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ECONOMIA Y VARIOS-RECOPILACIÓN

economía

OPINION La progresividad del frío se acaba

La globalización financiera está poniendo en jaque el Estado de Bienestar  FELIX BORNSTEIN  En los manuales de Hacienda Pública se designa con la expresión «progresividad en frío» a las distorsiones que produce la inflación en los tributos que gravan la renta o la riqueza de las personas de acuerdo con una escala progresiva. Por ejemplo en nuestro IRPF, que grava los rendimientos desglosando su importe en cuatro tramos sobre los que recae una escala de tipos impositivos que comienza en el 24% y termina en el 43%. En estos casos la capacidad del contribuyente se mide de forma progresiva, pues a mayor renta corresponde igualmente un mayor tipo de tributación. Si la inflación fuera siempre igual a cero, no sería necesario modificar los tramos de la escala, porque la renta nominal y la real del contribuyente serían idénticas. Obviamente, la inexistencia de inflación no es más que un sueño benévolo y tanto los convenios laborales como los presupuestos del Estado ajustan los salarios y las pensiones a los índices de inflación previstos, entre otros muchos mecanismos de equilibrio, como los contratos de arrendamiento con cláusulas de revisión vinculadas a las variaciones del IPC. Si en el IRPF no se estableciera un ajuste antiinflacionario, muchos contribuyentes tributarían por un tipo superior -«saltarían» de un tramo de renta a otro- aunque el incremento de su renta fuera sólo nominal (debido a la inflación) y no real. No adaptar un impuesto a la inflación significa, aunque generalmente los Gobiernos no lo digan, subir dicho impuesto. Le ha costado, pero debe reconocerse que el Gobierno actual ha lidiado el toro de la «progresividad en frío» con mayor respeto a los contribuyentes que los anteriores Gobiernos «populares». Los datos no mienten y ellos acreditan que desde el año 1999 -en que entró en vigor la reforma fiscal del PP- hasta el año 2004 -últimos presupuestos presentados por su Gobierno- la inflación acumulada fue del 16,2%. Durante esos seis años, sólo en una ocasión la Ley de Presupuestos «deflactó» la tarifa del IRPF para ajustarla a la inflación, por lo que gran parte de la rebaja fiscal de los años 1999 y 2003 se la «comió» la inflación, un fenómeno especialmente dañino para las rentas más bajas. El PSOE prometió en su día la «actualización del mínimo exento con la inflación», silenciando la actualización de la tarifa porque con su propuesta inicial -el famoso tipo único- el IRPF no puede tener desajuste inflacionario. En las tres primeras leyes de presupuestos de la legislatura, el Gobierno socialista sólo cumplió a medias su compromiso al «deflactar» la tarifa del IRPF, pero sin actualizar a la inflación prevista las cuantías que definen los mínimos (personal y familiar) exentos de tributación y otras partidas fijas, como la reducción por rendimientos del trabajo. El proyecto de Ley de Presupuestos para 2008 recoge, por fin, ambas medidas. Aunque el Gobierno, interesadamente, las presenta como una rebaja del impuesto, cuando lo que en realidad significan es el restablecimiento del equilibrio en el importe de la prestación pública que cada ciudadano realiza al pagar el IRPF. El proyecto, además, es respetuoso con las competencias autonómicas, porque la «deflactación» de los tipos de gravamen sólo se refiere a la escala estatal, aunque también se extiende a la complementaria, para el caso de que la comunidad respectiva no aprobara la tarifa correspondiente al tramo autonómico. 

Es la primera vez que ocurre esto en nuestro país y sólo cabría oponerle el pero de que los ajustes no son automáticos, sino vinculados a la inflación prevista para 2008 (el 2%), que probablemente se quede corta; algo de lo que es consciente el propio Ejecutivo, ya que en los mismos Presupuestos eleva notablemente respecto al ejercicio anterior tanto el interés legal del dinero (que sube al 5,5%), como el interés de demora (que lo hace hasta el 7%). La insuficiencia de apoyos parlamentarios puede empantanar los Presupuestos del Gobierno. Sin embargo, aún así, no parece probable que, después del paso dado por Solbes esta vez, algún Gobierno en el futuro, fuera del color que fuese, vuelva a aliarse con la inflación para incrementar bajo cuerda el IRPF a los ciudadanos.

http://www.elmundo.es/suplementos/nuevaeconomia/2007/390/1192312808.htmloctubre 2007  

