oro, de los sellos i, en general, en los de cualquier bien apto para la especulación.
Mas adelante, y con los tipos de interés todavía mas bajos, ya no son solamente trasvases desde la renta fija, sino también una demanda de crédito generalizada la que proporcionará un nuevo combustible a las alzas de las bolsas, mercados inmobiliarios, metales preciosos, etc. Además, aumenta enormemente la demanda de bienes de consumo duraderos (automóbiles, aparatos electrodomésticos...) pagados, también, mediante créditos pedidos por los consumidores al sistema bancario aprovechando el nivel tan bajo de los tipos de interés.
Otro fenómeno típico de esta fase tercera es la aparición de fuertes tensiones en los mercados de divisas, manifestados por las bruscas variaciones de unas monedas respeto a otras. Este fenómeno está provocado por una enorme masa de hot money (dinero caliente) que, sus maniobras especulativas, salta ágilmente desde mercados financeros de un país hacia mercados financieros de otro, provocando así la rápida variación de los tipos de cambio entre las dos monedas.
Fase cuarta.
Cuando el mercado de bienes duraderos de consumo comienza a dar algunos síntomas de saturación, cuando las cotizaciones bursátiles están muy por encima de lo que un inversor informado y con una perspectiva a largo plazo consideraría razonable, cuando las viviendas llegan a un precio que los compradores con intención de habitarlos ya no pueden pagar... Viene el «crac». Como ya sabemos, el mantenimiento de una oleada especulativa requiere la entrada continuada de dinero «fresco» (y en cantidad creciente, debido a que se transaccionan unas cantidades casi invariables de activos y a precios cada vez mas elevados). En el momento en que ya no hay nuevos compradores y los precios comienzan a caer, se genera el pánico. Los detentores de los activos los han comprado esperando un rendimiento que ahora viene dado exclusivamente por la plusvalía que surge en venderlos a unos precios superiores (a la altura de las cotizaciones existentes en este momento, el rendimiento, por dividendos en el caso de las acciones y por alquileres en el caso de los inmuebles, da lugar a una tasa de rentabilidad irrisoria). Si los precios comienzan a caer y las plusvalías esperadas desaparecen, todo se hunde y todo el mundo intenta vender al mismo tiempo, cosa que genera una caída en vertical de las cotizaciones; y cada bajada de las cotizaciones provoca la aparición de una nueva oleada de vendedores (cada vez mas desesperados y con mas prisa para vender) y así hasta que las cotizaciones hayan bajado al punto donde ya no haya exceso de vendedores.
La caída en vertical de las cotizaciones comporta una bajada del nivel del valor de la riqueza total de las familias, lo cual comportará una bajada de la demanda de bienes de consumo (mas fuerte como mas bienes de consumo duradero se hubiesen adquirido mediante créditos, los cuales el público esperaba cancelar con las plusvalías obtenidas en una bolsa donde la tendencia alcista hubiese continuado).
Este descenso de la demanda será amplificada pronto por las quiebras bancarias, como consecuencia que los bancos se habían lanzado, en la fase anterior, a la concesión de créditos a las familias financiando la compra de bienes de consumo y viviendas (este fenómeno está provocado por la elevada demanda de crédito con esta finalidad y por la escasa demanda de crédito para financiar inversiones productivas, ya que la inversión, como hemos visto, crecía muy lentamente). Muchos de estos créditos concedidos antes serán ahora irrecuperables.
Si, además, estos bancos tienen otros créditos irrecuperables, como:
- Los concedidos a países productores de materias primas, cuyos precios ya hemos visto que permanecen a niveles muy bajos (ejemplo actual: la deuda exterior del tercer mundo y, mas concretamente por su volumen, la deuda exterior latinoamericana) y...
- Los concedidos a productores nacionales de materias primas que se rigen según los precios internacionales (ejemplo actual: los créditos concedidos por la banca norteamericana los campesinos del Middle West).
Nos encontraremos entonces con una secuencia de quiebras bancarias. El resultado económico de todo esto es una brutal contracción del crédito que profundiza enormemente la depresión económica.
Una vez desencadenada la depresión, con numerosas quiebras de empresas, ejérrcitos de trabajadores yendo hacia el paro, etc. esta es engrandecida, todavía mas, por las reacciones de los diferentes sectores socioeconómicos en el interior de cada estado, los cuales ejercen una fuerte presión sobre los gobiernos pidiendo una mayor protección aranzelaria y una devaluación de la propia moneda para conseguir, a la vez, proteger el mercado interior y conquistar nuevos mercados en el exterior. A medida que esto es un fenómeno generalizado, el resultado global de las sucesivas «guerras aranzelarias» y las continuadas «guerras devaluatorias» entre los diferentes países es una contracción del comercio internacional, el cual asegura un agravamiento adicional de la depresión económica.
En esta fase, las caídas de las cotizaciones en la bolsa son todavía importantes, pero el ritmo de descenso es muy inferior al de la fase de pánico. Los motivos fundamentales de las bajas son ahora:
- Las casi inexistentes expectativas de beneficios en las empresas, consecuencia de la situación de profunda depresión económica.
- La necesidad, por parte de una cierta proporción de las familias, de dinero para asegurarse un cierto nivel de supervivencia, lo cual provocará el mantenimiento, durante tota la depresión, de un continuado flujo de ventas que, de forma regular, irá llegando a la bolsa.
- No hace falta decir que las mismas vicisitudes pasaran en los otros mercados activos: el precio de los sellos se hundirá enseguida en el periodo del pánico; la caída del precio del oro se verá un poco frenada por la demanda que se genera en los momentos de inestabilidad y crisis generalizada (buscando en el oro un «refugio seguro» para los ahorros). No obstante, a medida que la depresión permanecerá en el tiemo, el precio internacional del oro irá siguiendo una tendencia descendente.
- Los precios de los inmuebles, después de una seria caída inicial (provocada, en parte, por la ejecución de las garantías de los créditos hipotecarios impagados), irá después bajando lentamente, en la medida que al estar también el sector de la construcción en una crisis muy fuerte, la oferta de nuevas viviendas será escasa.
En el punto mas bajo de la depresión, el paro será tremendamente elevado; la demanda de consumo caerá practicamente hasta los límites marcados por un cierto nivel de supervivencia; la demanda de inversión será prácticamente nula, dada la enorme capacidad industrial no utilizada y las inexistentes perspectivas de beneficios; los tipos de interés nominales estarán muy bajos y, probablemente, haya deflación (bajada de precios). Mientras tanto, se irán creando las bases para una nueva oleada expansiva:
Los centros de investigación no paran de encontrar descubrimientos que permitirán, quizá una década mas tarde, la aparición de nuevos artículos de consumo y de nuevos procesos productivos abaratadores de costes.
Las enormes tensiones sociales dentro de cada país pueden llevar a la polarización de la sociedad, situación que puede acabar llevando al poder a gobiernos fuertemente extremistas, con la característica general de intentar encontrar la solución de la crisis interior en el exterior. La guerra estará en camino y con ella el inicio de un nuevo ciclo.
El ciclo bursátil.
Este ciclo tiene una duración de unos cinco años de promedio (a excepción del que se desarrolla en la tercera fase del ciclo de Kondratieff, que tiene una fase alcista de unos 6 o 7 años, debido a que el exceso especulativo se prolonga mucho mas tiempo y, correspondientemente, la fase bajista posterior es mucho mas fuerte), observando su presencia en la evolución de los mercados bursátiles desde 1871. En 1923, el profesor J. Kitchin mostró, para la economía británica y la norteamericana, que también existía este ciclo en la evolución de precios al mayor, de los tipos de interés, de los niveles de beneficios y en la de otras magnitudes económicas que versan sobre el mundo empresarial considerado agregadamente.
Desde unos parámetros estrictamente bursátiles lo podríamos describir de la manera siguiente: Las cotizaciones de la bolsa, consideradas en general, se mueven según tendencias. Podríamos clasificar estas tendencias en tres grupos:
- Primarias: duran, como mínimo, un año y dan lugar a una variación de les cotizaciones de, como mínimo, un 50%.
- Secundarias: una tendencia primaria alcista está compuesta de tres (o mas) tramos alcistas, interrumpidos por dos (o mas) tramos bajistas. Cada uno de estos tramos secundarios tiene una duración entre uno y doce meses. Obviamente cada suelo de una corrección secundaria queda por encima del suelo de la corrección anterior. Lo mismo vale para una tendencia primaria bajista, pero al revés.
- Menores: cada tendencia secundaria está, a su vez, compuesta de movimientos o tramos menores los cuales tienen una duración máxima de un mes. Aquí nos centraremos, fundamentalmente, en el estudio de las fases que componen las dos tendencias primarias, dando, a la vez, una breve referencia sobre el ciclo económico corto que se desarrolla paralelamente.
Ciclo bursátil completo.
A. Tendencia primaria alcista «The Bull Market».
I - Fase de «acumulación».
- La economía está en el peor momento del ciclo económico corto y los beneficios de las sociedades son muy bajos (o hay pérdidas) y las expectativas de los empresarios son muy pesimistas. El paro es muy elevado y la tasa de inflación está llegando a niveles bastante bajos.
