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ECONOMIA Y VARIOS-RECOPILACIÓN

Las gemelas que pueden dar la puntilla a la crisis

S. McCoy - 11/07/2008 06:00h

Lo que está ocurriendo en los Estados Unidos es de una importancia excepcional. Sólo la vorágine diaria en la que nos desenvolvemos nos impide apreciar su verdadera dimensión. Se trata de un mercado financiero en estado de excepción como consecuencia de la implantación de un conjunto de medidas extraordinarias que persiguen que la situación no se descontrole aún más. Un sistema intervenido por unas autoridades que, por más que tratan de poner diques al violento cauce que, con su desidia, ayudaron a engordar, se ven impotentes ante la fortaleza de una corriente que amenaza con llevarse el conjunto de su negociado por delante. Sí, soy todavía pesimista. Y con noticias como las conocidas a lo largo de esta semana sobre las dos principales agencias hipotecarias pseudogubernamentales, Freddie Mac y Fannie Mae, todavía más. Estas instituciones son capitales para mantener el herido inmobiliario a flote a la espera de tiempos mejores. Y están muy tocadas. Y, lo que es peor, el mercado lo sabe. Tendremos noticias no muy tarde sobre ellas que generarán momentos de pánico. Será la oportunidad. Sean pacientes entre tanto.

En esencia, Fannie Mae y Freddie Mac actúan como garantes de la solvencia del mercado hipotecario norteamericano a través de una labor de intermediación según la cual compran hipotecas, las empaquetan, les prestan su rating y se las venden al mercado que las adquiere con la tranquilidad que dicha aparente, que no real, garantía estatal otorga. Su papel ha ido ganando relevancia con el paso del tiempo y, si en 1990 apenas respaldaban el 4,7% de la deuda hipotecaria norteamericana, y a finales de 2006, el 12,9%, en la actualidad entre las dos garantizan o son titulares de casi la mitad de las hipotecas en vigor en aquél país. Es la consecuencia inmediata de la muerte del mercado hipotecario estadounidense que ha llevado a que ambas compañías hayan dado soporte a más del 80% de las hipotecas constituidas en aquél país desde el inicio de la crisis hace ahora doce meses. La consecuencia no se ha hecho esperar: las llamadas GSEs o Goverment Sponsored Entreprises se han convertido en unos hedge funds terriblemente apalancados y con pura exposición hipotecaria. Ups. En efecto: los recursos propios apenas son un 5% del total de su deuda emitida, en un momento en el que las ejecuciones de activos residenciales aumentan, los precios de las casas continúan cayendo y las pérdidas en el balance se acumulan. No es de extrañar que no sólo la bolsa sino también el mercado de deuda, les estén dando la espalda, poniendo en riesgo su solvencia y elevando el coste de su financiación para adquirir nuevas hipotecas al doble de lo que pagaban hace un año.

Un panorama sombrío para el que sólo se presenta, dada la situación del mercado residencial estadounidense, una solución realista: el rescate. El debate que está sobre la mesa ahora en Estados Unidos es quién puede llevarlo a cabo cuando hay tan pocos argumentos que hagan interesante la inversión, dada su escasa visibilidad a corto y medio plazo. Parece que la única alternativa es una intervención pública (directa mediante inyección de fondos o líneas de crédito; indirecta, a través del reaseguramiento o la apertura de la ventana de descuento como ya hizo la FED con los brokers) que asegure su supervivencia. Una obligación moral, en este caso sí, que se derivaría de que fueron las propias autoridades las que modificaron al alza su capacidad operativa con objeto de que pudieran dar contrapartida al mercado el pasado mes de enero. Un colapso de las GSEs provocaría menos hipotecas, caída de la demanda de pisos, precios más bajos, mayores dificultades para hacer frente a las hipotecas ya concedidas, un incremento de los impagos, más pisos en manos de los bancos y vuelta a empezar. Casi nada. Como señalan numerosos analistas de aquél país, el impacto que una situación de este tipo podría tener sobre el conjunto del sistema haría que la intervención de Bear Stearns pareciera un chiste a su lado. Ya en abril S&P´s cuantificó el riesgo en un billón de los nuestros (millón de millones) de dólares y subrayó que podría afectar a su visión sobre la propia solvencia de Estados Unidos. Casi nada. No quiero ni pensar a dónde se podría ir el dólar si esto ocurriera (argumento defensivo, por cierto, que podría incentivar la entrada de un fondo soberano con moneda ligada a la divisa estadounidense). Tal y como anticipaba ayer Bloomberg a última hora, no les pueden dejar caer.

Pese a que el Secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, considera a Freddie y Fannie como bien capitalizadas a los niveles actuales, al menos desde el punto de vista regulatorio, hay algunos que han decidido ponerse la venda antes de la herida. Así la Administración Bush, según informaba el WSJ ayer, habría elaborado un plan de contingencia para el caso en que lo inevitable, como tiende a ocurrir, acabe produciéndose. Mientras, ex miembros de la Reserva Federal, como Poole, apuntan ya directamente al corazón del problema al señalar, de forma justificada a mi entender, que ambas sociedades son, en la práctica, insolventes. ¿Qué va a determinar que el estallido se produzca o no finalmente? La evolución del mercado inmobiliario, uno de los elementos, junto con el desapalancamiento, que hay que vigilar para encontrar un punto de inflexión en esta crisis. Pues bien, pese a que algunos columnistas como John Berry de Bloomberg defienden que lo peor ha podido pasar ya, lo cierto es que el número de ejecuciones hipotecarias sube a un ritmo de 70.000 casas al mes mientras que el de impagados crece a un ritmo tres veces y media superior en lo que es ya el peor entorno inmobiliario desde la década de los 30. La cosa no pinta demasiado bien, desde luego. Al menos de momento. Claro que cuando se han tomado tantas medidas y la situación no mejora es precisamente el tiempo el que apremia. No obstante, cuando el estado de sitio es lo que prevalece, cualquier iniciativa se puede tomar para salvaguardar el orden. Y es exactamente lo que va a ocurrir. Nos vamos a divertir. Buen fin de semana a todos.

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