Desinflando burbujas

http://elsabado.es/Actualidad/Articulos/29DesinflandoBurb.html

El deterioro de la competitividad española

Ya en nuestro primer artículo alertábamos de los riesgos que está acumulando nuestra economía en el frente exterior. Como era de esperar, las últimas cifras de Balanza de Pagos –un incremento del 70,5% interanual en enero-agosto de 2005–, confirman la situación dibujada anteriormente. En esta ocasión, nos centraremos en la evolución de la competitividad de la economía española en los últimos tiempos y el diagnóstico y las “soluciones” propuestas por el Gobierno de ZP.
La principal causa del meteórico ascenso del déficit por cuenta corriente es el franco deterioro de nuestra balanza comercial, que obedece, por un lado, al dinamismo de la demanda interna; pero, por otro, responde, como se verá, a las pérdidas de competitividad acumuladas por la economía española. Adicionalmente, el estancamiento económico de la vieja Europa, ese corazón marchito que tanto gusta a Zapatero, no contribuye a impulsar nuestras exportaciones. Por último, antes de continuar con nuestro análisis, hay que señalar que tampoco resulta desdeñable el impacto de la subida del precio del petróleo sobre nuestra cuenta comercial, pero el peso mayoritario descansa, en todo caso, en el resto de productos (en 2004, supusieron el 80% del incremento total del déficit comercial).
Con todo, el comportamiento de nuestras exportaciones de bienes es lo más preocupante. En los dos últimos años, el comercio mundial ha experimentado un fuerte ascenso. Sin embargo, la evolución de las ventas exteriores españolas ha quedado notablemente rezagada, con lo que la cuota de nuestros productos en los mercados mundiales ha retrocedido, tendencia que continuará en 2005 a tenor de los datos disponibles hasta la fecha. En el periodo enero-agosto, el volumen de las exportaciones españolas descendió un 0,5% interanual, mientras que el FMI pronostica para el conjunto de 2005 un aumento de las exportaciones mundiales y de la zona del euro del 6,2% y 3,6%, respectivamente.
Este fenómeno es el resultado de un conjunto amplio de factores, pero se pueden resumir básicamente en dos: por un lado, el mayor crecimiento de nuestros precios y costes laborales respecto a nuestros competidores; y, por otro, la especialización productiva de nuestras exportaciones, centradas en las ramas de contenido tecnológico medio, sujetas a la aparición de nuevos competidores procedentes de Europa del Este y Asia, y más sensibles a la competencia vía precios. En este sentido, cabe destacar que los nuevos miembros de la Unión Europea tienen una estructura productiva similar a la de España, pero cuentan con unos costes laborales mucho más reducidos y la calidad de su educación es superior.
Entre 1999 y 2004, la economía española acumuló pérdidas de competitividad frente a los países desarrollados equivalentes a 9 puntos porcentuales si se consideran los precios de bienes de consumo, y a 12,7 puntos si se mide con los costes laborales de la industria manufacturera. De este modo, prácticamente se habría absorbido la ganancia de competitividad obtenida tras las devaluaciones de la peseta que siguieron a la crisis del Sistema Monetario Europeo en 1992 y 1993. La situación es aún más preocupante cuando se compara con los nuevos países industrializados.
Resulta especialmente chocante que en el proyecto de Presupuestos del Estado se despache este problema confiando irreflexivamente en el modesto aumento de los precios de exportación, ya que se obvian los efectos perniciosos sobre la situación financiera y el empleo de los sectores exportadores derivados del estrechamiento de márgenes resultante. Ni que decir tiene que, en el balance de riesgos final del escenario macroeconómico contenido en los Presupuestos, no se menciona el deterioro de la competitividad de las exportaciones españolas.
La pertenencia a la zona del euro impide la utilización de la política cambiaria y monetaria para corregir nuestro diferencial de inflación. Por ello, resulta imprescindible mantener una política fiscal austera (pero de contención del gasto, no de incremento de impuestos), que no impulse aún más nuestra acelerada demanda interna y, de este modo, no contribuya al crecimiento de los precios. No habrá sorpresas en este punto: ZP & Co. han acordado un crecimiento del gasto superior al del PIB nominal, todo un alarde de irresponsabilidad.
Desde un punto de vista estructural de largo plazo, la posición competitiva de la economía española dependerá de su especialización productiva en sectores de mayor valor añadido. Para que esta recomposición sea una realidad, debe realizarse a través del mercado. Para ello, se requieren avances en el terreno de las reformas estructurales, con la finalidad de aumentar el grado de competencia y la flexibilidad de nuestros mercados, lo que atraería la inversión extranjera. En particular, hay que reclamar una reforma en profundidad de nuestro mercado laboral, con el objetivo de eliminar las restricciones a la creación de empleo y de racionalizar la fijación de los salarios, mediante la descentralización de los convenios y el levantamiento de las cláusulas automáticas de revisión salarial. Las recientes cesiones del Ejecutivo ante las protestas de ciertos sectores afectados por la subida del precio del petróleo oscurecen las perspectivas en esta cuestión. El mencionado cambio de estructura productiva y la atracción de capitales extranjeros necesitan que nuestro país ofrezca un marco institucional estable y una mano de obra con alto nivel educativo.
Pero, ¿qué nos ofrece el Ejecutivo Zapatero? Restricciones a la competencia (véanse las regulaciones a los horarios comerciales, y la OPA de Gas Natural), amenazas a los inversores extranjeros procedentes del tripartito radical catalán, inestabilidad institucional y aprobación de la LOE, bodrio que, aparte de afectar a la libertad en la enseñaza, supondrá una rebaja de la ya depauperada calidad de la educación en España. Eso sí, se prometen planes y gasto público para potenciar el denominado I+D+i, pero no se recata en amenazar con planes de expropiación de vivienda desocupada, ¡muy atractivo para los inversores que vienen a residir y gastarse su pensión aquí!

El sector exterior es el espejo que refleja las virtudes y defectos de la economía interna. Los riesgos a medio plazo de la economía española no se arreglan con siglas ni juegos de palabras más o menos felices que sólo cautivan a los incautos y a los interesados, que no son pocos. Se resuelven con la calidad de nuestro marco institucional y el respeto a la libertad económica. Todo lo que este Gobierno está derribando.

Grupo de Economistas Independientes (GEI)

 

http://www.libertaddigital.com/php3/opi_desa.php3?fecha_edi_on=2005-11-16&cpn=28137