- El gran público, que ha perdido mucho dinero en la fase bajista anterior, no quiere ni oír hablar de la bolsa. El volumen contratado es mínimo. Los «parquets» están vacíos de gente y las cotizaciones salen en los diarios (si salen) en algún rincón de la sección económica. Las instituciones (es decir, bancos y cajas de ahorro, fondos de pensiones, sociedades de cartera y grandes inversores en general) se van dando cuenta progresivamente que si la economía va mal, es por otro lado, altamente improbable que empeore todavía mas; es decir, se dan cuenta que «se ha tocado fondo» y por lo tanto comienzan a colocar «el cesto abajo» (dando órdenes a los agentes de comprar todas las acciones cuando la cotización caiga por debajo de un determinado cambio, sin presionar, en ningún momento, los precios hacia arriba).
II- Fase de «liquidez».
- Habiéndose reducido subtancialmente la tasa de inflación, el gobierno, en un intento de reanimar la economía, comienza a llevar a cabo medidas de política económica de signo expansivo. La combinación de una tasa de inflación muy baja y una cierta expansión monetaria dará lugar a tipos de interés nominales muy bajos. A pesar de la anterior, la economía nacional continuará en la fase de depresión del ciclo económico corto.
- La fuerte caída de los tipos de interés reduce la rentabilidad de la renta fija y esto da lugar a trasvases de dinero hacia la renta variable. Como que las «instituciones» ya llevan un cierto tiempo «limpiando papel de los parquets», comienza a haber, en las cotizaciones vigentes, una cierta escasez. Ambos factores tienen como resultado que las cotizaciones comiecen a subir.
III- Fase «fundamental».
- La inflación continúa baja y también los tipos de interés nominales. Ahora bien, la coyuntura económica ya va mejorando. Las ventas de las empresas van aumentando (y también sus beneficios): primero, las que producen bienes de consumo y, cuando ya trabajan a plena capacidad, aumentarán las ventas de las empresas que producen bienes de inversión (equipos industriales, construcción,... etc.).
En la medida en que:
Se van obteniendo noticias confirmando la recuperación económica y los balances (y cuentas de explotación) de las empresas van presentando cada vez mejor aspecto.
Va corriendo la noticia que en la bolsa se está ganando mucho dinero y...
Los medios de comunicación comienzan a fijarse en la evolución de la bolsa...
Una masa creciente de dinero se dirige al mercado de renta variable, provocando una alza sostenida y generalizada de las cotizaciones (y en un grado mas elevado las de aquellas sociedades en mejor situación económica).
IV- La inversión de la tendencia primaria: la fase especulativa.
- La economía nacional está dentro de una fase de «boom» (dentro del contexto del ciclo corto). Casi todas las empresas trabajan a plena capacidad, a pesar de los planes de ampliación de la capacidad de producción que ja se han llevado a cabo. Todos los negocios van bien.
El paro ha bajado considerablemente. No obstante, la inflación comienza a mostrarse como un peligro creciente. Los sindicatos, ante la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y de la situación de pleno empleo (que les da una gran fuerza en la negociación de los convenios laborales), presionan para obtener salarios mas elevados. Los empresarios ofrecen escasa resistencia porque, en una situación donde la demanda de sus productos es tan fuerte, pueden trasladar fácilmente estos incrementos de costos en precios mas elevados.
- La bolsa ya hace tres o mas años que está subiendo. En estos momentos una gran parte de la población ya se ha enterado del hecho y dedica sus ahorros a la compra de acciones, esperando obtener las plusvalías que los que entraron mucho antes ya han obtenido (la rentabilidad por dividendo es, en estos momentos, ya muy baja debido a la altura de las cotizaciones). En esta fase todos los medios de comunicación siguen atentamente la evolución de la bolsa (y se alcanza el punto que, en algunos días, pasa a ser noticia de primera página en los diarios). Todo el mundo, incluso la gente de ínfima cultura financiera, se siente animado a comprar acciones, frecuentemente de alguna sociedad de la que desconoce e incluso que produce (algunos de ellos, incluso, después de algunas ganancias, quedan convencidos que son, por alguna causa inexplicable, auténticos expertos finacieros no descubiertos hasta ahora).
Por otro lado, las «instituciones» viendo que:
Los beneficios de las empresas han llegado a un nivel anormalmente alto y...
La evolución de la tasa de inflación es una amenaza creciente a la continuación del buen momento económico, van vendiendo las acciones de sus carteras (compradas frecuentemente a la primera y segunda fase), vigilando que sus ventas no hagan caer mucho las cotizaciones (por esto, algunos expertos bursátiles llaman también en esta fase como «fase de distribución»).
Esto provoca que las acciones de las mejores sociedades, a pesar de la enorme cifra de compras por parte del público, muestren una creciente resistencia a subir. Entonces «el hombre de la calle» se lanza sobre las acciones de las sociedades en peor situación económica y, que por este mismo motivo habían subido muy poco hasta este momento, haciendo que sus cotizaciones comiencen una alza sorprenentemente fuerte. No hace falta decir que, en esta fase, los «parquets» bursátiles son llenos a rebosar y los volúmenes contractados son tremendamente elevados (recordemos que en la fase de acumulación la sala de contratación estaba desierta y el volumen negociado era muy pequeño).
B. Tendencia primaria bajista («The Bear Market»).
V- Fase de bajada fuerte.
Cuando el dinero «fresco», que entra en bolsa, ya ha empezado a disminuir y el mercado ya lleva un tiempo oscilando bruscamente, sin una tendencia definida, y con unos volúmenes de contratación fortisimos,... comiezan a surgir dudas entre los especuladores profesionales sobre la continuidad del proceso alcista. Estas dudas se resuelven, normalmente, con la venta acelerada de sus carteras. Esto es la gota de agua que desborda el vaso: la bajada se hace vertical, y mas fuerte relativamente en las acciones de sociedades en situación económica no demasiado buena (ya que los especuladores profesionales, en estos momentos, tienden a vender estos tipos de títulos y a mantener los de las buenas sociedades).
El gran público no cree que una nueva tendencia bajista ya ha comenzado, sino que lo toma como un «diente de sierra», como una bajada transitoria que hace el mercado antes de recuperar su antigua tendencia alcista. En consecuencia, no vende, sino que, quizá, todavía compra un poco mas. En esto no es el único equivocado: los medios de comunicación, en general, caerán en el mismo error de perspectiva y tendrán el efecto de reasegurar al gran público que su punto de vista es correcto (el viejo error de pensar que «tanta gente a la vez no se puede equivocar»).
VI- Fase de «goteo».
- La inflación es tan elevada (por la histeria reciente del país) que el gobierno comienza a hacer una política económica de signo restrictivo. Los tipos de interés nominales, que ya habían empezado a subir en la fase «especulativa» debido a la elevada demanda de crédito entonces existente, suben ahora todavía mas por la política monetaria de signo restrictivo que el gobierno lleva a cabo. La tasa de inflación comienza a bajar, pero el paro comienza a aumentar, las ventas de las empresas a caer y los beneficios a reducirse (incluso, en algunos casos, transformándose en pérdidas): la recesión económica es ahora evidente para todos.
- El gran público sufre un enorme desencanto. No obstante se resiste a vender porque:
Confía en volver a ver las cotizaciones a las que compró (y entonces vender y «quedar en paz») y...
Piensa, erróneamente, que mientras no venda no hay pérdida.
Ahora bien, en la medida en que algunos irán necesitando el dinero, en un contexto de crisis económica, irán vendiendo, y así provocando el lento y largo descenso de las cotizaciones conocido como «goteo». Estas ventas sin esperanza se prolongarán hasta la primera fase del nuevo ciclo alcista (la fase de «acumulación»). En este momento estarán proporcionando la contrapartida a las instituciones que, lentamente, ya estarán comenzando a comprar, iniciándose un nuevo ciclo.
El Ciclo de Kondratieff
por X-Trader
22/09/2001
Este ciclo, de una duración aproximada de 54 años, fue observado por primera vez por un economista ruso llamado Kondratieff cuando, en 1926, se dió cuenta que el comportamiento de la economía norteamericana entre 1780 y 1926 había seguido tres oleadas cíclicas. Otros investigadores posteriores han conseguido mostrar que la economía inglesa se ha comportado de forma parecida desde 1271 hasta la actualidad. En este punto, la investigación para otros países se encuentra con la limitación de la falta de unos datos mínimos que cubren un periodo suficientemente significativo.
Básicamente, este ciclo se compone de cuatro fases:
La subida, de una duración aproximada de veinte años. Después de llegar al techo (donde, probablemente, hay alguna guerra) viene...
Una depresión, de unos cinco años de duración. Después...
Una recuperación «financiera», de unos cinco a veinte años. Finalmente...
La caída, de una duración de unos veinte años, que acaba, posiblemente, en otra guerra.
Trataremos aquí de describir este ciclo largo fijándonos en las características generales (que se van repitiendo en cada ciclo) y describiendo las características particulares (que varían de un ciclo al otro) en función de lo que ha pasado en el último, que parece haberse iniciado alrededor de 1940. Sería muy recomendable que, al leer la descripción de cada fase del ciclo, se vaya siguiendo el cuadro 1, donde hay representada la trayectoria cíclica de la economía mundial en el siglo XX.
Ciclo 1
1895-1920: Fase de prosperidad. Desarrollo de las industrias de fertilizantes y metalúrgicas y adopción de avances tecnológicos fundamentales en la industria siderúrgica.
1914-1918: I Guerra Mundial.
1920-1924: Depresión económica: «balcanización» de antiguos grandes estados europeos en pequeños países de estructura económica desequilibrada y muy proteccionistas en sus relaciones económicas en el exterior. Hiperinflación en Alemania y otros países de centro-Europa.
1924-1929: «Los felices años 20».
1929: Crack de la bolsa de New York y inicio de la gran depresión.
1936: Inicio de la guerra civil española. Las grandes potencias inician programas de rearme acelerado.
1939-1945: II Guerra Mundial.
Ciclo 2.
1948-1973: Fase de prosperidad. Desarrollo de las industrias químico-farmacéutica, petroquímica y plásticos, electrodomésticos, automóbiles y energía atómica de fisión.
1963-1974: Guerra del Vietnam.
Invierno 1973-1974: Primera crisis petrolera.
1979-1982: Segunda crisis petrolera.
Finales de 1982: México amenaza con hacer suspensión de pagos exteriores (amortizaciones e intereses de su deuda exterior). La Reserva Federal norteamericana cambia su política monetaria, iniciando una época de continuados descensos en el tipo de interés.
1983-1988 (?): Recuperación «financera».
Finals de 1988 (?): Crac de las bolsas internacionales que inicia una nueva gran depresión.
1989-1996 (?): Depresión económica.
1996-2000 (?): Gran Guerra.
Ciclo 3.
2000-2025 (?): Fase de prosperidad. Desarrollo de la energía nuclear de fusión y de las industrias basadas en la biología aplicada, aprovechamiento integral de los oceanos. Industrias de tecnología espacial. Generalización doméstica de la electrónica avanzada (por ejemplo, uso doméstico de los robots).
Fase primera.
En el fondo de la depresión las expectativas de los empresarios sobre los beneficios futuros son tremendamente pesimistas y, como la utilización de la capacidad de producción instalada es muy baja, la inversión es muy reducida. Las familias tienen tendencia a restringir su demanda de bienes de consumo al mínimo indispensable. El paro es muy elevado, los tipos de interés muy bajos, los precios internacionales de las materias primas hace tiempo que están en los mínimos y, finalmente, la tasa de inflación es cero o, incluso, negativa.
La guerra que probablemente estalle servirá de catalizador de la actividad económica. En efecto, las perspectivas de una próxima guerra provocan una demanda adicional a través de los gastos de rearme iniciados por los gobiernos; cuando la guerra estalla, la demanda se mantiene por los aumentos de las exportaciones de los países no beligerantes hacia los beligerantes; finalmente, cuando la guerra acabe, las necesidades de reconstrucción provocarán un nuevo estímulo a la demanda. Como que la capacidad industrial no utilizada y el paro son, en este momento, elevados, la estirada de la demanda no provoca una inflación significativa; esto y las relativas facilidades monetarias hacen que los tipos de interés nominales sean bajos y el crédito abundante y barato.
A medida que el tiempo pasa y la reconstrucción se termina, comienza una nueva gran estirada de la demanda: durante toda la fase baja del cicle se han ido produciendo nuevos descubrimientos (tanto de nuevos procesos productivos, que abaratan los costes de las empresas, como de nuevos artículos de consumo) que ahora saldrán de los centros de investigación para introducirse en la vida cotidiana. En efecto:
Las empresas ya trabajan a plena capacidad (y obtienen unos buenos beneficios) por lo cual sentirán alentadas a realizar inversiones dirigidas a:
- Introducir nuevos procesos productivos mas eficientes.
- Ampliar la dimensión de las plantas de producción.
- Construir nuevas plantas para producir los nuevos artículos que la gente demanda.
- En el mismo sentido, el paro es muy bajo, y lo ha sido de forma continuada durante algunos años, cosa que hace que la masa salarial total sea elevada y los consumidores se sientan confiados hacia la continuidad en la percepción de estas rentas. Además, los nuevos artículos que se introducen en el mercado encuentran una demanda virgen. Los dos factores conducen a una demanda de consumo muy elevada.
La persistencia, durante tantos años, de la demanda acaba provocando que los precios de las materias primas, que han ido subiendo lentamente, comiencen a hacerlo a un ritmo mucho mas fuerte. Por otro lado, la plena ocupación, mantenida desde hace mucho tiempo, hace que en el mercado de trabajo la fuerza negociadora se traslade progresivamente desde la patronal hacia los sindicatos, lo cual comportará costes salariales crecientes para las empresas. Estas subidas de costes (de materias primas y salariales), en una situación de gran demanda, harán que las empresas reaccionen aumentando los precios, lo cual irá despertando la inflación.
Durante toda esta primera fase de Kondratieff, las bolsas habrán recorrido unos cuantos ciclos cortos (ver la segunda parte del artículo) donde las fases alcistas serán largas y las bajistas de duración no demasiado grande (dos años, quizá, como máximo) y no muy fuertes.
Al final de esta primera fase suele estallar alguna guerra que agraba las tendencias inflacionarias del sistema económico, y esto porque ahora la demanda adicional viene cuando las empresas trabajan a plena capacidad y en el mercado de trabajo hay plena ocupación.
La aparición de un nivel de inflación medio (o alto, según el país) y con tendencia sostenida (o incluso creciente) favorece la aparición de distorsiones en el aparato económico, de las cuales las mas importantes, por lo que aquí estamos tratando, son la progresiva descapitalización de las empresas (a través de la sobrevaloración de los beneficios) y la generalización de la inversión especulativa (en estos momentos es cuando se pone de moda la colocación del ahorro en oro, sellos, inmuebles, etc).
Fase segunda.
El elevado nivel de inflación existente provoca que la mayoria de los gobiernos adopten una política económica restrictiva que tiene como consecuencia la disminución de la demanda. A medida que la tasa de inflación se resiste a bajar, continuan las políticas económicas de signo restrictivo que, en el grado que sean monetarias, darán lugar a altos tipos de interés nominales. Los efectos combinados de demanda en disminución y de altos costos financieros para las empresas traerán a las mas débiles a la bancarrota.
La tasa de inflación comienza a bajar, pero el paro comienza a aumentar (lo cual comporta un descenso de la masa salarial y, por lo tanto, una menor demanda de consumo). Mientras tanto, la aparición de capacidad industrial no utilizada y los altos tipos de interés reales desincentivan la inversión productiva, que baja abruptamente. La caída de la demanda, tanto de consumo como de inversión, tiene otras consecuencias:
- Un descenso continuado en la demanda de materias primas que acabará provocando el hundimiento de sus precios en los mercados internacionales.
- El paro creciente dará paso a incrementos de salarios por debajo de los incrementos de los precios.
- Los dos elementos anteriores llevarán a un menor crecimiento de los costes de producción que, en una situación de demanda débil, harán que la tasa de inflación continue bajando.
- Aparecerán diferentes sectores productivos en la economía claramente sobredimensionados y, de aquí, la necesidad de «reconversiones industriales».
- El descenso de la renta nacional traerá ingresos fiscales menores. Por otra parte, el elevado paro y el financiamiento de la reconversión industrial comportarán un gasto público mas elevado. La resultante de las dos fuerzas será unos déficits públicos muy elevados.
Durante toda esta segunda fase del ciclo de Kondratieff, las bolsas estarán bajando dentro de un larguísimo tramo bajista (que puede durar, incluso, cuatro o cinco años) que acabará en un periodo muy largo de «acumulación» (ver la segunda parte del artículo).
El proceso contractivo de la economía española seguirá hasta que las tasas de inflación hayan caído a niveles que se consideren normales (o el paro haya llegado a niveles políticamente insoportables para el gobierno). En este momento se inicia la...
Fase tercera.
Los gobiernos comenzarán nuevamente a llevar a término políticas económicas expansivas, que ahora serán preferentemente monetaries, haciendo caer los tipos de interés nominales progresivamente.
No se hace expansión fiscal (es decir, rebajas de impuestos o programas de gasto público como, por ejemplo, obras públicas) a causa de:
La elevada cantidad de deuda pública emitida en la fase anterior para financiar los déficits presupuestarios (y que, a medida en que bajen los tipos de interés, darán lugar a unos pagos por intereses mucho mas soportables pues, en los vencimientos de la deuda, este es reemplazado por una nueva deuda emitida a un tipo de interés menor).
Al ser los déficits de partida ya elevados, una política fiscal fuertemente expansiva daría lugar a déficits mucho mas grandes, lo cual comenzaría a provocar dificultades en el momento de colocar la deuda pública necesaria en los mercados de capitales.
Ahora bien, debido a la elevada capacidad industrial no utilizada, la inversión productiva no aumenta (a pesar de la bajada de los tipos de interés).
Por otro lado, los gobiernos estarán sometidos a una fuerte presión por parte de los diferentes grupos socioeconómicos, que esgrimirán los «costes» soportados por cada uno de ellos en la fase anterior en la cual los gobiernos aplicaron una política restrictiva con tal de hacer bajar la tasa de inflación. La reacción de los gobiernos será, en general, la de acelerar la bajada de los tipos de interés aumentando fuertemente la liquidez que circula por el sistema económico. Como que la inversión productiva se va reanimando muy lentamente, este exceso de liquidez se va hacia los mercados bursátiles, trayendo como consecuencia una gran alza de las cotizaciones.