Economía de los EEUU

Por qué los inversores prefieren el dólar?
GEI  
 Este incremento en los flujos de capital privados a Estados Unidos sugiere que los inversores mantienen una elevada confianza en la fortaleza y flexibilidad de la economía americana ”
Estados Unidos lleva registrando desde hace unos cuantos años un abultado déficit por cuenta corriente, que en 2005 ascenderá a cerca del 7 por ciento de su PIB y que incluso podría seguir aumentando en el futuro. Las causas de este déficit son variadas, pero entre los economistas existe cierto consenso en que son dos los factores que ayudan a explicarlo. Por un lado, la fortaleza de la demanda interna –en especial del consumo privado y de la construcción–, que se ha apoyado en condiciones de financiación muy favorables, ha provocado un incremento sustancial de las importaciones de bienes y servicios. Pero, por otra parte, ha confluido también la entrada masiva de capitales extranjeros, que han sostenido el valor del dólar y han mantenido bajos los tipos de interés a largo plazo, contribuyendo así a ampliar el déficit exterior. Sin embargo, son múltiples las voces críticas que se alzan avisando de la insostenibilidad del déficit americano y de los riesgos de que se produzca una corrección abrupta del mismo y un desplome del dólar.
Pues bien, los datos de flujos de capitales a Estados Unidos más recientes despejan ciertas dudas sobre el sentimiento de los mercados acerca del atractivo de los activos financieros denominados en dólares. La cifra récord de 102 mil millones de dólares de entradas netas en septiembre cubre sobremanera el déficit comercial, también récord, de ese mes, que fue de 66 mil millones de dólares. Repetidamente se ha argumentado que esa financiación ha provenido, en gran medida, de la ingente acumulación de reservas por parte de los bancos centrales asiáticos, que eran invertidas en bonos del Tesoro americano, y que cuando dejasen de hacerlo se podría producir una desbandada generalizada de los inversores, tanto públicos como privados.
Los datos del informe del Tesoro americano muestran que esa predicción, por el momento, está muy alejada de la realidad. No sólo es que la cifra de flujos de capital haya supuesto un nuevo máximo mensual, sino que, fundamentalmente, ha sido el sector privado el que ha vuelto a liderar las inversiones en activos en dólares. Es más, los instrumentos que han recibido más inversiones han sido curiosamente acciones y títulos de renta fija de empresas, y no tanto bonos de deuda pública. De hecho, en lo que se lleva de año, los inversores “oficiales” han disminuido considerablemente sus inversiones en Estados Unidos (en un 44 por ciento), sobre todo en bonos del Tesoro (en un 66 por ciento), pero los capitales privados se han acelerado notablemente (creciendo un 40 por ciento). La fuente de financiación externa más estable para una economía, que es la inversión directa extranjera, aumentó en Estados Unidos un 68 por ciento en 2004 y en el primer semestre de este año ha crecido otro 33 por ciento.
Este incremento en los flujos de capital privados a Estados Unidos sugiere que los inversores mantienen una elevada confianza en la fortaleza y flexibilidad de la economía americana, que el dólar es mucho menos dependiente de las intervenciones en los mercados de divisas de los bancos centrales de lo que se había dicho y que la financiación del déficit por cuenta corriente no es problemática hasta la fecha. Si bien es cierto que ese déficit deberá corregirse en algún momento, la confianza de los mercados en la economía americana hace más probable que dicha corrección sea gradual y poco problemática.
En comparación, ¿qué es lo que está sucediendo en Europa? Las perspectivas económicas europeas siguen siendo poco halagüeñas, lastradas por la rigidez de una burocracia con afán regulador e intervencionista y a la espera que de algún día se acometan las reformas estructurales necesarias para incrementar la productividad y el crecimiento económico. La retórica burócrata que cabalga en las esferas políticas europeas se inventó algo así como la panacea a todos los males económicos que nos atenazan, la estrategia de Lisboa, un auténtico galimatías conceptual, cuyos objetivos eran crear una economía europea más flexible, innovadora, dinámica y favorable a la inversión, que nos hiciese superar al odiado enemigo americano. Como era de esperar, los resultados de los cinco primeros años de esa estrategia sólo pueden calificarse de decepcionantes.

Ahora se le pretende dar un nuevo impulso con la creación de Programas Nacionales de Reforma, en los que los gobiernos deben explicitar cómo se materializarán en hechos los vagos compromisos adquiridos. Pero, ¿qué cabe esperar de unos países como los europeos, encabezados por la decadente Francia que se pliega ante el terrorismo callejero, hinchando el blando cojín en el que se echan la siesta los pasivos subvencionados? Y la esperanza en una Alemania renovada con la llegada al poder de Angela Merkel, que impulse la flexibilidad y el libre mercado, parece haberse ido de nuevo al traste al caer en el cepo estatalista de la Gran Coalición, como analiza certeramente Luis Gómez en su reciente artículo en Libertad Digital (Alemania. Lucha por el poder sobre la economía). Así es imposible que Europa siquiera se acerque al dinamismo de la economía norteamericana, algo que los inversores parecen apreciar con claridad a la vista de dónde colocan su confianza y su dinero.



Grupo de Economistas Independientes (GEI)