Las subidas de la Bolsa en la primera fase de Kondratieff tienen una pequeña «fase líquida» (ver la segunda parte del artículo) y una larga «fase fundamental»; mientras que, en esta tercera fase de Kondratieff, es mas larga la «fase líquida». Este fenómeno tiene su explicación económica: las empresas ven como van creciendo sus beneficios, pero ahora estos no son provocados por un muy elevado nivel de ventas, sino por unos costes decrecientes. En efecto, la bajada de los precios de las materias primas, el descenso de los salarios reales y la caída de los costes financieros harán disminuir substancialmente los costes empresariales y aumentar, por lo tanto, sus beneficios. Pero continúa existiendo un paro muy elevado, una alta capacidad productiva no utilizada, una inversión en equipos industriales creciente (pero muy baja) y una demanda de consumo bastante débil.
El elevado paro asegura la continuación de las facilidades monetarias y de los descensos en los tipos de interés, lo cual dará lugar (por la mayor liquidez existente y por los trasvases desde los mercados de renta fija) a alzas desconocidas, en nivel y en velocidad, en las cotizaciones bursátiles.
En un momento mas avanzado, este dinero dará lugar, también, a subidas en los precios de los inmuebles, del oro, de los sellos i, en general, en los de cualquier bien apto para la especulación.
Mas adelante, y con los tipos de interés todavía mas bajos, ya no son solamente trasvases desde la renta fija, sino también una demanda de crédito generalizada la que proporcionará un nuevo combustible a las alzas de las bolsas, mercados inmobiliarios, metales preciosos, etc. Además, aumenta enormemente la demanda de bienes de consumo duraderos (automóbiles, aparatos electrodomésticos...) pagados, también, mediante créditos pedidos por los consumidores al sistema bancario aprovechando el nivel tan bajo de los tipos de interés.
Otro fenómeno típico de esta fase tercera es la aparición de fuertes tensiones en los mercados de divisas, manifestados por las bruscas variaciones de unas monedas respeto a otras. Este fenómeno está provocado por una enorme masa de hot money (dinero caliente) que, sus maniobras especulativas, salta ágilmente desde mercados financeros de un país hacia mercados financieros de otro, provocando así la rápida variación de los tipos de cambio entre las dos monedas.
Fase cuarta.
Cuando el mercado de bienes duraderos de consumo comienza a dar algunos síntomas de saturación, cuando las cotizaciones bursátiles están muy por encima de lo que un inversor informado y con una perspectiva a largo plazo consideraría razonable, cuando las viviendas llegan a un precio que los compradores con intención de habitarlos ya no pueden pagar... Viene el «crac». Como ya sabemos, el mantenimiento de una oleada especulativa requiere la entrada continuada de dinero «fresco» (y en cantidad creciente, debido a que se transaccionan unas cantidades casi invariables de activos y a precios cada vez mas elevados). En el momento en que ya no hay nuevos compradores y los precios comienzan a caer, se genera el pánico. Los detentores de los activos los han comprado esperando un rendimiento que ahora viene dado exclusivamente por la plusvalía que surge en venderlos a unos precios superiores (a la altura de las cotizaciones existentes en este momento, el rendimiento, por dividendos en el caso de las acciones y por alquileres en el caso de los inmuebles, da lugar a una tasa de rentabilidad irrisoria). Si los precios comienzan a caer y las plusvalías esperadas desaparecen, todo se hunde y todo el mundo intenta vender al mismo tiempo, cosa que genera una caída en vertical de las cotizaciones; y cada bajada de las cotizaciones provoca la aparición de una nueva oleada de vendedores (cada vez mas desesperados y con mas prisa para vender) y así hasta que las cotizaciones hayan bajado al punto donde ya no haya exceso de vendedores.
La caída en vertical de las cotizaciones comporta una bajada del nivel del valor de la riqueza total de las familias, lo cual comportará una bajada de la demanda de bienes de consumo (mas fuerte como mas bienes de consumo duradero se hubiesen adquirido mediante créditos, los cuales el público esperaba cancelar con las plusvalías obtenidas en una bolsa donde la tendencia alcista hubiese continuado).
Este descenso de la demanda será amplificada pronto por las quiebras bancarias, como consecuencia que los bancos se habían lanzado, en la fase anterior, a la concesión de créditos a las familias financiando la compra de bienes de consumo y viviendas (este fenómeno está provocado por la elevada demanda de crédito con esta finalidad y por la escasa demanda de crédito para financiar inversiones productivas, ya que la inversión, como hemos visto, crecía muy lentamente). Muchos de estos créditos concedidos antes serán ahora irrecuperables.
Si, además, estos bancos tienen otros créditos irrecuperables, como:
- Los concedidos a países productores de materias primas, cuyos precios ya hemos visto que permanecen a niveles muy bajos (ejemplo actual: la deuda exterior del tercer mundo y, mas concretamente por su volumen, la deuda exterior latinoamericana) y...
- Los concedidos a productores nacionales de materias primas que se rigen según los precios internacionales (ejemplo actual: los créditos concedidos por la banca norteamericana los campesinos del Middle West).
Nos encontraremos entonces con una secuencia de quiebras bancarias. El resultado económico de todo esto es una brutal contracción del crédito que profundiza enormemente la depresión económica.
Una vez desencadenada la depresión, con numerosas quiebras de empresas, ejérrcitos de trabajadores yendo hacia el paro, etc. esta es engrandecida, todavía mas, por las reacciones de los diferentes sectores socioeconómicos en el interior de cada estado, los cuales ejercen una fuerte presión sobre los gobiernos pidiendo una mayor protección aranzelaria y una devaluación de la propia moneda para conseguir, a la vez, proteger el mercado interior y conquistar nuevos mercados en el exterior. A medida que esto es un fenómeno generalizado, el resultado global de las sucesivas «guerras aranzelarias» y las continuadas «guerras devaluatorias» entre los diferentes países es una contracción del comercio internacional, el cual asegura un agravamiento adicional de la depresión económica.
En esta fase, las caídas de las cotizaciones en la bolsa son todavía importantes, pero el ritmo de descenso es muy inferior al de la fase de pánico. Los motivos fundamentales de las bajas son ahora:
- Las casi inexistentes expectativas de beneficios en las empresas, consecuencia de la situación de profunda depresión económica.
- La necesidad, por parte de una cierta proporción de las familias, de dinero para asegurarse un cierto nivel de supervivencia, lo cual provocará el mantenimiento, durante tota la depresión, de un continuado flujo de ventas que, de forma regular, irá llegando a la bolsa.
- No hace falta decir que las mismas vicisitudes pasaran en los otros mercados activos: el precio de los sellos se hundirá enseguida en el periodo del pánico; la caída del precio del oro se verá un poco frenada por la demanda que se genera en los momentos de inestabilidad y crisis generalizada (buscando en el oro un «refugio seguro» para los ahorros). No obstante, a medida que la depresión permanecerá en el tiemo, el precio internacional del oro irá siguiendo una tendencia descendente.
- Los precios de los inmuebles, después de una seria caída inicial (provocada, en parte, por la ejecución de las garantías de los créditos hipotecarios impagados), irá después bajando lentamente, en la medida que al estar también el sector de la construcción en una crisis muy fuerte, la oferta de nuevas viviendas será escasa.
En el punto mas bajo de la depresión, el paro será tremendamente elevado; la demanda de consumo caerá practicamente hasta los límites marcados por un cierto nivel de supervivencia; la demanda de inversión será prácticamente nula, dada la enorme capacidad industrial no utilizada y las inexistentes perspectivas de beneficios; los tipos de interés nominales estarán muy bajos y, probablemente, haya deflación (bajada de precios). Mientras tanto, se irán creando las bases para una nueva oleada expansiva:
Los centros de investigación no paran de encontrar descubrimientos que permitirán, quizá una década mas tarde, la aparición de nuevos artículos de consumo y de nuevos procesos productivos abaratadores de costes.
Las enormes tensiones sociales dentro de cada país pueden llevar a la polarización de la sociedad, situación que puede acabar llevando al poder a gobiernos fuertemente extremistas, con la característica general de intentar encontrar la solución de la crisis interior en el exterior. La guerra estará en camino y con ella el inicio de un nuevo ciclo.
El ciclo bursátil.
Este ciclo tiene una duración de unos cinco años de promedio (a excepción del que se desarrolla en la tercera fase del ciclo de Kondratieff, que tiene una fase alcista de unos 6 o 7 años, debido a que el exceso especulativo se prolonga mucho mas tiempo y, correspondientemente, la fase bajista posterior es mucho mas fuerte), observando su presencia en la evolución de los mercados bursátiles desde 1871. En 1923, el profesor J. Kitchin mostró, para la economía británica y la norteamericana, que también existía este ciclo en la evolución de precios al mayor, de los tipos de interés, de los niveles de beneficios y en la de otras magnitudes económicas que versan sobre el mundo empresarial considerado agregadamente.
Desde unos parámetros estrictamente bursátiles lo podríamos describir de la manera siguiente: Las cotizaciones de la bolsa, consideradas en general, se mueven según tendencias. Podríamos clasificar estas tendencias en tres grupos:
- Primarias: duran, como mínimo, un año y dan lugar a una variación de les cotizaciones de, como mínimo, un 50%.
- Secundarias: una tendencia primaria alcista está compuesta de tres (o mas) tramos alcistas, interrumpidos por dos (o mas) tramos bajistas. Cada uno de estos tramos secundarios tiene una duración entre uno y doce meses. Obviamente cada suelo de una corrección secundaria queda por encima del suelo de la corrección anterior. Lo mismo vale para una tendencia primaria bajista, pero al revés.
- Menores: cada tendencia secundaria está, a su vez, compuesta de movimientos o tramos menores los cuales tienen una duración máxima de un mes. Aquí nos centraremos, fundamentalmente, en el estudio de las fases que componen las dos tendencias primarias, dando, a la vez, una breve referencia sobre el ciclo económico corto que se desarrolla paralelamente.
Ciclo bursátil completo.
A. Tendencia primaria alcista «The Bull Market».
I - Fase de «acumulación».
- La economía está en el peor momento del ciclo económico corto y los beneficios de las sociedades son muy bajos (o hay pérdidas) y las expectativas de los empresarios son muy pesimistas. El paro es muy elevado y la tasa de inflación está llegando a niveles bastante bajos.
- El gran público, que ha perdido mucho dinero en la fase bajista anterior, no quiere ni oír hablar de la bolsa. El volumen contratado es mínimo. Los «parquets» están vacíos de gente y las cotizaciones salen en los diarios (si salen) en algún rincón de la sección económica. Las instituciones (es decir, bancos y cajas de ahorro, fondos de pensiones, sociedades de cartera y grandes inversores en general) se van dando cuenta progresivamente que si la economía va mal, es por otro lado, altamente improbable que empeore todavía mas; es decir, se dan cuenta que «se ha tocado fondo» y por lo tanto comienzan a colocar «el cesto abajo» (dando órdenes a los agentes de comprar todas las acciones cuando la cotización caiga por debajo de un determinado cambio, sin presionar, en ningún momento, los precios hacia arriba).
II- Fase de «liquidez».
- Habiéndose reducido subtancialmente la tasa de inflación, el gobierno, en un intento de reanimar la economía, comienza a llevar a cabo medidas de política económica de signo expansivo. La combinación de una tasa de inflación muy baja y una cierta expansión monetaria dará lugar a tipos de interés nominales muy bajos. A pesar de la anterior, la economía nacional continuará en la fase de depresión del ciclo económico corto.
- La fuerte caída de los tipos de interés reduce la rentabilidad de la renta fija y esto da lugar a trasvases de dinero hacia la renta variable. Como que las «instituciones» ya llevan un cierto tiempo «limpiando papel de los parquets», comienza a haber, en las cotizaciones vigentes, una cierta escasez. Ambos factores tienen como resultado que las cotizaciones comiecen a subir.
III- Fase «fundamental».
- La inflación continúa baja y también los tipos de interés nominales. Ahora bien, la coyuntura económica ya va mejorando. Las ventas de las empresas van aumentando (y también sus beneficios): primero, las que producen bienes de consumo y, cuando ya trabajan a plena capacidad, aumentarán las ventas de las empresas que producen bienes de inversión (equipos industriales, construcción,... etc.).
En la medida en que:
Se van obteniendo noticias confirmando la recuperación económica y los balances (y cuentas de explotación) de las empresas van presentando cada vez mejor aspecto.
Va corriendo la noticia que en la bolsa se está ganando mucho dinero y...
Los medios de comunicación comienzan a fijarse en la evolución de la bolsa...
Una masa creciente de dinero se dirige al mercado de renta variable, provocando una alza sostenida y generalizada de las cotizaciones (y en un grado mas elevado las de aquellas sociedades en mejor situación económica).
IV- La inversión de la tendencia primaria: la fase especulativa.
- La economía nacional está dentro de una fase de «boom» (dentro del contexto del ciclo corto). Casi todas las empresas trabajan a plena capacidad, a pesar de los planes de ampliación de la capacidad de producción que ja se han llevado a cabo. Todos los negocios van bien.
El paro ha bajado considerablemente. No obstante, la inflación comienza a mostrarse como un peligro creciente. Los sindicatos, ante la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y de la situación de pleno empleo (que les da una gran fuerza en la negociación de los convenios laborales), presionan para obtener salarios mas elevados. Los empresarios ofrecen escasa resistencia porque, en una situación donde la demanda de sus productos es tan fuerte, pueden trasladar fácilmente estos incrementos de costos en precios mas elevados.
- La bolsa ya hace tres o mas años que está subiendo. En estos momentos una gran parte de la población ya se ha enterado del hecho y dedica sus ahorros a la compra de acciones, esperando obtener las plusvalías que los que entraron mucho antes ya han obtenido (la rentabilidad por dividendo es, en estos momentos, ya muy baja debido a la altura de las cotizaciones). En esta fase todos los medios de comunicación siguen atentamente la evolución de la bolsa (y se alcanza el punto que, en algunos días, pasa a ser noticia de primera página en los diarios). Todo el mundo, incluso la gente de ínfima cultura financiera, se siente animado a comprar acciones, frecuentemente de alguna sociedad de la que desconoce e incluso que produce (algunos de ellos, incluso, después de algunas ganancias, quedan convencidos que son, por alguna causa inexplicable, auténticos expertos finacieros no descubiertos hasta ahora).
Por otro lado, las «instituciones» viendo que:
Los beneficios de las empresas han llegado a un nivel anormalmente alto y...
La evolución de la tasa de inflación es una amenaza creciente a la continuación del buen momento económico, van vendiendo las acciones de sus carteras (compradas frecuentemente a la primera y segunda fase), vigilando que sus ventas no hagan caer mucho las cotizaciones (por esto, algunos expertos bursátiles llaman también en esta fase como «fase de distribución»).
Esto provoca que las acciones de las mejores sociedades, a pesar de la enorme cifra de compras por parte del público, muestren una creciente resistencia a subir. Entonces «el hombre de la calle» se lanza sobre las acciones de las sociedades en peor situación económica y, que por este mismo motivo habían subido muy poco hasta este momento, haciendo que sus cotizaciones comiencen una alza sorprenentemente fuerte. No hace falta decir que, en esta fase, los «parquets» bursátiles son llenos a rebosar y los volúmenes contractados son tremendamente elevados (recordemos que en la fase de acumulación la sala de contratación estaba desierta y el volumen negociado era muy pequeño).
B. Tendencia primaria bajista («The Bear Market»).
V- Fase de bajada fuerte.
Cuando el dinero «fresco», que entra en bolsa, ya ha empezado a disminuir y el mercado ya lleva un tiempo oscilando bruscamente, sin una tendencia definida, y con unos volúmenes de contratación fortisimos,... comiezan a surgir dudas entre los especuladores profesionales sobre la continuidad del proceso alcista. Estas dudas se resuelven, normalmente, con la venta acelerada de sus carteras. Esto es la gota de agua que desborda el vaso: la bajada se hace vertical, y mas fuerte relativamente en las acciones de sociedades en situación económica no demasiado buena (ya que los especuladores profesionales, en estos momentos, tienden a vender estos tipos de títulos y a mantener los de las buenas sociedades).
El gran público no cree que una nueva tendencia bajista ya ha comenzado, sino que lo toma como un «diente de sierra», como una bajada transitoria que hace el mercado antes de recuperar su antigua tendencia alcista. En consecuencia, no vende, sino que, quizá, todavía compra un poco mas. En esto no es el único equivocado: los medios de comunicación, en general, caerán en el mismo error de perspectiva y tendrán el efecto de reasegurar al gran público que su punto de vista es correcto (el viejo error de pensar que «tanta gente a la vez no se puede equivocar»).
VI- Fase de «goteo».
- La inflación es tan elevada (por la histeria reciente del país) que el gobierno comienza a hacer una política económica de signo restrictivo. Los tipos de interés nominales, que ya habían empezado a subir en la fase «especulativa» debido a la elevada demanda de crédito entonces existente, suben ahora todavía mas por la política monetaria de signo restrictivo que el gobierno lleva a cabo. La tasa de inflación comienza a bajar, pero el paro comienza a aumentar, las ventas de las empresas a caer y los beneficios a reducirse (incluso, en algunos casos, transformándose en pérdidas): la recesión económica es ahora evidente para todos.
- El gran público sufre un enorme desencanto. No obstante se resiste a vender porque:
Confía en volver a ver las cotizaciones a las que compró (y entonces vender y «quedar en paz») y...
Piensa, erróneamente, que mientras no venda no hay pérdida.
Ahora bien, en la medida en que algunos irán necesitando el dinero, en un contexto de crisis económica, irán vendiendo, y así provocando el lento y largo descenso de las cotizaciones conocido como «goteo». Estas ventas sin esperanza se prolongarán hasta la primera fase del nuevo ciclo alcista (la fase de «acumulación»). En este momento estarán proporcionando la contrapartida a las instituciones que, lentamente, ya estarán comenzando a comprar, iniciándose un nuevo ciclo.
El Ciclo de Kondratieff
por X-Trader
22/09/2001
Este ciclo, de una duración aproximada de 54 años, fue observado por primera vez por un economista ruso llamado Kondratieff cuando, en 1926, se dió cuenta que el comportamiento de la economía norteamericana entre 1780 y 1926 había seguido tres oleadas cíclicas. Otros investigadores posteriores han conseguido mostrar que la economía inglesa se ha comportado de forma parecida desde 1271 hasta la actualidad. En este punto, la investigación para otros países se encuentra con la limitación de la falta de unos datos mínimos que cubren un periodo suficientemente significativo.
Básicamente, este ciclo se compone de cuatro fases:
La subida, de una duración aproximada de veinte años. Después de llegar al techo (donde, probablemente, hay alguna guerra) viene...
Una depresión, de unos cinco años de duración. Después...
Una recuperación «financiera», de unos cinco a veinte años. Finalmente...