Lucha por el poder sobre la economía

Alemania
Lucha por el poder sobre la economía
Luis Gómez
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“ De momento, los liberales no podemos estar felices, y los acontecimientos de los últimos días parece que dan definitivamente la razón al FDP en su decisión de mantenerse en la oposición a toda costa ”
El programa de Gobierno presentado por la Gran Coalicion que regirá los destinos de Alemania los próximos años ha dejado, al menos, una cosa bien clara: la lucha por el poder sobre la economía entre el Estado y el sector privado se intensificará hasta cotas aún insospechadas.
Se endurece el tono de las declaraciones. En Alemania podemos escuchar extraños mensajes de dudosa interpretación para un liberal. Frente a los duros comentarios del empresariado alemán respecto al “Acuerdo de Gran Coalicion” ("esto no empieza bien", "es veneno para la coyuntura"), reacciona el establishement del SPD, tan criticado en las últimas semanas, con formas rudas, al borde del improperio. El futuro ministro de Hacienda, Peer Steinbrück, comienza hablando de la "pérdida de perspectiva" que se intuye tras las declaraciones de los patronos, para terminar atacando: se han dejado mezclar en un debate "que apenas sí puede ser más absurdo, por ignorante". El colega de partido Matthias Platzeck no dudó en usar el mismo tono, al acusar a los representantes de la patronal germana de fomentar la "cultura del miedo" para criticar un acuerdo de cuyos entresijos ignorarían, según él, casi todo.
Pero no solamente desde la izquierda de la coalición sonaron los tambores de guerra. La nueva Canciller, Angela Merkel, no dudó en exigir de los empresarios "más respeto ante la política y los políticos", olvidando la retórica de la campaña electoral, cuando aún hablaba de deconstrucción del Estado y fomento y desarrollo de las fuerzas económicas civiles. Para terminar de redondear el cuadro, desde Baviera, Edmund Stoiber nos devuelve a la realidad intervencionista con una frase visceral: "(los empresarios) despiden a miles de personas, nos los dejan abandonados ante la puerta de casa como si ellos no tuviesen nada que ver en el asunto y entonces se dedican a criticar lo que hacemos”. Los observadores liberales estamos sorprendidos.
Se adivina ya la línea de conflicto que delimitará los debates durante los próximos años. Por un lado están los estatalistas, los agentes del Estado y los dependientes del Estado que creen amenazadas sus exigencias bajo la presión de la escasa competitividad de la economía alemana. Enfrente encontramos a los representantes de la economía, los ciudadanos, los contribuyentes y los empresarios que ven como aumenta la presión fiscal sobre ellos para mantener un Estado que no deja de gastar más de lo que debe e infinitamente más de lo que puede. Y lo que hemos podido ver de los textos de la nueva Gran Coalición, no servirá para difuminar esos frentes. Al contrario. La retórica del curso ya fijado por el Contrato de la Coalición va claramente en la línea de mejorar la "capacidad de acción del Estado", como si no estuviese sobradamente demostrado que el Estado en Alemania es un monstruo incapaz de administrarse.
Parte inherente de la retórica estatalista en Alemania es y ha sido siempre la promesa de que la presión fiscal sólo puede tender a disminuir. Resulta que tal premonición sólo ha sido realidad durante un corto período de tiempo a mediados de los noventa y al principios de este milenio. Por otro lado, los ingresos por impuestos aumentan tercamente y alcanzarán, según los expertos y gracias al aumento del IVA, valores máximos de cerca de 500 mil millones de Euros el próximo año. La tendencia ha sido sólo ascendente. Si hace 30 años los Estados Federados y los Municipios ingresaban solamente 79 mil millones de euros, en 1990 los ingresos eran ya de 281 mil millones de Euros. Tras la reunificación, en 1995 el Estado ingresaba 416 mil millones de Euros.
En el otro lado de la balanza, el endeudamiento del Estado alemán ha pasado de menos de 200 mil millones de Euros en los años ochenta a los más de 1,4 billones actuales lo que deja en bastante mal sitio los argumentos esgrimidos por Merkel, Steinbrück o Stoiber para defender al Estado y pedir respeto por las decisiones de los políticos en cuestiones de economía.
Alemania no sufre bajo la prepotencia de sus empresarios, sino bajo la desidia ignorante de sus políticos, cuya única solución al problema, aparentemente, consiste en la mayor subida de impuestos de la historia alemana de la posguerra. El aumento del Impuesto sobre el Valor Añadido previsto para el 1 de enero de 2007 hasta el 19 % aporta 24 mil millones de Euros al año al fisco germano. Dos tercios de ese dinero se dedicarán exclusivamente al saneamiento (es decir, a saldar deudas) de la Federación y de los Estados Federados. La tercera parte restante se utiliza para reducir el coste de la contribución por seguro de desempleo. Como además, la desgravación fiscal más importante se reduce al seguro de incapacidad-vejez y al seguro de enfermedad, podemos concluir sin miedo que el aumento en el IVA terminará dedicado casi en exclusividad al saneamiento presupuestario. El IVA no solo afecta al consumidor, afecta también a las empresas, que verán cómo sus precios finales se disparan sin obtener beneficios a cambio. Eso debilita sobre todo a las pequeñas y medianas empresas que dependen del mercado interior.
El ideario de “la política y los políticos al servicio de los ciudadanos” predicado demagógicamente por Angela Merkel en la campaña electoral parece haber encontrado sus fronteras justamente allí donde el Estado ve amenazados sus intereses.
Pero la vida continúa. Los nuevos coaligados se organizan, nacen nuevos pactos, se entablan nuevas amistades. Los políticos de CDU, CSU y SPD, que durante la campaña electoral tan vehementemente se enfrentaban, ahora deben gobernar juntos.
El martes, a eso de las 10 de la mañana, Angela Merkel fue votada e investida por CDU y SPD como Canciller Federal. Para el día siguiente ya tuvieron lugar sendas visitas relámpago a París y Bruselas, el jueves se encontrará con Tony Blair en Londres, durante una cena diplomática. Merkel quiere que el ministro de Exteriores, Walter Steinmeier, la acompañe. Y puede que asistamos a la primera discusión interna de la novísima Coalición: Steinmeier ya ha hecho saber a los periodistas que no prevé de ninguna manera colaborar en una línea de política exterior que sea radicalmente diferente a la seguida bajo Schröder.
El consejero de asuntos exteriores del despacho de Merkel, Christoph Heusgen, lo ve de forma completamente diferente. Éste coincide con Javier Solana en la necesidad de plantear nuevos acentos en las relacione políticas con Rusia. ¿El primer punto de ruptura?
La nueva etapa que se abre en la mayor economía de Europa es apasionante. Asistimos a uno de los capítulos más interesantes de la reciente historia europea. Esperemos que sea para bien. De momento, los liberales no podemos estar felices, y los acontecimientos de los últimos días parece que dan definitivamente la razón al FDP en su decisión de mantenerse en la oposición a toda costa.