La caída, de una duración de unos veinte años, que acaba, posiblemente, en otra guerra.
Trataremos aquí de describir este ciclo largo fijándonos en las características generales (que se van repitiendo en cada ciclo) y describiendo las características particulares (que varían de un ciclo al otro) en función de lo que ha pasado en el último, que parece haberse iniciado alrededor de 1940. Sería muy recomendable que, al leer la descripción de cada fase del ciclo, se vaya siguiendo el cuadro 1, donde hay representada la trayectoria cíclica de la economía mundial en el siglo XX.
Ciclo 1
1895-1920: Fase de prosperidad. Desarrollo de las industrias de fertilizantes y metalúrgicas y adopción de avances tecnológicos fundamentales en la industria siderúrgica.
1914-1918: I Guerra Mundial.
1920-1924: Depresión económica: «balcanización» de antiguos grandes estados europeos en pequeños países de estructura económica desequilibrada y muy proteccionistas en sus relaciones económicas en el exterior. Hiperinflación en Alemania y otros países de centro-Europa.
1924-1929: «Los felices años 20».
1929: Crack de la bolsa de New York y inicio de la gran depresión.
1936: Inicio de la guerra civil española. Las grandes potencias inician programas de rearme acelerado.
1939-1945: II Guerra Mundial.
Ciclo 2.
1948-1973: Fase de prosperidad. Desarrollo de las industrias químico-farmacéutica, petroquímica y plásticos, electrodomésticos, automóbiles y energía atómica de fisión.
1963-1974: Guerra del Vietnam.
Invierno 1973-1974: Primera crisis petrolera.
1979-1982: Segunda crisis petrolera.
Finales de 1982: México amenaza con hacer suspensión de pagos exteriores (amortizaciones e intereses de su deuda exterior). La Reserva Federal norteamericana cambia su política monetaria, iniciando una época de continuados descensos en el tipo de interés.
1983-1988 (?): Recuperación «financera».
Finals de 1988 (?): Crac de las bolsas internacionales que inicia una nueva gran depresión.
1989-1996 (?): Depresión económica.
1996-2000 (?): Gran Guerra.
Ciclo 3.
2000-2025 (?): Fase de prosperidad. Desarrollo de la energía nuclear de fusión y de las industrias basadas en la biología aplicada, aprovechamiento integral de los oceanos. Industrias de tecnología espacial. Generalización doméstica de la electrónica avanzada (por ejemplo, uso doméstico de los robots).
Fase primera.
En el fondo de la depresión las expectativas de los empresarios sobre los beneficios futuros son tremendamente pesimistas y, como la utilización de la capacidad de producción instalada es muy baja, la inversión es muy reducida. Las familias tienen tendencia a restringir su demanda de bienes de consumo al mínimo indispensable. El paro es muy elevado, los tipos de interés muy bajos, los precios internacionales de las materias primas hace tiempo que están en los mínimos y, finalmente, la tasa de inflación es cero o, incluso, negativa.
La guerra que probablemente estalle servirá de catalizador de la actividad económica. En efecto, las perspectivas de una próxima guerra provocan una demanda adicional a través de los gastos de rearme iniciados por los gobiernos; cuando la guerra estalla, la demanda se mantiene por los aumentos de las exportaciones de los países no beligerantes hacia los beligerantes; finalmente, cuando la guerra acabe, las necesidades de reconstrucción provocarán un nuevo estímulo a la demanda. Como que la capacidad industrial no utilizada y el paro son, en este momento, elevados, la estirada de la demanda no provoca una inflación significativa; esto y las relativas facilidades monetarias hacen que los tipos de interés nominales sean bajos y el crédito abundante y barato.
A medida que el tiempo pasa y la reconstrucción se termina, comienza una nueva gran estirada de la demanda: durante toda la fase baja del cicle se han ido produciendo nuevos descubrimientos (tanto de nuevos procesos productivos, que abaratan los costes de las empresas, como de nuevos artículos de consumo) que ahora saldrán de los centros de investigación para introducirse en la vida cotidiana. En efecto:
Las empresas ya trabajan a plena capacidad (y obtienen unos buenos beneficios) por lo cual sentirán alentadas a realizar inversiones dirigidas a:
- Introducir nuevos procesos productivos mas eficientes.
- Ampliar la dimensión de las plantas de producción.
- Construir nuevas plantas para producir los nuevos artículos que la gente demanda.
- En el mismo sentido, el paro es muy bajo, y lo ha sido de forma continuada durante algunos años, cosa que hace que la masa salarial total sea elevada y los consumidores se sientan confiados hacia la continuidad en la percepción de estas rentas. Además, los nuevos artículos que se introducen en el mercado encuentran una demanda virgen. Los dos factores conducen a una demanda de consumo muy elevada.
La persistencia, durante tantos años, de la demanda acaba provocando que los precios de las materias primas, que han ido subiendo lentamente, comiencen a hacerlo a un ritmo mucho mas fuerte. Por otro lado, la plena ocupación, mantenida desde hace mucho tiempo, hace que en el mercado de trabajo la fuerza negociadora se traslade progresivamente desde la patronal hacia los sindicatos, lo cual comportará costes salariales crecientes para las empresas. Estas subidas de costes (de materias primas y salariales), en una situación de gran demanda, harán que las empresas reaccionen aumentando los precios, lo cual irá despertando la inflación.
Durante toda esta primera fase de Kondratieff, las bolsas habrán recorrido unos cuantos ciclos cortos (ver la segunda parte del artículo) donde las fases alcistas serán largas y las bajistas de duración no demasiado grande (dos años, quizá, como máximo) y no muy fuertes.
Al final de esta primera fase suele estallar alguna guerra que agraba las tendencias inflacionarias del sistema económico, y esto porque ahora la demanda adicional viene cuando las empresas trabajan a plena capacidad y en el mercado de trabajo hay plena ocupación.
La aparición de un nivel de inflación medio (o alto, según el país) y con tendencia sostenida (o incluso creciente) favorece la aparición de distorsiones en el aparato económico, de las cuales las mas importantes, por lo que aquí estamos tratando, son la progresiva descapitalización de las empresas (a través de la sobrevaloración de los beneficios) y la generalización de la inversión especulativa (en estos momentos es cuando se pone de moda la colocación del ahorro en oro, sellos, inmuebles, etc).
Fase segunda.
El elevado nivel de inflación existente provoca que la mayoria de los gobiernos adopten una política económica restrictiva que tiene como consecuencia la disminución de la demanda. A medida que la tasa de inflación se resiste a bajar, continuan las políticas económicas de signo restrictivo que, en el grado que sean monetarias, darán lugar a altos tipos de interés nominales. Los efectos combinados de demanda en disminución y de altos costos financieros para las empresas traerán a las mas débiles a la bancarrota.
La tasa de inflación comienza a bajar, pero el paro comienza a aumentar (lo cual comporta un descenso de la masa salarial y, por lo tanto, una menor demanda de consumo). Mientras tanto, la aparición de capacidad industrial no utilizada y los altos tipos de interés reales desincentivan la inversión productiva, que baja abruptamente. La caída de la demanda, tanto de consumo como de inversión, tiene otras consecuencias:
- Un descenso continuado en la demanda de materias primas que acabará provocando el hundimiento de sus precios en los mercados internacionales.
- El paro creciente dará paso a incrementos de salarios por debajo de los incrementos de los precios.
- Los dos elementos anteriores llevarán a un menor crecimiento de los costes de producción que, en una situación de demanda débil, harán que la tasa de inflación continue bajando.
- Aparecerán diferentes sectores productivos en la economía claramente sobredimensionados y, de aquí, la necesidad de «reconversiones industriales».
- El descenso de la renta nacional traerá ingresos fiscales menores. Por otra parte, el elevado paro y el financiamiento de la reconversión industrial comportarán un gasto público mas elevado. La resultante de las dos fuerzas será unos déficits públicos muy elevados.
Durante toda esta segunda fase del ciclo de Kondratieff, las bolsas estarán bajando dentro de un larguísimo tramo bajista (que puede durar, incluso, cuatro o cinco años) que acabará en un periodo muy largo de «acumulación» (ver la segunda parte del artículo).
El proceso contractivo de la economía española seguirá hasta que las tasas de inflación hayan caído a niveles que se consideren normales (o el paro haya llegado a niveles políticamente insoportables para el gobierno). En este momento se inicia la...
Fase tercera.
Los gobiernos comenzarán nuevamente a llevar a término políticas económicas expansivas, que ahora serán preferentemente monetaries, haciendo caer los tipos de interés nominales progresivamente.
No se hace expansión fiscal (es decir, rebajas de impuestos o programas de gasto público como, por ejemplo, obras públicas) a causa de:
La elevada cantidad de deuda pública emitida en la fase anterior para financiar los déficits presupuestarios (y que, a medida en que bajen los tipos de interés, darán lugar a unos pagos por intereses mucho mas soportables pues, en los vencimientos de la deuda, este es reemplazado por una nueva deuda emitida a un tipo de interés menor).
Al ser los déficits de partida ya elevados, una política fiscal fuertemente expansiva daría lugar a déficits mucho mas grandes, lo cual comenzaría a provocar dificultades en el momento de colocar la deuda pública necesaria en los mercados de capitales.
Ahora bien, debido a la elevada capacidad industrial no utilizada, la inversión productiva no aumenta (a pesar de la bajada de los tipos de interés).
Por otro lado, los gobiernos estarán sometidos a una fuerte presión por parte de los diferentes grupos socioeconómicos, que esgrimirán los «costes» soportados por cada uno de ellos en la fase anterior en la cual los gobiernos aplicaron una política restrictiva con tal de hacer bajar la tasa de inflación. La reacción de los gobiernos será, en general, la de acelerar la bajada de los tipos de interés aumentando fuertemente la liquidez que circula por el sistema económico. Como que la inversión productiva se va reanimando muy lentamente, este exceso de liquidez se va hacia los mercados bursátiles, trayendo como consecuencia una gran alza de las cotizaciones.
Las subidas de la Bolsa en la primera fase de Kondratieff tienen una pequeña «fase líquida» (ver la segunda parte del artículo) y una larga «fase fundamental»; mientras que, en esta tercera fase de Kondratieff, es mas larga la «fase líquida». Este fenómeno tiene su explicación económica: las empresas ven como van creciendo sus beneficios, pero ahora estos no son provocados por un muy elevado nivel de ventas, sino por unos costes decrecientes. En efecto, la bajada de los precios de las materias primas, el descenso de los salarios reales y la caída de los costes financieros harán disminuir substancialmente los costes empresariales y aumentar, por lo tanto, sus beneficios. Pero continúa existiendo un paro muy elevado, una alta capacidad productiva no utilizada, una inversión en equipos industriales creciente (pero muy baja) y una demanda de consumo bastante débil.
El elevado paro asegura la continuación de las facilidades monetarias y de los descensos en los tipos de interés, lo cual dará lugar (por la mayor liquidez existente y por los trasvases desde los mercados de renta fija) a alzas desconocidas, en nivel y en velocidad, en las cotizaciones bursátiles.
En un momento mas avanzado, este dinero dará lugar, también, a subidas en los precios de los inmuebles, del oro, de los sellos i, en general, en los de cualquier bien apto para la especulación.
Mas adelante, y con los tipos de interés todavía mas bajos, ya no son solamente trasvases desde la renta fija, sino también una demanda de crédito generalizada la que proporcionará un nuevo combustible a las alzas de las bolsas, mercados inmobiliarios, metales preciosos, etc. Además, aumenta enormemente la demanda de bienes de consumo duraderos (automóbiles, aparatos electrodomésticos...) pagados, también, mediante créditos pedidos por los consumidores al sistema bancario aprovechando el nivel tan bajo de los tipos de interés.
Otro fenómeno típico de esta fase tercera es la aparición de fuertes tensiones en los mercados de divisas, manifestados por las bruscas variaciones de unas monedas respeto a otras. Este fenómeno está provocado por una enorme masa de hot money (dinero caliente) que, sus maniobras especulativas, salta ágilmente desde mercados financeros de un país hacia mercados financieros de otro, provocando así la rápida variación de los tipos de cambio entre las dos monedas.
Fase cuarta.
Cuando el mercado de bienes duraderos de consumo comienza a dar algunos síntomas de saturación, cuando las cotizaciones bursátiles están muy por encima de lo que un inversor informado y con una perspectiva a largo plazo consideraría razonable, cuando las viviendas llegan a un precio que los compradores con intención de habitarlos ya no pueden pagar... Viene el «crac». Como ya sabemos, el mantenimiento de una oleada especulativa requiere la entrada continuada de dinero «fresco» (y en cantidad creciente, debido a que se transaccionan unas cantidades casi invariables de activos y a precios cada vez mas elevados). En el momento en que ya no hay nuevos compradores y los precios comienzan a caer, se genera el pánico. Los detentores de los activos los han comprado esperando un rendimiento que ahora viene dado exclusivamente por la plusvalía que surge en venderlos a unos precios superiores (a la altura de las cotizaciones existentes en este momento, el rendimiento, por dividendos en el caso de las acciones y por alquileres en el caso de los inmuebles, da lugar a una tasa de rentabilidad irrisoria). Si los precios comienzan a caer y las plusvalías esperadas desaparecen, todo se hunde y todo el mundo intenta vender al mismo tiempo, cosa que genera una caída en vertical de las cotizaciones; y cada bajada de las cotizaciones provoca la aparición de una nueva oleada de vendedores (cada vez mas desesperados y con mas prisa para vender) y así hasta que las cotizaciones hayan bajado al punto donde ya no haya exceso de vendedores.
La caída en vertical de las cotizaciones comporta una bajada del nivel del valor de la riqueza total de las familias, lo cual comportará una bajada de la demanda de bienes de consumo (mas fuerte como mas bienes de consumo duradero se hubiesen adquirido mediante créditos, los cuales el público esperaba cancelar con las plusvalías obtenidas en una bolsa donde la tendencia alcista hubiese continuado).
Este descenso de la demanda será amplificada pronto por las quiebras bancarias, como consecuencia que los bancos se habían lanzado, en la fase anterior, a la concesión de créditos a las familias financiando la compra de bienes de consumo y viviendas (este fenómeno está provocado por la elevada demanda de crédito con esta finalidad y por la escasa demanda de crédito para financiar inversiones productivas, ya que la inversión, como hemos visto, crecía muy lentamente). Muchos de estos créditos concedidos antes serán ahora irrecuperables.
Si, además, estos bancos tienen otros créditos irrecuperables, como:
- Los concedidos a países productores de materias primas, cuyos precios ya hemos visto que permanecen a niveles muy bajos (ejemplo actual: la deuda exterior del tercer mundo y, mas concretamente por su volumen, la deuda exterior latinoamericana) y...
- Los concedidos a productores nacionales de materias primas que se rigen según los precios internacionales (ejemplo actual: los créditos concedidos por la banca norteamericana los campesinos del Middle West).
Nos encontraremos entonces con una secuencia de quiebras bancarias. El resultado económico de todo esto es una brutal contracción del crédito que profundiza enormemente la depresión económica.
Una vez desencadenada la depresión, con numerosas quiebras de empresas, ejérrcitos de trabajadores yendo hacia el paro, etc. esta es engrandecida, todavía mas, por las reacciones de los diferentes sectores socioeconómicos en el interior de cada estado, los cuales ejercen una fuerte presión sobre los gobiernos pidiendo una mayor protección aranzelaria y una devaluación de la propia moneda para conseguir, a la vez, proteger el mercado interior y conquistar nuevos mercados en el exterior. A medida que esto es un fenómeno generalizado, el resultado global de las sucesivas «guerras aranzelarias» y las continuadas «guerras devaluatorias» entre los diferentes países es una contracción del comercio internacional, el cual asegura un agravamiento adicional de la depresión económica.
En esta fase, las caídas de las cotizaciones en la bolsa son todavía importantes, pero el ritmo de descenso es muy inferior al de la fase de pánico. Los motivos fundamentales de las bajas son ahora:
- Las casi inexistentes expectativas de beneficios en las empresas, consecuencia de la situación de profunda depresión económica.
- La necesidad, por parte de una cierta proporción de las familias, de dinero para asegurarse un cierto nivel de supervivencia, lo cual provocará el mantenimiento, durante tota la depresión, de un continuado flujo de ventas que, de forma regular, irá llegando a la bolsa.
- No hace falta decir que las mismas vicisitudes pasaran en los otros mercados activos: el precio de los sellos se hundirá enseguida en el periodo del pánico; la caída del precio del oro se verá un poco frenada por la demanda que se genera en los momentos de inestabilidad y crisis generalizada (buscando en el oro un «refugio seguro» para los ahorros). No obstante, a medida que la depresión permanecerá en el tiemo, el precio internacional del oro irá siguiendo una tendencia descendente.
- Los precios de los inmuebles, después de una seria caída inicial (provocada, en parte, por la ejecución de las garantías de los créditos hipotecarios impagados), irá después bajando lentamente, en la medida que al estar también el sector de la construcción en una crisis muy fuerte, la oferta de nuevas viviendas será escasa.
En el punto mas bajo de la depresión, el paro será tremendamente elevado; la demanda de consumo caerá practicamente hasta los límites marcados por un cierto nivel de supervivencia; la demanda de inversión será prácticamente nula, dada la enorme capacidad industrial no utilizada y las inexistentes perspectivas de beneficios; los tipos de interés nominales estarán muy bajos y, probablemente, haya deflación (bajada de precios). Mientras tanto, se irán creando las bases para una nueva oleada expansiva:
Los centros de investigación no paran de encontrar descubrimientos que permitirán, quizá una década mas tarde, la aparición de nuevos artículos de consumo y de nuevos procesos productivos abaratadores de costes.
Las enormes tensiones sociales dentro de cada país pueden llevar a la polarización de la sociedad, situación que puede acabar llevando al poder a gobiernos fuertemente extremistas, con la característica general de intentar encontrar la solución de la crisis interior en el exterior. La guerra estará en camino y con ella el inicio de un nuevo ciclo.
El ciclo bursátil.
Este ciclo tiene una duración de unos cinco años de promedio (a excepción del que se desarrolla en la tercera fase del ciclo de Kondratieff, que tiene una fase alcista de unos 6 o 7 años, debido a que el exceso especulativo se prolonga mucho mas tiempo y, correspondientemente, la fase bajista posterior es mucho mas fuerte), observando su presencia en la evolución de los mercados bursátiles desde 1871. En 1923, el profesor J. Kitchin mostró, para la economía británica y la norteamericana, que también existía este ciclo en la evolución de precios al mayor, de los tipos de interés, de los niveles de beneficios y en la de otras magnitudes económicas que versan sobre el mundo empresarial considerado agregadamente.