Luis Gómez vive en Mainz (Alemania) y es editor de la bitácora Desde el Exilio
http://www.libertaddigital.com/php3/opi_desa.php3?cpn=28277

Consecuencias de la ruptura de España

Consecuencias de la ruptura de España
GEI  
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“ No sabemos si se ha reflexionado en el efecto que puede producir en los flujos del exterior la posibilidad de que salten por los aires instituciones tan arraigadas desde hace siglos como las garantías notariales, jurídicas y de toda índole. ”
Grupo de Economistas Independientes (GEI)
Las cifras del sector exterior de la economía española continúan experimentando, en lo que se lleva de año, un intenso deterioro, iniciado ya en 2004. Este deterioro se refleja en el fuerte aumento de nuestro desequilibrio por cuenta corriente, vinculado con los crecientes problemas de competitividad de nuestro sector exterior, tanto comercial como turístico, a los que se ha sumado la escalada del precio del petróleo. La incertidumbre política generada por el actual Gobierno del PSOE y sus aliados separatistas sólo puede agravar esta situación, dificultando en el futuro la financiación de nuestro déficit exterior, como exponemos a continuación. De cara a nuestro futuro próximo, esta situación ensombrece de forma dramática la situación económica española. Hay, ciertamente, una apariencia de bienestar, de alto consumo, de OPAS empresariales, etc., que dan la sensación engañosa de que vivimos en la opulencia. Pero gastamos muy por encima de nuestras posibilidades, como muestra el creciente déficit exterior. Dicho déficit ha ido creciendo en los últimos años hasta niveles nunca vistos. En 1996, dicha magnitud era nula; en el primer semestre de 2005, llega al 8% del PIB como puede verse en el Cuadro (primera columna).
AñosDéficit exteriorPosición netaInversión directa extranjera
% / PIB% / PIB% anual% / PIB
1995-0.2-21.1...1.4
19960.1-23.8211.5
1997-0.1-24.271.6
19981.3-29.5622.4
19992.9-29.6383.0
20003.8-26.1-162.4
20014.5-27.11134.7
20023.9-30.0325.7
20034.2-36.0-443.0
20045.9-42.1-421.6
2005-I (E-J)8.0-43.0-261.3
Cuidado: la cifra oficial es algo menor, pero se debe a que añade al saldo exterior – y ello es legítimo contablemente– las ayudas de la UE; nosotros las quitamos ¿Por qué? Pues, como todo el mundo sabe, más pronto que tarde se acabarán. Es más claro restar esas ayudas con las que no podremos contar en el futuro.
En todo caso, con o sin ayudas, es una cifra record, y con una trayectoria de ascenso meteórico. Otra cara de la misma moneda es el resultado acumulado de ese déficit. En la segunda columna se ve ese resultado: un saldo de débito exterior también creciente, que es la deuda viva que mantiene España con los prestamistas exteriores. Como se ve, en 1996 esa deuda significaba un 23,8% de PIB; ahora llega a nada menos que un 43%. Por comparar con un país muy criticado por los organismos internacionales, EEUU tiene un déficit del 6% de PIB, pero su deuda es del 25%. Esta comparación es, además, un poco forzada, pues la capacidad de España para generar recursos no es precisamente la de EEUU.
Por lo tanto, hay un problema financiero. Hasta cierto punto, deberíamos considerarlo normal para un país que, como España, tiene un déficit secular de capital; un país que necesita capital, debe endeudarse para adquirir ese capital productivo que, tarde o temprano, generará la rentabilidad suficiente para amortizar la deuda exterior. Si, además, el país ofrece suficientes garantías jurídicas y de estabilidad institucional, gran parte de la financiación será cubierta por la inversión directa extranjera, que por definición aporta capital sin generar deuda exigible. Además, la inversión directa es una aportación de capital productivo y nuevas tecnologías. Indica una gran confianza a largo plazo en el país en que entra. Obsérvese, en el cuadro, que eso es lo que pasó entre 1996 y 2002: la inversión directa del exterior en España creció mucho, sobre todo en el año 2001. Por el contrario, desde 2003, la financiación de nuestro desequilibrio exterior cada vez depende más de fuentes más volátiles y que no mejoran nuestra capacidad productiva de forma directa, como son la inversión de cartera –títulos de renta fija o variable–, o los préstamos y depósitos. Como se aprecia en la tabla, la inversión directa empieza a retroceder en dicho año, y en 2004 cae a una tasa del 42%. En el primer semestre de 2005, sobre el mismo periodo del 2004, la caída es del 26%. La participación de la inversión directa extranjera en el PIB se ha reducido drásticamente, como se ve en la última columna. A esto se añadiría el capital que de manera creciente está saliendo de España hacia climas más seguros.
Cierto es que España comparte este rasgo con buena parte de la zona del euro, como se ve en los datos de la UNCTAD; mientras que los flujos mundiales de inversión directa aumentaron un 2% en 2004, cayeron en el conjunto de las economías desarrolladas, con las notables excepciones de EEUU y Reino Unido, donde las entradas de inversión directa aumentaron un 68% y alrededor de un 400%, respectivamente. Este contraste entre la UE y los países mencionados de “nuestro entorno” (al menos hasta hace poco), es bien elocuente. En el caso de España, el ritmo de caída es mayor: 42% en 2004, frente al nada despreciable 36% de la UE. A ese ritmo, cuando los tipos de interés suban o las expectativas de los inversores sobre la estabilidad económica o institucional de España se modifiquen, la corrección que se produzca será de todo menos suave. Mientras tanto, el Ejecutivo que se tropezó con la victoria del 14-M, destroza la base de la sociedad y de la prosperidad abriendo el portón a un sistema de regiones confederadas soberanas por encima del estado (como es la pretensión del Estatuto), si es que queda Estado.
No sabemos si se ha reflexionado, por un momento, en el efecto que puede producir en los flujos del exterior la posibilidad de que salten por los aires instituciones tan arraigadas desde hace siglos como las garantías notariales, jurídicas y de toda índole que acompañan el normal funcionamiento económico en sus actos más triviales. Piénsese en la propiedad –costumbre tan arraigada que es ejecutada cada día en miles de actos transaccionales–, cuando se plantee un inevitable conflicto de jurisdicciones entre autoridades tan incompetentes y politizadas como las que gozamos. La prosperidad depende de la automatización de miles de invisibles lazos que no se ven, que se dan por naturales, hasta el punto de que no se piensa en ellos. Quien va al notario a firmar una escritura sabe qué garantías le ofrece el sistema, tanto más sólidas cuanto más tiempo lleven entre nosotros, pero por eso mismo ni piensa en ellas.
Las inversiones extranjeras son especialmente temerosas ante el riesgo de desaparición de un estado de cosas conocidas y controladas. Así que el presidente del Gobierno de España, al tomar la defensa del Estatuto, ha colocado una bomba de incalculables consecuencias. Pero una de las consecuencias empieza a ser visible. Se llama pánico de asomarse al interior.


Grupo de Economistas Independientes (GEI)

Deberíamos esperar antes el petardazo de China que de Estados Unidos

Los famosos desequilibrios mundiales
GEI  
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“ Deberíamos esperar antes el petardazo de China que de Estados Unidos. ”

Ya sabrá el lector que estamos, desde hace años, ante el riesgo de una posible corrección abrupta de los desequilibrios exteriores, con sus desastrosas consecuencias sobre la producción mundial. ¿Cuáles son estos desequilibrios? Básicamente, el gran déficit exterior americano y el gran superávit exterior de China. Estos desfases se han ido acumulando en el último decenio, y son el resultado de dos tipos de causas: unas, de las propias decisiones de los particulares; otras, de decisiones políticas. Estados Unidos es una economía libre y, por ello, las decisiones están descentralizadas en millones de consumidores y empresarios que actúan según los datos que la realidad les presenta. China es una dictadura y sus decisiones son, por el contrario, fruto de la orientación, si no de la injerencia, del gobierno chino.

Teniendo en cuenta esto, ¿por qué se empeña la inmensa mayoría de comentaristas en decir que la culpa la tiene EEUU, cuya su baja tasa de ahorro sería intolerable para el equilibrio mundial? Porque no ven más allá de la primera página del manual que un día estudiaron, el cual además justifica su orientación instintiva contra los useños. Los manuales de economía solían ser muy deficientes en cuestiones exteriores. Ahora han mejorado un poco, pero esencialmente mantienen un enfoque que lleva a determinar que cuando un país es deficitario, tiene la culpa él; cuando un país es excedentario, está haciendo algo bien.

Así sucede en los análisis China versus Estados Unidos. China es eficiente porque crece y está invadiendo de sus productos los mercados del gigante americano; éste es ineficiente, porque su déficit crece sin cesar. Esto es totalmente falaz. Veamos el porqué:

Primero, China impulsa artificialmente su competitividad a través de una política de acumulación masiva de reservas en dólares, para mantener su tipo de cambio depreciado. Aunque esto puede permitir a las autoridades chinas comprar tiempo, a la larga será un obstáculo creciente para una transición suave que, como demuestra la historia, el autoritarismo nazi-comunista nunca ha sido capaz de asimilar. Siendo realistas y poniendo nuestras miras en un horizonte de medio plazo, China es realmente el país que puede dar el susto, y no Estados Unidos.

Segundo, el déficit americano tiene dos razones: una es la mencionada deslealtad de China; otra, el enorme atractivo que ha supuesto para el inversor internacional, durante años, invertir en Estados Unidos, lo cual ha atraído hacia este país una gran cantidad de financiación a buen precio, tan bueno como que EEUU sigue cobrando más por sus activos exteriores que lo que paga por lo que le prestan. Esta financiación ha ido mayoritariamente a manos de particulares, pues, como hemos dicho, es una economía libre. Esto es comprobable en las cifras de financiación exterior. ¿Y que han hecho con el dinero recibido? Lo más racional que puede hacerse: comprar en los mercados mundiales –incluido China– los bienes de consumo y capital al mejor precio posible. Más barato, en todo caso, que si lo hubiera fabricado en casa.

En palabras más técnicas, son los flujos de capitales la causa del déficit de cuenta corriente, y no al revés. La razón por la que son tan atractivas las colocaciones en Estados Unidos es que, desde 1995, es el país de mayor crecimiento de la productividad. Esto, por su parte, se debe a la enorme capacidad –o libertad– de que disponen las unidades de producción para adaptarse a lo que en economía casi nunca se menciona pero que es crucial: lo imprevisible o, dicho de otra manera, la incertidumbre.

Así que, en nuestra opinión personal, deberíamos esperar antes el petardazo de China que de Estados Unidos. Esto no quiere decir que los americanos no puedan tener problemas: por ejemplo, como la mayoría, tiene un problema de financiación de pensiones; pero no es precisamente el país de peor perspectiva en esto; no hay más que mirar nuestro propio ombligo confederal. Mientras controlen su inflación y mantengan o aumenten el grado de libertad interna no tendrá problemas de financiación; seguirán siendo más dinámicos que la esclerotizada Europa. En este sentido, la deuda exterior, aparte de que no es la mayor del mundo en términos de PIB, es irrelevante mientras su coste financiero sea negativo, es decir, mientras la balanza de rentas sea positiva.

Grupo de Economistas Independientes (GEI)

http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_29579.html
 

EL MUNDO PLANTA CARA AL PROTECCIONISMO EN DAVOS

FORO ECONOMICO MUNDIAL
EL MUNDO PLANTA CARA AL PROTECCIONISMO EN DAVOS
Con un previsible parón del consumo en EEUU e Irán tensando aún más el mercado energético, el Foro Económico Mundial se dio una buena noticia ayer plantando cara a otro fantasma: el proteccionismo. La UE, EEUU, Japón y los países emergentes decidieron sacudirse el pesimismo de Hong Kong y relanzar las negociaciones para liberalizar el comercio.
Por Carlos Segovia / Davos
Dos policías suizos vigilan una manifestación desde un tejado vecino al centro de congresos del Foro Económico Mundial. / AP
Dos policías suizos vigilan una manifestación desde un tejado vecino al centro de congresos del Foro Económico Mundial. / AP

Es la típica negociación que suena lejana, pero que termina abaratando precios a los españoles en general a cambio de que una parte aún impredecible de ellos pierdan su empleo. La de ayer no tuvo lugar con el calor húmedo del pasado diciembre en Hong Kong, sino con el gélido aire blanco de la localidad alpina de Davos en la que se curaba el asma y la tuberculosis la aristocracia europea el pasado siglo. Y el irritable comisario europeo de Competencia, el británico Peter Mandelson, se mostró más tranquilo que de costumbre. «Hay un cambio de actitud, un buen resumen de la reunión es que hemos pasado del 'yo no me muevo hasta que tú lo hagas' a un 'movámonos juntos para sacar esto adelante'».