Desde unos parámetros estrictamente bursátiles lo podríamos describir de la manera siguiente: Las cotizaciones de la bolsa, consideradas en general, se mueven según tendencias. Podríamos clasificar estas tendencias en tres grupos:
- Primarias: duran, como mínimo, un año y dan lugar a una variación de les cotizaciones de, como mínimo, un 50%.
- Secundarias: una tendencia primaria alcista está compuesta de tres (o mas) tramos alcistas, interrumpidos por dos (o mas) tramos bajistas. Cada uno de estos tramos secundarios tiene una duración entre uno y doce meses. Obviamente cada suelo de una corrección secundaria queda por encima del suelo de la corrección anterior. Lo mismo vale para una tendencia primaria bajista, pero al revés.
- Menores: cada tendencia secundaria está, a su vez, compuesta de movimientos o tramos menores los cuales tienen una duración máxima de un mes. Aquí nos centraremos, fundamentalmente, en el estudio de las fases que componen las dos tendencias primarias, dando, a la vez, una breve referencia sobre el ciclo económico corto que se desarrolla paralelamente.
Ciclo bursátil completo.
A. Tendencia primaria alcista «The Bull Market».
I - Fase de «acumulación».
- La economía está en el peor momento del ciclo económico corto y los beneficios de las sociedades son muy bajos (o hay pérdidas) y las expectativas de los empresarios son muy pesimistas. El paro es muy elevado y la tasa de inflación está llegando a niveles bastante bajos.
- El gran público, que ha perdido mucho dinero en la fase bajista anterior, no quiere ni oír hablar de la bolsa. El volumen contratado es mínimo. Los «parquets» están vacíos de gente y las cotizaciones salen en los diarios (si salen) en algún rincón de la sección económica. Las instituciones (es decir, bancos y cajas de ahorro, fondos de pensiones, sociedades de cartera y grandes inversores en general) se van dando cuenta progresivamente que si la economía va mal, es por otro lado, altamente improbable que empeore todavía mas; es decir, se dan cuenta que «se ha tocado fondo» y por lo tanto comienzan a colocar «el cesto abajo» (dando órdenes a los agentes de comprar todas las acciones cuando la cotización caiga por debajo de un determinado cambio, sin presionar, en ningún momento, los precios hacia arriba).
II- Fase de «liquidez».
- Habiéndose reducido subtancialmente la tasa de inflación, el gobierno, en un intento de reanimar la economía, comienza a llevar a cabo medidas de política económica de signo expansivo. La combinación de una tasa de inflación muy baja y una cierta expansión monetaria dará lugar a tipos de interés nominales muy bajos. A pesar de la anterior, la economía nacional continuará en la fase de depresión del ciclo económico corto.
- La fuerte caída de los tipos de interés reduce la rentabilidad de la renta fija y esto da lugar a trasvases de dinero hacia la renta variable. Como que las «instituciones» ya llevan un cierto tiempo «limpiando papel de los parquets», comienza a haber, en las cotizaciones vigentes, una cierta escasez. Ambos factores tienen como resultado que las cotizaciones comiecen a subir.
III- Fase «fundamental».
- La inflación continúa baja y también los tipos de interés nominales. Ahora bien, la coyuntura económica ya va mejorando. Las ventas de las empresas van aumentando (y también sus beneficios): primero, las que producen bienes de consumo y, cuando ya trabajan a plena capacidad, aumentarán las ventas de las empresas que producen bienes de inversión (equipos industriales, construcción,... etc.).
En la medida en que:
Se van obteniendo noticias confirmando la recuperación económica y los balances (y cuentas de explotación) de las empresas van presentando cada vez mejor aspecto.
Va corriendo la noticia que en la bolsa se está ganando mucho dinero y...
Los medios de comunicación comienzan a fijarse en la evolución de la bolsa...
Una masa creciente de dinero se dirige al mercado de renta variable, provocando una alza sostenida y generalizada de las cotizaciones (y en un grado mas elevado las de aquellas sociedades en mejor situación económica).
IV- La inversión de la tendencia primaria: la fase especulativa.
- La economía nacional está dentro de una fase de «boom» (dentro del contexto del ciclo corto). Casi todas las empresas trabajan a plena capacidad, a pesar de los planes de ampliación de la capacidad de producción que ja se han llevado a cabo. Todos los negocios van bien.
El paro ha bajado considerablemente. No obstante, la inflación comienza a mostrarse como un peligro creciente. Los sindicatos, ante la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y de la situación de pleno empleo (que les da una gran fuerza en la negociación de los convenios laborales), presionan para obtener salarios mas elevados. Los empresarios ofrecen escasa resistencia porque, en una situación donde la demanda de sus productos es tan fuerte, pueden trasladar fácilmente estos incrementos de costos en precios mas elevados.
- La bolsa ya hace tres o mas años que está subiendo. En estos momentos una gran parte de la población ya se ha enterado del hecho y dedica sus ahorros a la compra de acciones, esperando obtener las plusvalías que los que entraron mucho antes ya han obtenido (la rentabilidad por dividendo es, en estos momentos, ya muy baja debido a la altura de las cotizaciones). En esta fase todos los medios de comunicación siguen atentamente la evolución de la bolsa (y se alcanza el punto que, en algunos días, pasa a ser noticia de primera página en los diarios). Todo el mundo, incluso la gente de ínfima cultura financiera, se siente animado a comprar acciones, frecuentemente de alguna sociedad de la que desconoce e incluso que produce (algunos de ellos, incluso, después de algunas ganancias, quedan convencidos que son, por alguna causa inexplicable, auténticos expertos finacieros no descubiertos hasta ahora).
Por otro lado, las «instituciones» viendo que:
Los beneficios de las empresas han llegado a un nivel anormalmente alto y...
La evolución de la tasa de inflación es una amenaza creciente a la continuación del buen momento económico, van vendiendo las acciones de sus carteras (compradas frecuentemente a la primera y segunda fase), vigilando que sus ventas no hagan caer mucho las cotizaciones (por esto, algunos expertos bursátiles llaman también en esta fase como «fase de distribución»).
Esto provoca que las acciones de las mejores sociedades, a pesar de la enorme cifra de compras por parte del público, muestren una creciente resistencia a subir. Entonces «el hombre de la calle» se lanza sobre las acciones de las sociedades en peor situación económica y, que por este mismo motivo habían subido muy poco hasta este momento, haciendo que sus cotizaciones comiencen una alza sorprenentemente fuerte. No hace falta decir que, en esta fase, los «parquets» bursátiles son llenos a rebosar y los volúmenes contractados son tremendamente elevados (recordemos que en la fase de acumulación la sala de contratación estaba desierta y el volumen negociado era muy pequeño).
B. Tendencia primaria bajista («The Bear Market»).
V- Fase de bajada fuerte.
Cuando el dinero «fresco», que entra en bolsa, ya ha empezado a disminuir y el mercado ya lleva un tiempo oscilando bruscamente, sin una tendencia definida, y con unos volúmenes de contratación fortisimos,... comiezan a surgir dudas entre los especuladores profesionales sobre la continuidad del proceso alcista. Estas dudas se resuelven, normalmente, con la venta acelerada de sus carteras. Esto es la gota de agua que desborda el vaso: la bajada se hace vertical, y mas fuerte relativamente en las acciones de sociedades en situación económica no demasiado buena (ya que los especuladores profesionales, en estos momentos, tienden a vender estos tipos de títulos y a mantener los de las buenas sociedades).
El gran público no cree que una nueva tendencia bajista ya ha comenzado, sino que lo toma como un «diente de sierra», como una bajada transitoria que hace el mercado antes de recuperar su antigua tendencia alcista. En consecuencia, no vende, sino que, quizá, todavía compra un poco mas. En esto no es el único equivocado: los medios de comunicación, en general, caerán en el mismo error de perspectiva y tendrán el efecto de reasegurar al gran público que su punto de vista es correcto (el viejo error de pensar que «tanta gente a la vez no se puede equivocar»).
VI- Fase de «goteo».
- La inflación es tan elevada (por la histeria reciente del país) que el gobierno comienza a hacer una política económica de signo restrictivo. Los tipos de interés nominales, que ya habían empezado a subir en la fase «especulativa» debido a la elevada demanda de crédito entonces existente, suben ahora todavía mas por la política monetaria de signo restrictivo que el gobierno lleva a cabo. La tasa de inflación comienza a bajar, pero el paro comienza a aumentar, las ventas de las empresas a caer y los beneficios a reducirse (incluso, en algunos casos, transformándose en pérdidas): la recesión económica es ahora evidente para todos.
- El gran público sufre un enorme desencanto. No obstante se resiste a vender porque:
Confía en volver a ver las cotizaciones a las que compró (y entonces vender y «quedar en paz») y...
Piensa, erróneamente, que mientras no venda no hay pérdida.
Ahora bien, en la medida en que algunos irán necesitando el dinero, en un contexto de crisis económica, irán vendiendo, y así provocando el lento y largo descenso de las cotizaciones conocido como «goteo». Estas ventas sin esperanza se prolongarán hasta la primera fase del nuevo ciclo alcista (la fase de «acumulación»). En este momento estarán proporcionando la contrapartida a las instituciones que, lentamente, ya estarán comenzando a comprar, iniciándose un nuevo ciclo.