Los representantes de 18 países miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de la Unión Europea (UE) aprovecharon la cita del Foro Económico Mundial en Davos para alcanzar el acuerdo de relanzar las negociaciones para la liberalización comercial mundial.

Ya lo intentaron el pasado mes de diciembre en Hong Kong, pero no pudieron rematar por el enfrentamiento final de, entre otros, Mandelson y el ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Celso Amorim. «Nadie se puede permitir quedarse fuera del acuerdo.Nadie gana con eso», afirmó el representante de Comercio de EEUU, Rob Portman.

Lo de ayer fue más una escenificación mediática de relanzamiento del proceso tras el fiasco de Hong Kong que una lista de acuerdos concretos. «No ha habido tiempo de concretar, pero nadie está en contra de avanzar a la vez en reducir los aranceles industriales, abrir más los mercados de servicios y, a cambio, que los grandes productores agrícolas reduzcan sus medidas de apoyo», resumió Portman.

El director general de la OMC, el francés Pascal Lamy, resumió la reunión informal de los ministros de Comercio asegurando que éstos «han afrontado las decisiones necesarias para conseguir que la Ronda de Doha [las negociaciones de liberalización iniciada en el año 2000 tras la revolución de Seattle] concluya con éxito en 2006. En particular, han analizado los pasos prácticos que los grupos de trabajo deben abordar para cumplir el calendario de Hong Kong». Este prevé ir cerrando capítulos por etapas con dos reuniones clave en abril y en julio, con vistas a concluir el proceso a finales de 2006. Según Lamy, «los ministros asumen que se deben conseguir progresos en todas las áreas para conseguir un resultado global equilibrado».

«Me temo que los tiempos en los que EEUU y la UE alcanzaban un acuerdo para presentarlo después a sus agradecidos socios comerciales y cerrar así una negociación ya no volverán y mejor que sea así», afirmó Mandelson, que asume que países como India, Brasil o China no pueden ser ya ninguneados.

«Estados Unidos y la Unión Europea deben hacer un gesto», afirmó el ministro indio de Comercio, Kamal Nath. «Europa necesita incentivos para ser flexible», replicó el británico, que subrayó que Estados Unidos aún no ha presentado un programa de recorte de subsidios agrícolas. «Me parece legítima la posición europea, aunque no la compartimos», señaló en buen tono el estadounidense Portman.En su opinión, «lo que hace falta es voluntad política para poner todas las piezas del puzzle».

Lo que todos tienen claro es que de 2007 no puede pasar la negociación, porque para entonces acaban los poderes especiales de George W. Bush para dar su visto bueno a cualquier acuerdo sin tener que pasar por el Congreso estadounidense.

Y aunque todos pedían al resto que movieran ficha, hubo unanimidad en que la necesidad de flexibilidad es general. El momento es clave, porque uno de los fantasmas que amenazan 2006 es precisamente el neoproteccionismo. Los presidentes de multinacionales y dirigentes políticos y económicos, entre otros, congregados en la reunión anual del Foro Económico Mundial, consideran la resistencia a abrir los mercados como uno de los problemas que pueden contribuir a ralentizar el crecimiento.

«Es que no hay que ignorar que cada vez más personas en los países industrializados están perdiendo sus empleos por la globalización y no sienten que sus efectos sean positivos. Es un motivo de preocupación mundial», afirmó el economista jefe del banco de inversión Morgan Stanley, Stephen Roach.

«No conozco un solo país que esté creciendo con proteccionismo», animó el secretario de Comercio de EEUU, Carlos M. Gutierrez, a sus colegas iberoamericanos en una cena consagrada a esa región del mundo.

Según el ministro egipcio de Comercio Exterior, Rachid Mohamed Rachid, el choque del proteccionismo de los países ricos con el de los emergentes pasa factura a los más pobres. «Esta Ronda tiene que permitir a Egipto y a Africa acceder al desarrollo.No es solo la agricultura. Tenemos que estar seguros de que un enfrentamiento entre dos o tres grandes países, desarrollados o emergentes, no nos prive de ello», agregó el egipcio.

A las afueras del Congress Center, sede del Foro Económico Mundial, un reducido número de manifestantes logró lanzar algunas bolas de nieve contra la institución que consideran símbolo del capitalismo y la globalización despiadada. En Basilea, un millar de personas protestaron portando retratos de Carlos Marx, Federico Engels y Lenin.

Pero si la escenificación de ayer de los ministros de Comercio se cumple, el mundo cerrará 2006 con otra vuelta de tuerca a la liberalización comercial y a la globalización.

Frente a esta buena noticia, muchos de los asistentes a las reuniones de Davos resaltaron que hay una mala, que puede enturbiar este ejercicio, que previsiblemente será el último de gran crecimiento económico. Y esa mala noticia la personifica Mahmoud Ahmadinejad, el radical presidente islamista de Irán.

«El programa nuclear de Irán es un asunto muy serio que puede afectar a los mercados. El régimen iraní es débil en su país, porque es muy inepto, por eso insistirá en una iniciativa internacional que le pueda dar popularidad interna», alertó el gurú más veterano de Davos, el multimillonario George Soros. El ex presidente Bill Clinton, pese a ser del Partido Demócrata, respaldó ayer que Bush tenga «todas las opciones» abiertas contra Irán.

¿Tambores de guerra que pueden situar el precio del petróleo en, al menos, los 70 dólares por barril del pasado septiembre?

«Sólo se está pensando en usar medios diplomáticos», matizó el responsable británico de Exteriores, Jack Straw. Este, como el resto de europeos, no mostró ninguna prisa por llevar el asunto al Consejo de Seguridad de la ONU y, menos, tras la victoria de Hamas en Palestina. «Yo creo que esas elecciones abren la puerta a una solución, porque Hamas deberá cambiar y gobernar para su pueblo, el riesgo es que siga influido por Irán», sostuvo Soros.

Con esa incertidumbre y las quejas generalizadas contra Rusia, por su política energética con los países del Este de Europa, la energía se convierte en la gran sombra de 2006. Todos los analistas coinciden en que no bajarán los precios y que, con suerte, concluirán en diciembre con una media de 50 dólares por barril.

«Además, en Latinoamérica hay muchos problemas, porque Hugo Chávez esta teniendo éxito con su programa antiamericano. Y con el petróleo cotizando a altos niveles puede financiar la revolución bolivariana», agregó Soros, que no muestra ninguna confianza en el nuevo presidente de Bolivia, Evo Morales. «Es bueno que lleguen indígenas al poder, pero desgraciadamente parece que va a caer en los brazos de Chávez».

Según una encuesta de Gallup para el Foro Económico Mundial entre ciudadanos de 60 países, la principal amenaza para la economía es «el alza de los precios del petróleo y la demanda de recursos naturales». Para el gobernador del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, la subida de precios tiene efectos paradójicos.«Los ingresos del petróleo han generado importantes ahorros a los productores y, sin ellos, los tipos de interés serían ahora más altos». En su opinión esto «tiene un efecto positivo en los mercados financieros, pero negativo, para la economía en su conjunto».

El economista jefe de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, dio por seguro que este panorama extremará la diversificación de fuentes energéticas y auguró una renovada apuesta por la opción nuclear en EEUU y la UE. El nuevo Gobierno iraquí, que ve posible llegar a producir 1,2 millones de barriles diarios (acercándose de nuevo a Irán -2,4 millones de barriles- como segundo productor mundial) no ofrece garantías de estabilidad aún y la OPEP no desea aumentar la producción para bajar los precios.

Con todo, el director gerente del FMI, Rodrigo Rato, sostuvo que la economía seguirá creciendo a buen ritmo. Todo apunta a que lo hará un 4% adicional en 2006, en lo que, según teme Davos, será el último buen ejercicio, porque hay otra amenaza: la locomotora de EEUU se está frenando.

«Se ha acabado la borrachera consumista estadounidense», afirmó Stephen Roach. El consumo concluyó 2005 a un nivel cercano a cero y su burbuja inmobiliaria va perdiendo fuelle. «La ralentización del crecimiento comenzará a notarse en 2007 y el dólar, que ha llegado a lo más alto, tenderá a bajar», auguró Soros. «En los dos próximos años algún tipo de ajuste se tendrá que producir», sostuvo Lawrence H. Summers, actual presidente de la Universidad de Harvard.

Es urgente encontrar una locomotora alternativa. «EEUU tiene que ahorrar más, no sólo los ciudadanos, sino el Estado y el resto del mundo tiene que ahorrar menos y consumir más», comentó a este diario Guillermo de la Dehesa, ex secretario de Estado de Economía y responsable del Center for Economic Policy Research de Londres.

Pero el resto del mundo se muestra reacio a tomar medidas que fomenten la demanda. «La eurozona no tiene superávit por cuenta corriente, actualmente tiene un ligero déficit, nuestra situación no es la de Japón», subrayó Trichet. Curiosamente es el alto consumo en España lo que quita presión al gobernador del BCE, porque si fuera por otros países centroeuropeos tendría que pensarse más una subida de tipos.

Trichet se mostró de acuerdo con el ministro indio de Hacienda, Palaniappan Chidambaram, sobre uno de los extraños fenómenos del momento. Los países emergentes dedican sus ingresos a invertir en sus principales clientes, los países ricos. «No es sostenible (...) es absolutamente anormal que estén financiando al mundo industrializado», afirmó el francés. Chidambaram pidió que los países desarrollados se tomen en serio el problema e inviertan más en los emergentes. «Necesitamos más capital para mejorar el nivel de vida de nuestras poblaciones», aseguró el indio.

 




BIENVENIDO SEA DAVOS
TOM BURNS MARAÑON

Está tirado criticar las reuniones de Davos. Es ponerse el gorro de los desheredados y tirar piedras contra los poderosos del planeta que supuestamente rigen todo su entorno porque las multinacionales que están a su mando compran países con el entusiasmo y abandono que los demás mortales empleamos para acudir a las rebajas. Las reuniones de Davos dan pie a mucha denuncia izquierdista y a un sinfín de entusiasmos antiglobalizadores porque la presa es obvia. Caído el Muro de Berlín, Davos se erige como el mal a combatir. No tiene vuelta de hoja la imagen de ricachones encerrándose en la privacidad de sus íntimas tertulias alpinas para confortarse en la alabanza mutua bajo la fórmula de aquí te doy un favor hoy para que me lo devuelvas mañana, o cuanto puedas. Nadie va a Davos para decir algo interesante, mucho menos a escuchar algo que se aleje de lugar común que se leyó ayer en el Financial Times y la semana pasada en The Economist. Todos van a Suiza a reconfortarse mutuamente.

Toda esta malhumorada reflexión la puede hacer un niñato con los pies y estoy seguro de que quedará reflejada, un año más, en los blogs antisistema. Llevo tiempo observando el recelo que provoca el Foro Económico Mundial y el año pasado el enfado subió de tono. La concentración en Davos del 2005 supuestamente trató de la erradicación de la pobreza y ahí siguen los niños famélicos de los estados fallidos africanos para atizar nuestras conciencias. Permítanme que disienta. Davos es de los pocos ejemplos que tenemos de una sociedad civil que se hace oír para bien en el mundo de la gran política. Quienes crean que se va a Davos para ver y ser visto, quienes suponen que se trata de un ejercicio anual de márketing y de vanidad, se equivocan. No han estado ahí. Bienvenido este Foro: de no existir habría que inventarlo.

http://www.elmundo.es/suplementos/nuevaeconomia/2005/309/1138489205.html